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Política
Hace unos días un grupo de rectores de universidades privadas tuvo un inesperado encuentro con el ex gobernador Mario Marín Torres
Foto Agencia Enfoque
La aparente calma y serenidad que quiere vender Ana Isabel Allende Cano, la presidente estatal del PRI, es sólo una cortina de humo, ya que el Partido Revolucionario Institucional cierra el año con una crítica situación, pues a seis meses de las elecciones federales, resulta que los dirigentes del tricolor andan desesperados por la inexistencia de una estructura confiable para enfrentar los comicios. Siendo esa la razón por la cual los jerarcas priistas pidieron el auxilio de un grupo de universidades privadas para crear una organización paralela de apoyo –para promocionar el voto y cuidar casillas– para los distritos de la capital y la zona connurbada.
Hace unos días un grupo de rectores de universidades privadas –que en conjunto reúnen a unos 30 mil alumnos– tuvo un inesperado encuentro con el ex gobernador Mario Marín Torres, quien de manera casual les sugirió que sería un proyecto novedoso que sus instituciones formaran parte de la estructura del PRI, ya que darían una importante innovación al trabajo electoral del tricolor.
Luego de ese encuentro, en el que no se concretó ninguna propuesta específica, hubo una segunda reunión, ahora encabezada por Víctor Gabriel Chedraui, el secretario general del PRI, quien sin andarse por las ramas les manifestó a los rectores:
El principal problema que enfrenta el PRI es que la mayor parte de la estructura del partido –formada por seccionales, sectores y miembros de organizaciones– está desactivada o es controlada por operadores al servicio de los intereses políticos del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas,
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Por tanto, les confesó, la dirigencia no tiene confianza en los cuadros de militantes que tradicionalmente se encargaban de la promoción del voto, de organizar reuniones en las campañas electorales o de ser representantes de casillas.
Una tercera reunión fue con Ana Isabel Allende, quien les reiteró a los rectores el diagnóstico de Víctor Gabriel Chedraui y les propuso sumar, a sus alumnos y maestros, a la estructura del PRI.
Tanto Allende Cano como Gabriel Chedraui les explicaron que la estrategia consistiría en iniciar el trabajo electoral con la estructura tradicional del PRI, para evaluar qué parte si funciona, y cuando se haya rebasado la mitad de las campañas se incorporaría a la organización que pudiera surgir de las universidades privadas y de otros grupos de la sociedad civil.
De esa manera se evitaría que los operadores del gobernador buscaran sabotear la incorporación de nuevos actores a la labor electoral del tricolor.
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Y con una estructura eficiente, les dijeron, el PRI sí tiene posibilidades reales de pelear por todos los distritos de la capital y demarcaciones vecinas a la ciudad de Puebla, como son las de Atlixco, Cholula y San Martín Texmelucan.
Algunos de los asistentes no dudaron en expresar que les gustaría que en las elecciones del próximo 7 de junio se produjera un resultado favorable al PRI, como una manera de generar un contrapeso al gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas.
Pero en general, la mayor parte de los rectores evitaron aceptar la invitación o se abstuvieron de opinar, siendo una forma silenciosa de rechazo, bajo la idea de que esa no es una labor de instituciones de educación superior o que existe temor de las represalias que podrían sufrir de la Secretaría de Educación Pública por órdenes de Moreno Valle.
Otros opinaron que los dirigentes del PRI llegaron tarde a pedir ayuda, ya que una estructura electoral no se crea de la noche a la mañana, y sobre todo cuando no se tiene dinero ni la confianza de que el partido realmente va a salir a las calles a actuar como un auténtica fuerza se oposición.
Así como están las cosas en el PRI, cada vez son más los actores políticos que ven a Ana Isabel Allende como una dirigente que no encuentra una brújula para guiar a su partido.
O que el PRI ya está en una tormenta y la señora Allende apenas anda buscando quien le preste un salvavidas para rescatar el barco tricolor que le tocó dirigir.