Ernesto Núñez

Cd. de México (27 mayo 2018).- Un hecho nunca visto en la historia política reciente del país marca las elecciones de Puebla: la intención del ex gobernador Rafael Moreno Valle de perpetuarse en el poder a través de su esposa, Martha Érika Alonso.

Ex priista y uno de los discípulos más leales de la maestra Elba Esther Gordillo, Rafael Moreno Valle renunció al PRI en 2005; un año después, apoyó a Felipe Calderón, se afilió al PAN y fue electo senador, y en 2010 se convirtió en el primer gobernador de alternancia en la entidad.

Ganó con más de un millón 100 mil votos (equivalentes al 50 por ciento de la votación total), gracias a una alianza de casi todos los partidos de oposición contra el PRI, defenestrado entonces por los escándalos del "góber precioso" Mario Marín.

Moreno Valle encabezó una administración de claroscuros, que dejó importantes obras de infraestructura, pero que hizo del gasto exagerado en publicidad oficial el sello de la casa.



La construcción de carreteras, puentes, museos, hospitales, escuelas y un estadio; la rehabilitación de zonas históricas y la promoción del turismo corrieron a la par de los abusos de autoridad, el boom en el robo de combustible y un estilo de gobierno cuyos excesos fueron denunciados por el propio PAN, cuyos dirigentes tradicionales fueron las primeras víctimas del "morenovallismo".

A las elecciones de 2016, Moreno Valle llegó con un control casi total de los partidos políticos en la entidad, y con un candidato que emergió de su equipo más cercano: Antonio Gali, ex secretario de Infraestructura, ex alcalde de Puebla y empresario textilero.

Postulado por el PAN, Panal, PT y los dos partidos locales creados por Moreno Valle (Compromiso Por Puebla y Pacto Social de Integración), Gali ganó la gubernatura con amplio margen, pero con 300 mil votos menos de los que obtuvo Moreno Valle en 2010. De hecho, la participación de los poblanos en esos comicios cayó al 44 por ciento, la más baja de la historia.

Blanca Alcalá, candidata del PRI en ese proceso; Abraham Quiroz, candidato de Morena, y Ana Teresa Aranda, ex panista y candidata independiente, denunciaron que Gali sería electo solamente para preparar el terreno para la esposa de Moreno Valle, que en ese momento comenzaba a despuntar como dirigente del panismo local.

Para respaldar a Gali, Moreno Valle colocó a su principal operador político -el ex secretario de Gobernación, Diódoro Carrasco- como secretario general de Gobierno.

La herencia conyugal del poder se valdría, además, de una reforma electoral que estipuló un mini periodo de dos años para el gobernador electo en 2016, y la homologación de calendarios con las elecciones federales a partir de 2018.

En paralelo, Moreno Valle puso sobre el tablero de la política nacional su intención de ser candidato del PAN a la Presidencia en 2018, una carta que jugó desde 2016 y hasta finales de 2017, cuando finalmente cedió ante Ricardo Anaya, con la condición de que su esposa fuera candidata del Frente a la gubernatura poblana.

No se equivocaban los opositores a Moreno Valle. Con la declinación de Moreno Valle en la carrera presidencial, se volvió a poner en marcha la sucesión conyugal.

Arropada por el sistema, Martha Érika Alonso ha hecho una campaña sin la presencia de su esposo, pero acompañada de funcionarios de su administración, como Max Cortázar, su ex vocero y operador con medios nacionales.

La esposa del gobernador ha eludido el debate con sus contrincantes, y el Instituto Electoral de Puebla -bajo control de Moreno Valle, según la oposición-, no ha sido capaz de acordar formatos y fechas para estos encuentros.

El matrimonio Moreno Valle enfrenta una oposición dividida en dos bloques: el priismo que gobernó durante ocho décadas, con el ex rector y ex alcalde Enrique Doger como candidato, y Morena, partido emergente en todo el país que se ha colocado como segunda fuerza política estatal, con el ex perredista Luis Miguel Barbosa como abanderado.

Barbosa, un veterano político que militó en la corriente de Los Chuchos y llegó a presidir el Senado en la actual Legislatura, fue un hombre cercano a Moreno Valle al inicio del sexenio.

Fue, también, un crítico severo de Andrés Manuel López Obrador, a quien en octubre de 2015 aún llamada "populista y simulador".

Pero, en 2017, Barbosa rompió con Los Chuchos, condenó la alianza del PRD con el PAN, renunció a sus 23 años de militancia y se acercó a Morena.

Como hizo en otras entidades, el equipo de López Obrador midió a Barbosa en encuestas y decidió postularlo, dejando en el camino a otros cuadros que buscaban la candidatura, como el economista Enrique Cárdenas (ex director del Centro Espinosa Yglesias) y Abraham Quiroz, quien fue el candidato de Morena en 2016, cuando alcanzó apenas el 9.5 por ciento de los votos, pero colocó al partido de AMLO en el mapa poblano.

Barbosa ha enfrentado la hostilidad de un sector de Morena. En las giras del candidato presidencial por Puebla, han aparecido cartulinas con la leyenda "AMLO sí, Barbosa no", a lo que López Obrador ha respondido pidiendo un voto parejo para evitar que Moreno Valle instale una "monarquía" en la entidad.

Estado con más de 4.5 millones de electores, Puebla es estratégica para los candidatos presidenciales. Ricardo Anaya ha visitado frecuentemente la entidad, ha hecho campaña con Martha Érika Alonso y ha defendido el intento de sucesión conyugal. Confía en que ese estado le dé al menos los 700 mil votos que le dio a Felipe Calderón en 2006 y a Josefina Vázquez Mota en 2012.

López Obrador no se ha quedado atrás. Ha ido tres veces en campaña y tres en precampaña. Las encuestas locales ya colocan a su candidato estatal en segundo lugar, a menos de cinco puntos porcentuales de Alonso.