Hoy en día el término Millennial comienza a acaparar la atención de todo el mundo y está presente en nuestras conversaciones de manera cotidiana. Se emplea para describir a aquellas personas que nacieron entre 1981 y 1995, es decir, quienes tienen entre 20 y 35 años de edad y se hicieron adultos con el cambio de milenio, etapa caracterizada por un acelerado desarrollo de las nuevas tecnologías y del uso del internet en prácticamente todas las esferas de la existencia.
Algunos estudios empiezan a describir ciertos comportamientos comunes entre estos jóvenes y podemos encontrar prácticamente de todo: a quienes les parece una generación llena de ventajas y cualidades y quienes por el contrario, perciben rasgos preocupantes. Es por ello que resulta difícil catalogarlos y en ocasiones las conclusiones pueden ser contradictorias. No obstante lo anterior, existe un rasgo clave para adentrarnos a su mundo y es lo que los distingue de manera preponderante pues además, permea en todo su ser: su gran actividad digital. Se mueven como pez en el agua con la tecnología y prácticamente la mayoría de sus actividades y relaciones está mediada por una pantalla. Esta característica ha contribuido a desarrollar en ellos un comportamiento multitasking, es decir, una capacidad -o necesidad- de hacer varias cosas a la vez. Y dado que su principal herramienta es la red requieren de diversos dispositivos, esencialmente su smartphone, para estar conectados y realizar sus actividades de socialización, trabajo, comercio y ocio.
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De lo anterior se desprende una de sus grandes pasiones: las redes sociales. ¿Por qué? Porque sirven como un canal para poder reflejar su identidad, sus gustos, intereses y posiciones. Así pues el consultar, compartir y comentar en ellas es una de sus actividades predilectas. Según reportan los estudios, un 88 % de los Millennials latinoamericanos manejan diversos perfiles en las redes sociales y es el principal uso que le dan al internet. Entre sus preferidas tenemos a Facebook: 9 de cada 10 millennials latinoamericanos entran todos los días, según Forbes-México y es considerada “un segundo hogar” que ayuda a construir una especie de memoria de su trayectoria. Por su parte, WhatsApp se ha posicionado fuertemente como el medio de comunicación para las relaciones más de tipo íntimo y privado y es utilizada por un 95% de los jóvenes, según un estudio del Observatorio de Redes de la Consultora The Cocktail Analysis, pues se valora la instantaneidad y el diálogo directo. Por su parte, YouTube se ha convertido en el formato favorito de los jóvenes pues la gran mayoría la emplea todos los días y está suscrito a diversos canales. Su principal atractivo radica en la capacidad de tener cierta influencia -de ahí el término “influencers” o “youtubers”- permitiendo llegar a grandes audiencias para gozar de una fama que antes sólo estaba reservada a las celebridades (actores o cantantes). Por tanto, estas figuras hoy por hoy son guías que cuentan con un gran número de seguidores y que dictan tendencias. Lo mejor de todo para el millennial: cualquiera puede convertirse en uno de ellos.
A su vez, Instagram se posiciona como la red de moda entre los jóvenes y es la que más se emplea para reflejar la propia imagen, por tanto, requiere un uso más cuidado pues conlleva una mayor exposición de la propia identidad, por ello, es también en la que más se espera un feedback o aceptación, reflejando una gran necesidad de reconocimiento.
Finalmente, Twitter ocupa ya un plano secundario y ha ido perdiendo importancia entre los millennials, quienes no la emplean dentro de la esfera propiamente social, sino más bien, como medio para informarse y enterarse de las principales noticias por su capacidad de mostrar información reciente, constante e inmediata. Igualmente, les ayuda a manifestar una posición política, opinando sobre el acontecer diario. De ahí que los hashtag (etiquetas) ahora sirvan para apoyar causas o mostrar rechazo a ciertas actitudes o sucesos.
Así pues, en este contexto podemos concluir que estamos frente a una nueva generación que dicta sus propias reglas, que se percibe a sí misma de manera diferente y que ha hecho de las redes sociales parte esencial de su ser ya que mediante ellas se relaciona e interactúa con el mundo. Esto sin duda ha creado nuevos códigos, ha transformado los símbolos de pertenencia y ha abiertos canales de comunicación y relación diferentes a los que estábamos acostumbrados con sus ventajas y desventajas. Por un lado, la línea de lo público y lo privado se ha desdibujado puesto que se exterioriza prácticamente todo y esto tiene sus consecuencias en el “yo” y en la identidad, como es de esperar. Además, la conectividad constante hace que el presente se viva de manera virtual pues se invierte mucho tiempo en responder, actualizar, subir fotos, compartir y comentar aislando a la persona de lo que le rodea y viviendo en la inmediatez. Por otro lado, Jerjes Loayza, experto en este tema, afirma que a los jóvenes de hoy les cuesta mucho más trabajo hilvanar ideas en párrafos enteros puesto que el chat los ha hecho acostumbrarse a comunicaciones entrecortadas que implican orientar el pensamiento al aquí y ahora. Al tener acceso a tanta información, se han habituado a captar la mayor cantidad posible, pero en detrimento de la profundización y reflexión.
Todo lo anterior ¿qué implicaciones tiene para la educación y por ende, para las universidades? ¿Qué retos demarca al entono laboral? ¿Qué les exige a las familias? Sin duda, estas preguntas dejan en qué pensar pues para bien o para mal, estas generaciones el día de mañana ocuparán los puestos más importantes de la sociedad y decidirán el rumbo de nuestros países.
[La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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