El próximo lunes 24 de agosto, iniciarán las clases a distancia impartidas a través de la televisión abierta y la radio. A muchas madres y padres de familia que tienen una hija o un hijo con problemas de aprendizaje o con alguna discapacidad, les preocupa que este modelo sea el adecuado. Si de por sí, muchas veces es un problema que los niños aprendan en la escuela —con todo y el maestro enfrente— es previsible que las cosas se compliquen con el aprendizaje en casa, sobre todo si el niño o la niña es hiperactivo o tiene déficit de atención; o peor aún, si presenta alguna discapacidad visual, auditiva o motora.
Muchos padres mejor han optado por no inscribir a sus hijos. De hecho, ya se habla de una deserción del 10% en este ciclo escolar. La realidad es que el modelo de educación a distancia vía radio y televisión, adoptado a nivel nacional, amenaza con excluir a millones de niñas, niños y jóvenes que tienen necesidades especiales de educación.
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Otro problema es que, desde mi punto de vista, la estrategia elegida por la autoridad educativa descarga demasiada responsabilidad en las madres y padres de familia y deja fuera de la solución a las y los maestros, justo cuando más se requiere de su participación y apoyo. ¿Qué va a pasar si el padre o la madre no tienen una respuesta o no están ahí presentes cuando la niña o el niño esté frente al televisor y surja alguna duda? No habrá nadie para apoyarlos, se perderá el interés en el tema y se romperá el proceso de enseñanza-aprendizaje. Ninguna estrategia educativa, por moderna y sofisticada que sea, puede prescindir del apoyo del maestro.
Un asunto adicional a considerar, es que, dadas las circunstancias impuestas por la pandemia, la decisión de impartir clases vía radio y televisión tiene la ventaja de llegar a un mayor número de personas. Sin embargo, la mayoría de los pedagogos considera que la radio y la televisión son medios obsoletos para una buena educación. La enseñanza por estos medios es fría y la comunicación con el tele-espectador es unidireccional, lo que limita el proceso de aprendizaje.
Considero que, en estos momentos críticos no nos podemos dar el lujo de desaprovechar los avances alcanzados en el desarrollo de plataformas digitales de educación a distancia a través de Internet. Recordemos que la señal de internet llega al 88% del territorio nacional. ¿Por qué no aprovechar esta posibilidad para que, al menos, una parte de la educación a distancia sea vía internet y logremos una mejor interacción entre maestros y alumnos?
Creo que es urgente complementar el esquema de radio y televisión, y tratar de aprovechar otras alternativas educativas digitales para enriquecer los contenidos educativos en función de las necesidades específicas de cada alumno. Pensando en esta problemática, envié a la Cámara de Diputados un punto de acuerdo exhortando a las autoridades educativas federales a tres cosas:
Primero, a que en este ciclo escolar que empieza, se consideren estrategias alternativas de educación para sectores vulnerables con necesidades de educación especial (es decir, para niños con alguna discapacidad, adultos mayores o niños que no hablan español). Tenemos que garantizar que todos, sin excepción, tengan acceso a la educación impartida por el Estado.
Segundo, a impulsar una gran alianza por la educación entre padres de familia y maestros para compensar las deficiencias propias del modelo educativo vía radio y televisión. Considero que, en esta coyuntura, las y los maestros deben jugar un papel más activo para que, junto con las madres y padres de familia —que ahora también harán el papel de maestros— apoyen la educación de nuestros hijos.
Y tercero, a aprovechar este ciclo escolar para ir avanzando en una estrategia de conectividad y dotación de equipos para que, lo más pronto posible, todos los estudiantes de educación pública básica y media superior tengan acceso a internet y a equipos de cómputo. Esto nos permitirá avanzar lo más que se pueda, en caso de que la pandemia se alargue y que, incluso, nos obligue nuevamente a realizar las clases a distancia durante el próximo ciclo escolar.
No permitamos que la pandemia tenga un efecto desproporcionado en los educandos discapacitados o con necesidades especiales. Ellos de por sí, ya padecían condiciones desfavorables desde el punto de vista social y educativo. Solo mediante una gran alianza entre padres y maestros podremos desarrollar esquemas alternativos de educación que complementen las deficiencias del modelo a distancia adoptado.