Miércoles, 3 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Soberanía contra sufrimiento

Ideas que desafían la visión sobre la crisis en Venezuela

Carlos Anaya Moreno

CEO de Geo Enlace, empresa de Internet de las cosas desde el año de 2010; y fundador de la Unión de Servicios Solidarios-Banco de Tiempo (2018). Se desempeñó como director General del Registro Nacional de Población de 2004 a 2010. Actualmente, es cofundador de metododelcaso.org y miembro de “Laicos en la Vida Pública”.  

Sábado, Enero 10, 2026

Pocas discusiones polarizan tanto como la intervención internacional. El caso de Venezuela ha reactivado este debate, dividiendo opiniones y obligándonos a cuestionar principios que creíamos sólidos. La conversación suele simplificarse en un binario de "a favor" o "en contra", pero la realidad es un terreno mucho más complejo, lleno de tensiones éticas, legales y, sobre todo, profundamente humanas.

Para ir más allá de las consignas, hemos sintetizado cinco reflexiones incómodas, extraídas del análisis de juristas, académicos y, sobre todo, de las propias víctimas. Son ideas que nos obligan a confrontar las verdaderas tensiones morales en juego.

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La soberanía no es un cheque en blanco para los gobiernos

La idea más repetida en contra de cualquier intervención es el respeto a la soberanía. Sin embargo, el abogado brasileño especialista en Derecho Internacional, Felipe Hasson, nos obliga a cuestionar esta noción. Su argumento central es que la soberanía no es un fin en sí misma, sino un instrumento diseñado para proteger a la población.

Cuando un régimen utiliza la soberanía como un escudo para oprimir a su propio pueblo —provocando hambre, persecución y un exilio masivo—, pierde la legitimidad moral para invocarla. En ese momento, la soberanía deja de ser un principio protector para convertirse en una coartada.

Se invoca la "soberanía", la "no intervención" y el "orden jurídico internacional" como si estos conceptos existieran para proteger a los gobiernos, y no a las personas. Como si la soberanía estatal fuera un escudo moral absoluto, capaz de justificar el hambre, la persecución, la tortura, el exilio masivo y la supresión completa de la voluntad popular. No lo es.

Una paz verdadera no es solo la ausencia de guerra, "sino obra de la justicia"

Pero si la soberanía no es un cheque en blanco, ¿significa que la intervención es la única salida? No tan rápido. Analizando el dilema a través del lente de la Doctrina Social de la Iglesia, nos obliga a confrontar el otro lado del dilema: el inmenso peligro de sacrificar el orden legal internacional.

Este orden, articulado en la Carta de las Naciones Unidas, nació precisamente de la experiencia devastadora de las guerras del siglo XX con el fin de "preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra". Desmantelarlo a la ligera es un riesgo monumental. De hecho, esta tensión es tan central que la comunidad internacional intentó codificarla en la doctrina de la "Responsabilidad de Proteger" (R2P), que sostiene que la soberanía implica la responsabilidad de proteger a la propia población.

El Concilio Vaticano II ofrece una definición clave que captura esta tensión: "La paz no es la mera ausencia de guerra, ni se reduce al equilibrio de fuerzas adversas, sino que es obra de la justicia". Esto crea un dilema estructural: ¿cómo buscar la justicia para un pueblo oprimido sin romper el orden legal que previene males mayores? La advertencia de San Juan Pablo II es brutalmente clara.

“...una justicia sin reglas se convierte fácilmente en violencia, y una legalidad sin referencia a la justicia degenera en opresión.”

Los "intereses ocultos" no invalidan necesariamente la legitimidad de ayudar

Una vez que navegamos la tensión entre soberanía y justicia, surge una objeción más pragmática: los "intereses ocultos". Es el argumento recurrente de que cualquier intervención estaría motivada por el petróleo o la geopolítica, no por un genuino afán humanitario. Felipe Hasson ataca frontalmente esta idea.

Su contraargumento es simple pero potente: aunque existan intereses estratégicos, estos no anulan la legitimidad moral de una intervención si esta responde a una demanda real del pueblo oprimido y pone fin a su sufrimiento. El criterio central no es la pureza de las motivaciones externas, sino la realidad vivida por las víctimas. Cuando un gobierno ataca sistemáticamente a su gente, pierde toda autoridad moral para cuestionar los motivos de quien decide intervenir.

El paralelo histórico es inevitable. Si en la Europa de los años 1940 las potencias hubieran decidido no liberar los campos de concentración para respetar la soberanía alemana, hoy esa omisión sería recordada como complicidad.

Quien no ha vivido una dictadura, no debería dar lecciones sobre ella

La discusión suele centrarse en conceptos abstractos, olvidando la perspectiva más importante: la de las víctimas. El investigador venezolano en el exilio, Rixio Portillo cambia el enfoque y nos recuerda una verdad humana fundamental: es inadmisible y hasta cruel dar lecciones de derecho internacional a quienes han sufrido la violación sistemática de sus derechos, precisamente por la inacción de esa misma comunidad internacional.

El sufrimiento es una experiencia que, aunque se puede compartir por empatía, es radicalmente intransferible. Quien no ha vivido la asfixia de una dictadura, la escasez, la persecución y el exilio, puede leer sobre ello, pero no puede comprender su peso real. La reflexión del filósofo Edgar Morin, citada por Portillo, lo resume a la perfección.

“Se puede compartir y vivir por empatía la alegría y el dolor del otro, pero la alegría y el sufrimiento, aunque compartibles, son intransferibles”.

Ante el Sufrimiento Ajeno, el Respeto a Veces Exige Silencio

Derivado del punto anterior, Rixio Portillo hace un llamado final al respeto y la solidaridad. Los venezolanos, tanto dentro como fuera de su país, sufren una constante "revictimización" cuando son juzgados, cuestionados o utilizados como peones en un tablero ideológico ajeno.

Portillo traza un paralelismo con movimientos como #MeToo, donde el principio fundamental es creerle a la víctima. Critica duramente la actitud de gritarle al pueblo venezolano: "Yo no te creo", como si su tragedia fuera una invención. Su conclusión es una lección de humildad y decencia humana: si uno no es capaz de empatizar con la víctima, si no puede ofrecer una solidaridad sincera, lo mínimo moralmente correcto es guardar un respetuoso silencio.

La paz verdadera no se impone desde fuera, se construye artesanalmente.

Cualquier solución a largo plazo, especialmente en "el día después", debe tener un principio rector inquebrantable. El instituto INSPyRE lo define en pilares concretos para Venezuela: la centralidad de la dignidad humana y la participación activa del propio pueblo venezolano. La Doctrina Social de la Iglesia, citando al Papa Francisco, introduce el concepto que enmarca esta necesidad: la paz es un "proceso artesanal".

Una paz duradera no puede ser impuesta por actores externos ni reducirse a una mera administración de recursos. Requiere justicia para las víctimas, reparación del daño y la reconstrucción de instituciones inclusivas. Solo será sostenible si se funda en la verdad y se orienta al desarrollo humano integral, advirtiendo siempre contra los riesgos de una "administración externa" que ignore la capacidad del pueblo venezolano para ser protagonista de su propio futuro.

Más allá de las banderas, la dignidad humana

Como vemos, no hay respuestas fáciles. La crisis venezolana nos confronta con un choque brutal entre el derecho a la no intervención, la exigencia de justicia y el sufrimiento tangible de millones de personas. La discusión es un laberinto de principios en conflicto donde cada camino parece moralmente ambiguo.

Pero quizás, más allá de los debates legales e ideológicos, el verdadero norte debe ser siempre la dignidad humana. Las leyes y los conceptos existen para servir a las personas, no al revés. La pregunta final, la que de verdad importa, resuena con fuerza y nos interpela a todos:

Cuando el orden diseñado para proteger la paz se convierte en un escudo para la opresión, ¿qué nos exige realmente la justicia y, sobre todo, nuestra propia humanidad?

Entre la ley y la humanidad

Estas ideas no resuelven el dilema de Venezuela, pero sí lo hacen más honesto y complejo. Nos deja suspendidos en una tensión fundamental: por un lado, un orden internacional diseñado para prevenir la guerra; por otro, el imperativo moral de detener las atrocidades que un Estado comete contra su propia gente. Ambas opciones conllevan riesgos catastróficos, recordando lo dicho por el Papa Francisco que, en última instancia, "la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad".

Apenas a la mañana siguiente de la intervención, el 4 de enero de 2026 el Papa León XIV se refirió con estas palabras a la situación de Venezuela:

“El bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando para construir juntos un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica.”

La pregunta final, entonces, no es simplemente si intervenir, sino cómo actuar. ¿Cómo honrar el dolor intransferible de las víctimas sin imponer una paz que no les pertenezca, evitando que el remedio se convierta, una vez más, en otro fracaso de la humanidad?

Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:

Referencias
Felipe Hasson. (2026 enero 8) Ningún gobierno tiene derecho de destruir a su propio pueblo en paz- DETONA® Ningún gobierno tiene derecho de destruir a su propio pueblo en paz
Consejo Pontificio Justicia y Paz. (2004). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Libreria Editrice Vaticana. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
Naciones Unidas. (1945). Carta de las Naciones UnidasCarta de las Naciones Unidas (texto completo) | Naciones Unidas
Naciones Unidas. (1962). Soberanía permanente sobre los recursos naturales (Resolución 1803 (XVII) de la Asamblea General). nr019265.pdf
Naciones Unidas. (2005). Documento final de la Cumbre Mundial 2005n0548760.pdf
Concilio Vaticano II. (1965). Gaudium et spes. Libreria Editrice Vaticana. Gaudium et spes
Juan Pablo II. (1991). Centesimus annus. Libreria Editrice Vaticana. Centesimus Annus (1 de mayo de 1991)
Rixio Portillo. (2026 enero 9) Los venezolanos exigen respeto. Vida Nueva Digital. España. Los venezolanos exigen respeto | Blog de Vida Nueva
MORIN, EDGAR. (2025) LECCIONES DE LA HISTORIA, ¿PODEMOS APRENDER DE NUESTRO PASADO? Editorial TAURUS. CABA. LECCIONES DE LA HISTORIA – Cúspide
INSPyRE (2026). Venezuela y la paz en América Latina: una lectura desde INSPyRE A.C. Venezuela y la paz en América Latina: una lectura desde INSPyRE A.C. – Instituto Interamericano de Paz y Reconciliación
Francisco. (2015). Laudato si’: Sobre el cuidado de la casa común. Libreria Editrice Vaticana. Laudato si' (24 de mayo de 2015)
Francisco. (2020). Fratelli tutti. Libreria Editrice Vaticana. Fratelli tutti (3 de octubre de 2020)
León XIV (2026 enero 4). Mensaje después del Ángelus, Plaza de San Pedro. Libreria Editrice Vaticana Ángelus, 4 de enero de 2026
Organización de los Estados Americanos (OEA). (1948). Carta de la Organización de los Estados AmericanosCarta de la OEA
Anaya, C. (2026, 7 enero). Más allá de la intervención en Venezuela. Revista Forja Para el Bien Común. Más allá de la intervención en Venezuela | Revista Forja para el Bien Común

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