La promesa populista de Trump
Durante años, la derecha estadounidense y sus aliados internacionales han criticado con dureza las transferencias directas de dinero a la población, calificándolas de populistas, irresponsables y generadoras de dependencia. Medidas como los cheques de estímulo de la era Biden o los programas sociales de gobiernos de izquierda fueron denunciadas como “pan y circo” que distorsionan la economía y agravan la deuda pública. Sin embargo, el presidente Donald Trump ha recurrido precisamente a esa fórmula en un momento crítico: ofreció un “dividendo Trump” de 5.000 dólares a cada ciudadano adulto si los republicanos retienen el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones intermedias de noviembre de 2026.
El anuncio se produjo el 9 de septiembre de 2026 durante la convención republicana de mitad de mandato en Dallas. Trump afirmó: “Si los republicanos ganan la Cámara de Representantes y el Senado de Estados Unidos… emitiré un dividendo a cada ciudadano adulto de 5.000 dólares”. Condicionó el pago a que el dinero se gaste dentro del país y lo justificó por el “tremendo éxito económico” y los ingresos de aranceles. La propuesta, que afectaría a unos 240-270 millones de adultos, costaría entre 1,2 y 1,3 billones de dólares, una cifra superior a los estímulos combinados de la pandemia y comparable al gasto anual en Medicare o defensa.
Cualquier intento de concretarla requiere el visto bueno del Congreso. La Constitución otorga al Legislativo la autoridad sobre el gasto público; el presidente no puede ordenar unilateralmente un desembolso de esa magnitud. Algunos republicanos, como el senador Bernie Moreno de Ohio, prometieron presentar un proyecto de ley tras las elecciones, pero la viabilidad es dudosa. Los ingresos por aranceles (alrededor de 284.000 millones de dólares en un periodo reciente) quedan muy por debajo del costo total. El vicepresidente JD Vance intentó matizar la oferta, sugiriendo que no llegaría a los ricos y que se financiaría con tarifas, pero las cifras no cuadran. Además, expertos advierten de riesgos de inflación adicional en un contexto de deuda nacional superior a 40 billones de dólares.
Esta promesa no surge de una posición de fuerza, sino de la desesperación. Trump enfrenta mínimos históricos de aprobación: encuestas recientes lo sitúan entre el 31% y el 37%, con desaprobación superior al 60%, los peores niveles de su carrera política y de cualquier presidente en vísperas de intermedias en décadas. Los republicanos aparecen claramente rezagados en la boleta genérica y en las proyecciones para ambas cámaras. Ante la perspectiva casi segura de perder el control del Congreso, el presidente recurre a una medida que su propio bando siempre tachó de populista. Lo que antes era “socialismo” cuando lo proponían otros, ahora se presenta como “dividendo” empresarial. El contraste revela más sobre la debilidad electoral de Trump que sobre una coherencia ideológica.
