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Crea ITESM proyecto turístico con arquitectura experimental

Con esculturas de más de dos metros de altura, se busca que el arte se convierta en una vivencia

Crea ITESM proyecto turístico con arquitectura experimental

Foto Jaime Zambrano

Estudiantes del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) en Puebla desarrollan un proyecto turístico interactivo en Chignahuapan, el cual consiste en la colocación de elementos de arquitectura experimental.

A través esculturas de más de dos metros de altura, se busca que el arte se convierta en una vivencia en el complejo turístico “Al final de la senda”, ubicado en Ciénega Larga del municipio enclavado en la Sierra Norte de Puebla.

Luis Rogelio Sánchez Velázquez, director del departamento de Arquitectura del Tecnológico de Monterrey, detalló que fueron creadas tres instalaciones en las que se busca implementar nuevas formas, métodos de construcción y espacios físicos arquitectónicos, adaptándose a nuevas formas sociales y de comunicación.

“La propuesta consiste en lograr que la arquitectura sea acogida por el arte y a su vez ser un medio para interactuar con el público. Por esta razón, las esculturas se distribuyeron en 17 hectáreas del bosque que integra el complejo turístico, y así lograr que los visitantes tengan la oportunidad de acercarse a las obras e incluso meterse literalmente dentro de ellas”, apuntó el académico en entrevista.

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Una de las obras de arquitectura experimental es “Gritario”, una especie de altavoz enorme colocado en un árbol a unos cinco metros de altura, con un peculiar color amarillo, fácil de encontrarlo para explorar de forma poética el espacio.

Otro de los trabajos se llama “Tipi”, un móvil en forma de “casita de apache” que se encuentra en lo más alto de la montaña. Los visitantes pueden trasladarse de un árbol a otro, jalando una cuerda.

“Una obra que lleva como metáfora la vida nómada, donde antiguamente los apaches llevaban cargando su casa a todos lados”, comentó.

El tercero de los trabajos arquitectónicos se denomina el “Nido”, una bola de madera que cae por la colina, suspendida por unos polines detenidos con la técnica de cimbra o entramados de madera.

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“Tiene como propósito darle al público un espacio de tranquilidad en medio de la naturaleza donde el estar dentro de ella y observar el follaje de los árboles cambia su perspectiva”, agregó Sánchez Velázquez.

El director del departamento de Arquitectura destacó que las tres obras están inspiradas en la idea del refugio primitivo, es decir, en el bosque, la naturaleza y en un espacio que se busca sea poético.