Opinión

Un prófugo de la justicia internacional en la ONU

Enrique Romero Razo
Enrique Romero Razo

Licenciado en Derecho por la Escuela Libre de Derecho de Puebla, con especialidad en derecho fiscal y empresarial. Se ha desenvuelto en los sectores público y privado. Además, se ha desempeñado como columnista; consultor de diferentes medios de comunicación en temas jurídicos; locutor de radio y conductor de televisión.

Muchas delegaciones de diversos países abandonaron el recinto de la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, hizo uso de la palabra.

Afuera del edificio de la ONU, en las concurridas calles de Nueva York, cientos de personas protestaron contra su presencia en dicho organismo internacional, siendo arrestadas por la policía local muchas de ellas, entre las que se encontraba la actriz Susan Sarandon.

La razón: porque la Corte Penal Internacional, que ejerce jurisdicción a nivel global y de la que 124 países son miembros del llamado Estatuto de Roma, instrumento internacional que le da vida jurídica a dicho tribunal internacional, ha emitido una orden de aprehensión en contra de Benjamin Netanyahu por crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Los cargos no son menores, ya que la CPI ha documentado el uso de la hambruna como táctica de guerra en contra del pueblo palestino, amén de ataques deliberados a objetivos meramente civiles, entre ellos escuelas y hospitales, provocando miles de bajas entre la población de la Franja de Gaza.

Entonces, ¿cómo es posible que la Organización de las Naciones Unidas permita que un primer ministro que se encuentra evadido de la justicia internacional dé un mensaje ante el organismo multinacional en el que se debe preservar tanto la paz mundial como el respeto irrestricto de los derechos humanos?

¿Cuándo dejó de ser la ONU un foro global de protección a los que menos saben y menos tienen para convertirse en un instrumento al servicio de las potencias globales?

¿No hasta en ese máximo foro de la Asamblea de las Naciones Unidas un neofascista de color naranja se atrevió a vilipendiar a México por considerarlo “el epicentro de la violencia del narcotráfico”?

Lo bueno es que nuestra gran presidenta, Claudia Sheinbaum, le respondió de manera irónica al afirmar que es terrible que nuestra patria comparta frontera con una nación con el mayor número de adictos en el mundo y con la comercialización de armas más grande del planeta.

Por todo ello, debe concluirse que la Organización de las Naciones Unidas necesita replantearse desde sus cimientos.

Aquel organismo mundial que era un faro de esperanza para todos los países del mundo ahora se ha convertido en una simple pilmama de los poderosos, de forma tal que un sujeto con orden de aprehensión por delitos de guerra puede dirigirse desde su máxima tribuna a todos los países del orbe con total cinismo e impunidad.

Hasta que se cumpla a cabalidad con la legislación internacional se podrá afirmar que vivimos en un entorno global seguro y respetuoso de los derechos humanos.

Desafortunadamente, si quienes deben hacer cumplir con la normatividad internacional no lo hacen, entonces ese escenario se percibe cada vez más lejano.

¿Hasta cuándo?