En Puebla, como en otras partes del país, hay polític@s que entienden la diferencia entre una curul y un celular. Y hay otr@s que confunden los escenarios legislativos con un estudio de TikTok y las diputadas Nay Salvatori y Grace Palomares parece que tienen esa creencia.
La presente semana ha sido cruda para ambas legisladoras. Sus nombres ocupan titulares mediáticos y redes sociales, pero no para destacar una iniciativa o un debate parlamentario. Mucho menos con una propuesta para resolver problemas de Puebla. Ellas están en la polémica por un video en donde se burlan de los adultos mayores, ah y de sus contemporáneos.
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La ociosidad tiene un costo alto. Hacer contenido para redes sociales en vez de legislar podría costarles muy caro. ¡Vamos, hasta la propia presidenta Claudia Sheinbaum condenó el episodio de las poblanas! Morena Puebla ya se deslindó de ellas. La dirigencia nacional ya abrió un procedimiento interno y la líder Ariadna Montiel dijo que deberían sancionarlas. Lo que ambas diputadas hicieron no fue un chiste, fue una demostración de frivolidad y cuando la frivolidad ocupa una curul, deja de ser anecdótica para convertirse en un asunto público.
Lo preocupante no es solamente el video podcast. Lo preocupante es el historial. El desempeño las legisladoras ha sido noticia más por las polémicas que por su trabajo parlamentario.
Mientras Puebla enfrenta problemas de inseguridad, escasez de agua, movilidad, desarrollo económico y desigualdad, ellas parecen convencidas de que los algoritmos les generan mejores resultados que las iniciativas. Pero los "likes" no aprueban leyes, los seguidores no dictaminan reformas y las vistas en redes sociales no sustituyen el trabajo legislativo.
Diversos reportes periodísticos y datos del Congreso del Estado dan cuenta de sus inasistencias a sesiones y comisiones. Aun así, perciben recursos públicos, sus dietas.
Primero vino la burla durante su video podcast con calificativos de “huelen a baúl”, “están pudriéndose” “Ya aletean”. Hablaban de otras personas. Después llegó la explicación y justificación. Luego culparon a quienes "malinterpretaron" sus palabras, hasta la oposición salió a relucir. Y cuando comenzaron a calcular el costo político, solo así aparecieron las disculpas. Vaya curiosa forma de entender lo que habían hecho.
En política, pedir perdón después de que el partido llama la atención no siempre habla de arrepentimiento. En realidad, revela un cálculo y contención de daños.
La Cuarta Transformación nació prometiendo erradicar la política de privilegios, simulación y soberbia. Y su bandera fueron las personas de la tercera edad a quienes les devolvieron dignidad no solo económica, sino los pusieron en el centro; pero a las citadas morenistas se les olvidó.
Por eso Morena tiene hoy una oportunidad. No de proteger a nadie sino de demostrar que sus principios pesan más que sus figuras públicas. La verdadera lealtad y compromiso no consiste en aplaudir los errores, sino en corregirlos.
Y si un partido como Morena dice que no son iguales a los otros y presume autoridad moral, debe empezar por aplicársela a sí mismo.
A las y los políticos les debe quedar claro que representar al pueblo no es producir contenido para plataformas digitales y redes sociales para monetizar, sino que deben producir resultados para las y los ciudadanos. Todo lo demás, aunque sean influencers... solo dura lo que tarda una tendencia en redes sociales.
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