Opinión

Gutierre de Cetina, poesía renacentista y destino poblano

Abel Pérez Rojas
Abel Pérez Rojas

Poeta, comunicador y gestor de espacios de educación. Estudió Derecho (BUAP), Maestría en Formación Permanente y Doctorado en Educación. Ha impartido conferencias y cursos de posgrado en instituciones públicas y privadas. Su obra poética consta de cinco poemarios. Es fundador de Sabersinfin.com.

En el recuento poético que inicié meses atrás con motivo de los quinientos años de la fundación de la ciudad de Puebla, no puede faltar la presencia del sevillano Gutierre de Cetina (1520-1554), quien vivió durante la primera mitad del siglo XVI y cuyos últimos años quedaron vinculados con la Nueva España y, especialmente, con Puebla de los Ángeles.

Cetina no nació en Puebla ni desarrolló aquí la mayor parte de su obra; tampoco se conocen poemas suyos dedicados expresamente a la ciudad. Sin embargo, su estancia y el violento episodio que sufrió en una calle poblana lo incorporaron tempranamente a la historia cultural de la Angelópolis.

Gutierre de Cetina fue uno de los representantes más importantes de la poesía renacentista española y uno de los primeros autores que cultivaron con maestría el madrigal en castellano. Esta composición lírica breve, generalmente amorosa, combina versos heptasílabos y endecasílabos con una distribución flexible de las rimas.

Cetina perteneció a la generación poética que consolidó la renovación iniciada en España por Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. Sus principales influencias fueron Francesco Petrarca, Garcilaso y Ausiàs March, aunque durante su estancia en Italia también conoció la obra de autores como Pietro Bembo, Ludovico Ariosto y Luigi Tansillo. De ellos aprendió una manera distinta de expresar el amor: contenida y musical, pero al mismo tiempo atravesada por la ausencia, el desengaño, la contemplación de la belleza y el sufrimiento provocado por un sentimiento no correspondido.

Como otros escritores de su época, Cetina fue un poeta soldado. Sirvió en los ejércitos del emperador Carlos V y participó en campañas desarrolladas en el norte de África, Italia y territorios europeos. La disciplina militar convivió en él con una sólida formación humanista. Mientras recorría campos de batalla y cortes, escribía sonetos, canciones, madrigales, epístolas y otras composiciones inspiradas en las formas italianas.

El madrigal más famoso de Cetina es Ojos claros, serenos, dedicado muy probablemente a Laura Gonzaga.

Aquí, Ojos claros, serenos:  

Ojos claros, serenos, 

si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

La sencillez de este madrigal va a la par de su exquisita belleza; dicha composición continúa apareciendo en antologías y libros escolares, y sigue siendo leído como una de las expresiones amorosas más logradas de la lengua castellana.

Su producción fue mucho más amplia. Se le atribuyen más de doscientos sonetos, además de madrigales, canciones, epístolas, odas y sextinas. También escribió obras teatrales que no se conservaron, entre ellas una titulada Comedia de la Bondad Divina (1546). Gran parte de su poesía circuló manuscrita y no fue reunida en un libro publicado durante su vida, circunstancia que ocasionó problemas de atribución y dejó zonas oscuras en su biografía.

La circulación de su poesía por la Nueva España está confirmada por Flores de varia poesía, cancionero reunido en México en 1577, en el cual fueron incluidos numerosos textos de Cetina: setenta y un sonetos, dos madrigales, tres octavas y otras composiciones. Sus poemas formaron parte del horizonte literario dentro del cual comenzarían a escribir los autores novohispanos.

El episodio que unió definitivamente su nombre con Puebla ocurrió la noche del 1 de abril de 1554. Cetina se encontraba con su amigo Francisco de Peralta cuando fue atacado por Hernando de Nava y Gonzalo Galeote. El proceso judicial seguido en Puebla y en la Audiencia de México permite saber que recibió dos heridas de arma blanca. De acuerdo con una de las interpretaciones del expediente, Hernando de Nava lo confundió con Peralta, quien era su rival en los afectos de Leonor de Osma.

Gutierre de Cetina ocupa un lugar singular en la historia poética de Puebla. No fue un poeta poblano por nacimiento, pero la ciudad quedó inscrita en su biografía. Cronológicamente, su presencia antecede a Gaspar Pérez de Villagrá, nacido en Puebla hacia 1555, y a Matías de Bocanegra, figura destacada del siglo XVII.

Como se puede ver, la poesía poblana no está formado únicamente por quienes nacieron en esta tierra, sino también por quienes la habitaron, transitaron por ella o encontraron aquí el desenlace de su existencia. Cetina llegó desde Sevilla con la experiencia de las armas, el conocimiento de la poesía italiana y una voz ya destacada. Puebla lo recibió en los comienzos de su vida novohispana y conservó su nombre unido a una historia en torno a su deceso.

Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoetaPrincipio del formulario