Creen que por su estatus de ‘legisladoras’ tienen derecho de ofender a los hombres adultos y adultos mayores que para ellas son ‘malolientes’
¡Viva nuestras diputadas! Se creen “chistosas” pero son un simple chiste en esta vida; suelen decirle “sí” a las cosas fáciles de este mundo porque ellas son así: “facilitas”, “facilonas” y bastante superficiales. Son huecas y vacías. Basta ver su trayectoria para entenderlas.
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Estas dos legisladoras creen que por su fuero son intocables, pero son nada; se sienten “empoderadas”, pero un cacahuate tiene más valor que ellas juntas. Son vasijas sin fondo que se rompen con suma facilidad. No entienden que también ellas son desechables.
Han recorrido caminos extraños, oscuros, tenebrosos; han agarrado de todo en la vida, incluso lo que está en la entrepierna de los poderosos. Por algo están donde están.
Las políticas y periodistas de los viejos tiempos decían que algunas de sus compañeras pasaban obligadamente por el “camino blanco”, por aquello de las sábanas de los hoteles -o de los moteles-, en el peor de los casos.
Pero eso también les divierte, eso también se les hace “chistoso”; dormir en los brazos de los que “huelen a baúl”, de los que “se están pudriendo”, de esos que tienen 60 o más y que les han facilitado las cosas en su lamentable y triste existencia.
Son diputadas no tanto por lo que aportan a la sociedad o por ocupar una curul, sino por lo que han entregado en la vida, que ha sido todo: todo su ser, toda su alma, todo su cuerpo.
Eso les divierte. Aprovechar su estatus de “legisladoras” cree darles el derecho de ofender a los adultos y a los adultos mayores que para ellas ya son “inservibles”, que se pueden morir en sus brazos en un acto de pasión terrenal, de un triste y lamentable coito de poder.
Estas dos diputadas se divierten “a lo grande” con la conductora de televisión que anda en la misma sintonía; se burlan de los olores, de los sabores, de los aromas, de la pestilencia de los hombres que rebasan los 45 años.
Dicen que forman parte de un gobierno “humanista”, dicen que “transforman” desde el partido que las encumbró, lo cierto es que viven de su cada vez menos atractivo currículum por el cual han progresado en la política y por lo que han cobrado muy bien durante años. Eso si es pestilencia, y de la buena.
¡Qué fácil es echar abajo lo logrado en materia de equidad de género cuando el género no es el suyo, cuando se trata del otro sexo, cuando se habla de varones ¿Seremos un género inservible para la 4T? Ni dudarlo.
Estas divertidas, vacías y huecas diputadas de fino olfato gozan de todo en su zona del poder: encumbradas desde lo más alto deciden qué adulto mayor huele feo, qué masculino es pestilente, quién merece estar guardado en el baúl por tener aromas desagradables, por “no aguantar” en la cama. Ellas lo dicen claramente en su programa.
Y lo peor de todo, para justificar su atrofia mental aparecen ahora en las diferentes redes sociales, con sus pequeños hijos en brazos, para justificar su lamentable parodia política que insultó a los adultos mayores de este país, a esos que les dieron el voto.
Lo único que nos queda al sexo masculino es aplaudir a rabiar por sus chistes de carpa barata, soltar una carcajada al verlas pasar y hacer una reverencia para decirles: ¡Tu buen trabajado currículum te ha hecho merecedora de todas las gracias que te adornan!
¡Viva la Cuarta Transformación, de pésimo olfato!
@elmerando
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