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OPINIÓN

Reflexiones sobre el mundo musulmán

Dificultades en la percepción mutua entre musulmanes y Occidente a menudo se basan en estereotipos

Herminio Sánchez de la Barquera

Originario de Puebla de los Ángeles, estudió Ciencia Política, música, historia y musicología en Núremberg, Leipzig, Essen y Heidelberg (Alemania). Es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Heidelberg.

Domingo, Mayo 24, 2026

Digamos, para comenzar, que el islam es la religión fundada por Mahoma en el siglo VII d.C., mientras que los musulmanes son sus seguidores. El islam es el sistema de creencias con sus enseñanzas y normas; los musulmanes son quienes lo practican y viven activamente.

Las relaciones culturales, políticas, sociales, comerciales, económicas y religiosas entre las naciones occidentales cristianas y el mundo musulmán han sido históricamente muy complejas y difíciles. Estas relaciones no solamente surgieron por la vecindad geográfica —por ejemplo, los árabes conquistaron y poseyeron durante varios siglos extensos territorios del sur europeo—, sino también por los choques ideológicos de nuestro mundo globalizado, por lo que incluso cuando no hay vecindad geográfica ambas culturas chocan y se combaten mutuamente.

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Ciertamente, en América Latina nuestra vida cotidiana no tiene mucho contacto con el mundo islámico, pero eso no quiere decir que dicha región sea inmune a las consecuencias de los conflictos entre países musulmanes y países occidentales —que en la actualidad ya cuesta trabajo denominar “cristianos”—.

Las dificultades que las naciones musulmanas y las no musulmanas tienen hasta nuestros días para entenderse mutuamente datan prácticamente de los orígenes de la religión islámica. Sin embargo, hay que señalar que en el mundo académico y científico encontramos desde hace ya varias décadas esfuerzos notorios para entender “al otro” de mejor manera; para tender puentes que acerquen a ambos mundos y les permitan aceptarse mutuamente.

En Europa, por ejemplo, desde hace tiempo se realizan investigaciones muy ambiciosas para comprender cómo el mundo musulmán influyó en las culturas medievales a partir de centros culturales importantísimos del islam como lo fueron los territorios ocupados en la península ibérica, Sicilia y el Medio Oriente.

Curiosamente, si bien la Edad Media (ca. 500-1500) es considerada la cuna de la Europa actual, su importancia es quizá aún mayor para el mundo musulmán. Recordemos simplemente que la cultura musulmana de esa época era muy superior a la que florecía en Europa. Incluso Juan VIII (papa del 872 al 882) pagaba tributos a los sarracenos.

El gran sabio Gerbert de Aurillac, quien ascendería al trono de San Pedro como Silvestre II (999-1003), fue el primero en Europa en emplear los llamados “números arábigos”, después de haber estudiado matemáticas y astronomía con un maestro árabe en Córdoba, según reza la leyenda.

Incluso sabemos que el famoso Federico II de Hohenstaufen, rey de Sicilia —quien, por cierto, era nombrado “Anbarur” (emperador) en las fuentes árabes—, mandó interrogar a sabios musulmanes hacia el año 1240 en torno a la creación del mundo, la eternidad y las categorías de Aristóteles. Podemos decir que este monarca era, culturalmente, islámico.

No solamente la recepción de los sabios griegos antiguos en la filosofía y en la teología occidentales fue posibilitada por la influencia cultural árabe, sino que también la poesía cortesana —que dio origen a la cultura de los trovadores y troveros— tiene raíces musulmanas. Lo mismo podemos decir de la expansión de las matemáticas y el álgebra desde el mundo islámico hacia el occidente, el uso de muchos instrumentos musicales de todo tipo e ideas medievales que tienen su origen en las culturas provenientes del islam, como el “jardín medieval” (hortus conclusus), firmemente anclado en la tradición islámica.

Es interesante observar cómo, en la Edad Media, los europeos eran conscientes de la superioridad cultural del mundo islámico, pero estaban a la vez convencidos de que la religión cristiana era la verdadera y que se mantenía íntegra en Europa. De manera equivocada, se atribuía a los musulmanes el ser libertinos y salvajes, o que acabó por “demonizar” a todo lo que tuviera que ver con el islam. En esto contribuyó mucho el ideal de las cruzadas, pues era una forma de arremeter contra ese mundo incomprendido.

Lo curioso es que el contacto directo “in situ” con las manifestaciones culturales de los pueblos musulmanes —desde la guerra hasta la comida— convenció a muchos de que las cosas no podían ser clasificadas simplemente como en blanco y negro.

En nuestros días, parece que los pueblos y gobiernos occidentales no entienden bien la forma de pensar —o, mejor dicho: las formas de pensar— de las naciones islámicas. Pero también podemos afirmar lo mismo de estas últimas, por lo que la distancia entre ambos mundos es considerable.

Solo que, a diferencia de la Edad Media, ahora son las naciones musulmanas las que se encuentran a la defensiva. Los sabios en las naciones musulmanas —pensemos en las universidades, por ejemplo— se preguntan con razón por qué el Occidente ha olvidado que el mundo actual sería impensable sin la fuerza creativa y protectora de las culturas provenientes del islam, particularmente en las ciencias, las artes y la cultura.

Estos sabios bien podrían preguntarnos por qué en Occidente no hay monumentos a personajes que han sido esenciales para la formación de las culturas no solamente medievales, sino de nuestros días, como, por mencionar unos cuantos ejemplos:

Al-Jwarizmi (c. 780 - c. 850): Matemático y astrónomo, es el "padre del álgebra". Introductor del sistema de numeración decimal y del cero en Occidente. Su obra dio origen a la palabra algoritmo.

Al-Kindi (801 - 873): Llamado "el filósofo de los árabes". Fue una figura enciclopédica que introdujo el pensamiento de Aristóteles en el mundo islámico y realizó aportes fundamentales en óptica, medicina y criptografía.

Al-Biruni (973 - 1048): Genio universal. Calculó el radio de la Tierra con una precisión asombrosa mediante trigonometría. Además, estudió física, geología, historia y escribió tratados sobre la India clásica.

Ibn Sina / Avicena (980 - 1037): El "príncipe de los médicos". Escribió el Canon de medicina, una enciclopedia que fue texto de referencia en las universidades europeas durante siglos. Fue también un destacado filósofo y científico.

¿Y qué decir de Averroes (1126-1198), el eminente sabio cordobés? ¿Y del asombroso polímata persa Algazel (1057-1111)?

Las dificultades en la percepción mutua entre musulmanes y Occidente a menudo se basan en estereotipos, imágenes distorsionadas y falta de voluntad de diálogo. Mientras que el Occidente frecuentemente percibe al islam como una amenaza monolítica para los valores democráticos (por cierto, cada vez más escasos en el Occidente mismo), muchos musulmanes ven el secularismo occidental con espíritu crítico y desconfianza, interpretándolo como una marcada decadencia moral.

Podemos resumir los problemas en la percepción occidental del islam en los siguientes puntos:

1) Homogeneización: En la esfera pública occidental, el islam suele percibirse erróneamente como un bloque sin diferenciaciones internas cuya religión y cultura son incompatibles con los derechos humanos promovidos por los pueblos occidentales.
2) Enfoque en la seguridad: La cobertura mediática del terrorismo islamista domina la opinión pública con imágenes de violencia, opresión de las mujeres y atraso. La gran heterogeneidad de las realidades vividas por los musulmanes en su vida cotidiana y en la percepción del mundo suele ignorarse.
3) Racismo antimusulmán: La islamofobia se manifiesta cada vez más como un problema estructural en la Unión Europea y en los Estados Unidos. Datos de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea muestran que la discriminación y el racismo frente a los musulmanes están cada vez más generalizados en las sociedades europeas.

En lo que atañe a la percepción musulmana de Occidente, encontramos las siguientes características:

1) Crítica cultural: Occidente a menudo no se percibe como un espacio diverso, sino como una entidad decadente, irreligiosa e imperialista por igual. Las libertades individuales a veces se interpretan como una pérdida de moralidad y de los valores de la familia.

2) Experiencia de exclusión: Muchos musulmanes sienten que no se les reconoce como iguales en la sociedad occidental debido a la islamofobia, la estigmatización y las barreras estructurales (por ejemplo, en el mercado laboral y de la vivienda).

3) Doble rasero político: En el mundo islámico, la política exterior occidental —especialmente las intervenciones militares en Oriente Medio— suele percibirse como hostil e hipócrita.

Lo anterior nos muestra que el resentimiento y la incomprensión en ambos lados suele estar alimentado por el miedo, la ignorancia, la falta de autocrítica y los prejuicios históricamente arraigados que se remontan, en algunos casos, a los tiempos de la expansión musulmana, a la época de las cruzadas, a las experiencias frente al Imperio Turco Otomano y a la época colonial, por mencionar algunos puntos.

Para derribar estas narrativas sociales, culturales y políticas profundamente arraigadas, es necesario buscar y privilegiar un diálogo sincero en igualdad de condiciones y la visibilidad de la diversidad cotidiana en ambos mundos. Esto, por supuesto, supone voluntad, tiempo y esfuerzo, además de que debemos ser conscientes de que hay que privilegiar los elementos que nos acercan, en lugar de subrayar aquellos que nos separan.

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