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Estrenan en cines “La libertad del diablo” un documental sobre violencia en México
Con los rostros cubiertos por máscaras que recuerdan a las usadas por personas que han sufrido quemaduras, Everardo Gonzáles recoge dolorosos testimonios de muerte y violencia causados por la guerra contra el narcotráfico en México
La violencia en nuestro país se ha ido convirtiendo en los últimos años en un asunto de todos los días. Basta abrir cualquier periódico o portal de noticias para enterarnos de la barbarie que se está viviendo a lo largo y ancho de México con ejecuciones, matanzas, balaceras y una larga lista de ataques en los que diariamente mueren cientos de personas.
Pero la violencia no solo afecta a quienes han sido víctimas o se les ha arrancado de tajo a un ser querido, la violencia que se vive en México también es padecida por los perpetradores, aquellas personas con la consigna de matar sin piedad, de cumplir con cometidos impuestos.
El documental dirigido por Everardo González “La libertad del diablo” recoge testimonios de familias, víctimas y victimarios quienes cuentan de viva voz los episodios de violencia que han teñido de rojo la historia de nuestro país.
Cubiertos por máscaras que apenas dejan ver ojos y boca, los entrevistados narran, con la seguridad que brinda el anonimato, los episodios violentos que han vivido, aquellos de los que han sido víctimas, cómplices o perpetradores.
Este trabajo documental representa una de las facetas más crudas de la violencia en México, mostrando en pantalla imágenes del país en el que estamos viviendo, un México en el que la ley imperante es la del más fuerte, un país que luce derrumbado y sin orden alguno.
A lo largo de los 74 minutos que dura la pieza documental escucharemos historias desgarradoras de sicarios y su falsa satisfacción al matar por primera vez, desertores del ejército que cuentan como las Fuerzas Armadas se conducen con vileza, así como de familiares que buscan incansablemente los cadáveres de sus hijos.
El recurso de las máscaras para cubrir los rostros de los entrevistados y entrevistadas fue arriesgado, según cuenta González, ya que borrar el rostro es borrar la identidad, pero gracias a esto quienes brindan su testimonio se sienten liberados de la culpa y la responsabilidad permitiéndoles exponerse sin temor a ser identificados.