La triunfal entrada del Capitán Don Hernando Cortés a la gran Tenochtitlan en magistral ilustración de bellísima expresión del genio de la muestra gráfica histórica, Augusto Ferrer-Dalmau, el Fisgón Histórico. El gran quid lo encontramos en la preocupante mirada del personaje 2ndo., de la izquierda, la mano llevada a la boca y con los ojos extraviados al ver al conquistador y la actitud – de entrega y eso sí admiración – de sus congéneres nos lo dice todo. Tal expresión manifiesta la incertidumbre por el arribo y triunfo de los hombres rubios y barbados llegados de más allá de la mar.                                                                                                                                                                                  

De hecho los ejércitos de Cortés, 500 hombres efectivos no contaban con algún armamento que les diera gran superioridad, el escaso número de ellos, aún sumando a sus aliados huejotzingas, tlaxcaltecas, los de los señoríos de Texcoco y pueblos aledaños a la ciudad de bellos y amplios canales y avenidas; suntuosos y esplendorosos templos, que tanto maravillaron a castellanos, andaluces, incluso portugueses que NO eran españoles y que como el castrense narrador Bernal Díaz del Castillo en su genial prosa dejó escrito: “También quiero decir la gran necesidad que teníamos de armas, que por un peto o capacete o casco o babera de hierro diéramos aquella noche cuanto nos pidieran por ello y todo cuanto habíamos ganado”. Incluso se cita el uso de birretes acolchados para su protección.

Días después el Señor emperador Motecuhzuma es llevado al techo de una Tecpan o casa de gobierno, atado del cuello por sus captores - según lo muestra el Codice de Moctezuma - para excitar al pueblo a dejar las hostilidades y adversidades. Foto: Biblioteca del INAH. El mortal golpe de una piedra en la cabeza del emperador termina con su vida. Hasta la fecha continua siendo un enigma el tal lanzamiento de la piedra proveniente de una criminal mano oculta en el anonimato de la multitud.

Una maravilla, de hermoso trazo la gran Tenochtitlan que asombró a los conquistadores que al verle, le compararon con Venecia y Constantinopla. Pasado aquel Agosto 13, vinieron multitud de aconteceres, resaltado el gran número de Universidades fundadas, sobresaliendo la Real y Pontificia Universidad de México, creada en año de 1551, primera de éste continente. A esta magna obra fundacional siguió la de los hospitales en el siglo de la conquista, siendo Primero el celebérrimo Hospital de la Limpia Concepción de María Santísima y del Corazón de Jesús conocido comúnmente como  “Hospital de Jesús” fundado por orden del propio Capitán y Conquistador en año de 1527. Siendo muy importante señalar que se construye siguiendo el mandato la Cláusula 10ª de su testamento: “En reconocimiento y conquista de la Nueva España y para su descargo y satisfacción de cualquier culpa o cargo que pudiera gravar su conciencia”. Advertencia: tal parece que la Guardiana de la Memoria Histórica de México (actual inquilina de Palacio Nacional) NO está enterada de este ordenamiento.

Y así es como nacen, tiempo después, como un nutriente, como vitaminas para la aguda anemia intelectual de muchos, la teoría de la Imperofobia y la Leyenda Negra. La realidad, la describe el Barón Alexander Von Humboldt al narrar sus experiencias antropológicas al visitar estas tierras: “No he visto en el mundo mayor y felicidad que  de vida que en las posiciones españolas de América. Es un canto a la vida, es una esperanza de felicidad, es el lugar donde viven las personas más felices del planeta”.