La última lección del Dr. Curiel Tejeda
Mi testimonio como alumno y compañero de la función pública ante la inesperada partida de un referente del derecho
En el doctorado que curso en la Escuela Libre de Derecho de Puebla, inicié una nueva materia el 18 de septiembre de 2026, en punto de las 18:00 horas, llamada “Teoría de los Derechos Humanos”. En el correo que recibí de la institución, supe que el Dr. Rubén Alberto Curiel Tejeda sería quien impartiría esa materia.
Rubén Alberto Curiel Tejeda y yo nos conocemos desde hace años; él fue un destacado jurista, académico y servidor público mexicano que se desempeñaba como Coordinador General Jurídico de la Secretaría de Anticorrupción y Buen Gobierno de Puebla, y que previamente fungió como titular de la Fiscalía Especializada de Combate a la Corrupción. Por mi actual encargo en la función pública, fuimos compañeros en esta última etapa de su viaje: él en el poder ejecutivo y yo en el legislativo. El conocer que él sería mi catedrático me llenó de gusto. Me entusiasmó vivir esta experiencia en el aula: él en su faceta de catedrático y yo como su alumno.
Por cuestiones laborales y de otra índole, ese viernes 18 tuve que conectarme en mi computadora para tomar mi clase a distancia, debido a que el sistema del doctorado es híbrido (presencial y a distancia). El Dr. Curiel Tejeda, al iniciar su clase y hacer el acostumbrado pase de lista, se detuvo después de leer mi nombre y me envió un saludo a la distancia, lo que me pareció un buen detalle. Inició la clase con enorme sapiencia del tema, aunque tuvo que interrumpirla en tres ocasiones para tomar llamadas. Por razones del micrófono, los que estábamos a distancia pudimos escuchar parte de las conversaciones, de lo cual deduje que hablaba con su secretario, Alejandro Espidio Reyes. Así pude comprobar que no soy el único que le dice “jefe” al titular del área donde labora. Terminó la clase con una lectura que nos dejó como tarea, la cual nos aplicamos a cumplir.
El sábado fue una buena clase donde abordamos la historia de los “derechos humanos” en México, y pude participar en varias ocasiones. En un comentario al margen, me dijo que le daba gusto que fuera egresado, de la Universidad Iberoamericana (ex-Ibero), debido a que Curiel Tejeda dejó una huella profunda en la comunidad de la Universidad Iberoamericana Puebla, donde se desempeñó como un destacado académico, investigador y Coordinador de la Maestría en Derechos Humanos.
Lamento no haber asistido de manera presencial a mis clases ninguno de los días 18 y 19 de septiembre de este 2026, lo que hago normalmente. De haber asistido, seguramente hubiera podido convivir con él de manera más cercana, sobre todo en ambos recesos; un hecho que lamento en este momento.
Hay un tema que me llamó mucho la atención en su ponencia: ocupamos algunos momentos para comentar el “derecho a vivir con dignidad” y cómo, cuando no ocurre esto, se debe respetar la decisión de cada uno de no seguir viviendo.
Quien iba a decir que, apenas unos días después de aquellas jornadas académicas, esa misma reflexión sobre los límites de la existencia y la dignidad humana se transformaría en una desgarradora realidad. La noche del pasado jueves 24 de septiembre, tras asistir a un acto oficial y regresar a las oficinas gubernamentales, el Dr. Rubén Alberto Curiel Tejeda tomó una decisión definitiva y trágica de desvivirse. Su cuerpo fue localizado la mañana del viernes 25 de septiembre, cerca de las 10:00 horas, al interior de su vehículo en el sótano 3 del Centro Integral de Servicios (CIS) de Angelópolis.
Hasta el momento, los primeros indicios de la Fiscalía General del Estado de Puebla, respaldados por las dolorosas confirmaciones de su propia familia y las declaraciones del gobernador Alejandro Armenta, apuntan a una muerte autoinfligida por una herida de bala. Aunque las indagatorias siguen su curso para agotar cualquier línea de investigación, el vacío que deja en la academia y en el servicio público poblano es inconmensurable. Nos queda el recuerdo de su enorme sapiencia jurídica y el eco de un debate pendiente que, trágicamente, él cerró bajo sus propios términos.
Descanse en paz.
