Opinión

El programa de vivienda en Izúcar de Matamoros: avance de la justicia social

Melitón Lozano Pérez
Melitón Lozano Pérez

Es un destacado profesional mexicano con una sólida trayectoria en el ámbito educativo, académico, social y político, caracterizada por su compromiso con el derecho a la educación y el desarrollo comunitario.

El Programa de Vivienda para el Bienestar, impulsado a través de la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI), llega hoy al estado de Puebla y se despliega en diversos municipios, entre ellos Izúcar de Matamoros, donde se han destinado 300 acciones de vivienda. Con reglas de operación claras y ejecutadas de forma directa por personal de la federación —sin mediaciones locales ni favoritismos que vicien el proceso—, esta iniciativa abre un camino de justicia social y transparencia donde antes imperaba el sesgo clientelar.

Más que una edificación de muros y techos, este programa encarna la materialización viva del Humanismo Mexicano que sustenta el segundo piso de la Cuarta Transformación, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum en coordinación con el gobernador Alejandro Armenta. Frente a las décadas en que el modelo neoliberal del PRIAN concibió la vivienda como una simple mercancía o un privilegio reservado para unos cuantos, hoy se afirma como un derecho humano inalienable. Ciertamente, ante el rezago histórico, las acciones resultan aún insuficientes; sin embargo, representan la certeza de que una política orientada a reparar la exclusión histórica no solo es éticamente necesaria, sino del todo posible.

Hay personas que hacen fila desde las 3:00 de la madrugada, otras acampan desde un día antes. Formarse a esas horas para alcanzar una ficha del Programa de Vivienda para el Bienestar (CONAVI) no es solo un trámite administrativo; es la manifestación concreta de la esperanza y confianza en el programa impulsado por nuestra presidenta, darse cuenta que las cosas están cambiando auténticamente y que la realidad, por más dura que haya sido, no es un destino irrevocable. Cada persona que aguarda con paciencia en la fila, cuidando con celo fraterno su lugar para que la justicia no se desvíe y las viviendas se otorguen a quien verdaderamente lo necesita, son muestra clara de un pueblo consciente y organizado.

Ver hecho realidad este programa es constatar que la transformación no es una promesa, sino una palabra cumplida de la presidenta que irrumpe para modificar la existencia cotidiana de quienes menos tienen. Para las familias beneficiadas, la casa propia significará la diferencia entre la incertidumbre permanente y la tranquilidad de un techo seguro. La disputa ideológica entre la derecha conservadora y el proyecto de la Cuarta Transformación se resuelve precisamente aquí: no en los discursos retóricos, sino en el abrazo entre la justicia social y el bienestar de los desposeídos. Por esa promesa cumplida y por el derecho a soñar un país distinto, vale la pena mantener viva la lucha por la transformación de nuestra patria. Que el amor se siga traduciendo en pública, y la política pública en derechos que le corresponden al pueblo. 

¡Por el bien de todos, primero los pobres!