La ciudadanía debe analizar, debatir, polemizar la parte “romántica”, el aspecto “idílico” de lo que debe ser un buen gobierno, y que nada tiene qué ver con la Realpolitik que les está tocando vivir.
Los buenos gobiernos se sustentan en los sentimientos de la gente, emociones que se alejan de las plataformas electorales -pomposas y tramposas- que la mayoría de los candidatos presenta en tiempos electorales.
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Gobernar es cumplir con el mandato de la población que pide vivir en paz, tranquilamente, en armonía con los demás; la gente clama respeto pleno a sus derechos, seguridad y justicia.
A los ciudadanos, en estricto sentido, les importa un comino si el que llega al poder es del PAN, PRI, PRD, MC, PVEM, Morena o PT; los colores partidistas ya pasaron de moda.
A lo largo de su vida, los adultos mayores han visto pasar a tantos partidos por la Presidencia de la República y por el Congreso de la Unión que ya nadie les cuenta lo que es gobernar bien y mal. La corrupción, lamentablemente, permeó en todos los institutos políticos sin excepción.
Mientras tanto, los jóvenes están desencantados, decepcionados de la actividad política y son pocos los que quieren participar en los roles democráticos o militar en algún partido.
En realidad, no saben lo que fue el PRI en la vida democrática de este país; lo que hizo el PAN en tiempos de Fox o Calderón; lo que está haciendo en estos momentos Morena, que es una mezcla de todo y de nada.
El grueso de la población lo único que pretende es seguir trabajando para sostener (a duras penas) a su familia, su hogar, para pagar alimentos, colegiaturas, transporte, servicio médico y algo de diversión.
Unos quieren morir tranquilamente, otros quieren progresar y desarrollarse profesionalmente, los demás pretenden sobrevivir sin sobresaltos. Esa es la realidad política que les ha tocado experimentar.
Lo cierto es que absolutamente todos siguen soñando, siguen queriendo tener buenos gobiernos, políticos nobles que piensen en los intereses colectivos, funcionarios públicos que sean incapaces de robar y corromperse.
Gobernar es precisamente eso: cumplir con esos sueños románticos e idílicos de la gente; hacer a un lado los intereses partidistas y grupales para someterse a los designios de la ciudadanía.
En otros países se ha logrado, en otros más se sigue intentando por encima de todo. ¿Por qué en Puebla, en México, no podría alcanzarse esa meta?
Previo a las elecciones del 2024, la población tiene que someterse a un riguroso examen de conciencia, en lo personal o en familia, con los amigos, con los maestros, con los jefes y compañeros de trabajo, para analizar qué personaje público les puede dar un mejor gobierno. Eso se hace en las sociedades más avanzadas.
Los jóvenes y las mujeres, en esencia, tendrán la última palabra, pero para eso tendrán que pensar y actuar de manera diferente. Tendrán que atreverse a elegir su nueva realidad.
Gobernar es romantizar e idealizar lo imposible para alcanzar lo necesario. Lo demás es pura mentira.
@elmerando