Opinión

Trump y el rechazo que puede pasarle factura en las urnas

Solo el 30% de los votantes aprueba sus políticas

El panorama de Trump y de su Partido Republicano, para las próximas elecciones intermedias no les favorece. A menos de un mes de que los estadounidenses acudan a las urnas, el presidente enfrenta un creciente desgaste político que amenaza con convertir los comicios del 3 de noviembre en un referéndum sobre su gobierno. La encuesta más reciente del Pew Research Center, publicada el 8 de octubre, coloca su aprobación en apenas 30 por ciento, mientras los demócratas aventajan por ocho puntos a los republicanos en la preferencia para la Cámara de Representantes. Más aún, 44 por ciento de los votantes reconoce que su decisión será, ante todo, un voto contra Trump.

Una de las principales razones de este malestar es la política migratoria. Trump prometió deportaciones masivas y ha convertido esa promesa en uno de los ejes de su presidencia, pero el costo humano de la ofensiva comienza a pesar en la opinión pública. Un análisis del Washington Post, basado en registros de las autoridades migratorias, encontró que casi una cuarta parte de los aproximadamente 300 mil hombres deportados por agentes federales desde enero de 2025 había vivido al menos tres años en Estados Unidos.

Además, cerca de dos tercios de los hombres expulsados durante el segundo mandato no tenían antecedentes penales en Estados Unidos. No se trata, por tanto, únicamente de criminales peligrosos, como insiste la retórica presidencial, sino también de personas cuya vida transcurría en comunidades, empleos y familias construidas durante años.

Las historias de quienes llevan 20 o 30 años en Estados Unidos muestran la dimensión de esta ruptura. Personas que han trabajado, pagado impuestos, criado hijos y echado raíces durante décadas pueden terminar expulsadas del país que consideran su hogar. La deportación no borra esa historia: separa familias, interrumpe trayectorias laborales y deja a hijos y parejas frente a una ausencia que puede cambiarles la vida.

El endurecimiento de las redadas también ha sembrado temor entre comunidades enteras, incluso entre quienes cuentan con familiares estadounidenses.

A esa política se suma un dato todavía más grave: las muertes bajo custodia migratoria. De acuerdo con cifras de ICE, 51 personas habían muerto bajo custodia de la agencia desde el inicio del segundo mandato de Trump hasta julio de 2026. De ellas, 31 fallecieron durante el año fiscal 2026 hasta ese mes, la cifra más alta para ese periodo en más de dos décadas; 13 eran mexicanas. Las cifras documentan una crisis humanitaria que exige investigaciones y responsabilidades, no solamente explicaciones burocráticas. Cada fallecimiento cuestiona las condiciones de detención y la obligación del Estado de proteger la vida de las personas que mantiene bajo su custodia.

Las encuestas confirman que el endurecimiento migratorio no cuenta con un respaldo social ilimitado. En abril, el Pew Research Center encontró que 52 por ciento de los estadounidenses consideraba que el gobierno estaba haciendo demasiado para deportar a personas indocumentadas.

El rechazo es especialmente significativo entre los votantes independientes, cuyo apoyo puede resultar decisivo en distritos competidos. Aunque una parte importante del electorado republicano continúa respaldando estas medidas, la estrategia de Trump podría poner en peligro su control del Congreso.

Las elecciones intermedias no decidirán quién ocupa la Casa Blanca, pero sí pueden limitar el poder de Trump durante la segunda mitad de su mandato. Si los demócratas recuperan terreno en el Congreso, el presidente tendrá mayores dificultades para impulsar su agenda y los republicanos deberán responder por haber respaldado una política que ha producido separaciones familiares, detenciones controvertidas y muertes bajo custodia.

El rechazo electoral no está garantizado. Todavía hay millones de estadounidenses que apoyan la deportación de personas sin autorización migratoria. Pero la desaprobación presidencial, la ventaja demócrata y el desgaste de la ofensiva migratoria constituyen señales de alarma. Trump quiso hacer de las deportaciones una demostración de fuerza; el 3 de noviembre sabremos si esa fuerza termina convirtiéndose en su propia debilidad política.

Ya falta muy poco para conocer el respaldo real que tiene Trump para seguir deportando migrantes.