Opinión

Transición energética, una transformación sin modelos

Alberto Jiménez Merino
Alberto Jiménez Merino

Ha sido Profesor Investigador y Rector de la Universidad Autónoma Chapingo. Se ha desempeñado como Secretario de Desarrollo Rural de Puebla, Delegado Federal de la Secretaría de Agricultura, Director de la CONAGUA, Director de la Comisión Estatal de Agua y Saneamiento. Autor del Libro Agua para el Desarrollo y Manual Básico de Cultura del Agua. Ha sido Diputado Federal y Candidato a Gobernador de Puebla en la Elección Extraordinaria 2019. Actualmente, Presidente de El Colegio de Puebla.

Como parte del Programa de posgrado e investigación sobre Desarrollo Regional Sustentable, el próximo 27 de octubre inicia en El Colegio de Puebla, en coordinación con la Agencia de Energía y la Secretaría de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial (SMADOT), el diplomado Transición energética y su aplicación en diferentes escalas, que terminará el 2 de febrero 2027. 

La transición energética es el cambio global de los sistemas de producción y consumo de energía basados en fuentes fósiles, como el petróleo, el carbón y el gas natural, a fuentes de energía renovable como la eólica y la solar, con el fin de alcanzar cero emisiones de carbono para 2050. Forma parte de la estrategia internacional adoptada por los gobiernos para limitar el calentamiento global a 1.5°C, con relación a los niveles previos al desarrollo industrial (S&P www.enel.com, 2026).

Tan sólo los fenómenos de El Súper Niño 2026, el calentamiento anormal del Océano Pacifico por arriba de 2.5°C, con todas las travesuras ocasionadas como la onda de calor en Europa a finales de junio, los tifones de China y las lluvias torrenciales de este fin de semana en México, deberían ser suficientes para acelerar la aplicación de políticas, programas y acciones para acelerar esta transición energética.

Es una urgencia también, porque actualmente las reservas mundiales de combustibles fósiles se han ido reduciendo en forma más rápida de lo esperado, y conflictos como el del Estrecho de Ormuz que dificulta la salida de petróleo iraní, uno de los más grandes exportadores, están haciendo más complicada la situación de los combustibles fósiles.

Las refinerías chinas suspendieron en estos días todas las exportaciones de derivados del petróleo fuera de Hong Kong y Macao. PetroChina canceló los pedidos de gasolina y turbosina que ya tenía comprometidos para este octubre, según la agencia de noticias REUTERS, citada por AMBOS-DOS, en You Tube. Las reservas nacionales chinas de gasolina están en 10 años y las de diésel en 15, según Pravda. En tanto, el petróleo Brent subió a 100 dólares por barril, de acuerdo con Bloomberg, citados por la misma fuente. 

Las reservas probadas de petróleo en México se estima que alcanzarán para 9.7 años y al considerar las posibles, el periodo es de 27 años. (Gobierno de México www.energia.conacyt.mx, 2022). Según diversas fuentes, extraer un barril cuesta lo equivalente a otro, es decir la eficiencia es de 50%.

Todo lo anterior solo quiere decir que tenemos que apurarnos a encontrar las nuevas fuentes de energía. Ya no hay más tiempo.

Las fuentes de energía a las que tuve acceso en la infancia 1959 -1971, fueron el petróleo queroseno para alumbrarnos por medio de quinqués: botes de lata con tapa agujerada para poner una mecha de hilo que por capilaridad quemaba el combustible, generando una flama de poco alcance. Varias tareas escolares se hicieron con esta tecnología. Usamos leña como combustible para cocinar en tlecuíl tradicional y la fuerza hidráulica del Río Mixteco que movía una noria para subir el agua usada en el riego agrícola. En 1967, llegó la motobomba de gasolina y sustituyó a la noria. Conocí la electricidad hasta los 11 años, fuera de mi pueblo. Aunque el sol nos quemaba al trabajar en el campo, nunca lo imaginamos como fuente de energía utilizable directamente.

Actualmente, con tantas fuentes energéticas, además de los combustibles fósiles, tales como la energía solar, eólica, geotérmica, marítima, hidrogeno verde, fisión nuclear de uranio y biocombustibles como biodiésel y bioetanol, es difícil identificarlas y saber cuál es la más conveniente a cada situación socioeconómica. Más difícil es identificar un camino a seguir o una ruta práctica para su desarrollo y adopción en la economía comunitaria.   

En las universidades como Chapingo, no puedo hablar de las otras, para evadir la atención de un problema y desanimar a quien osara querer atenderlo, se utilizaban como argumentos y verdades lo siguiente:  que los problemas eran muy complejos y multifactoriales, que no los habíamos creado nosotros, eran responsabilidad del gobierno y que no podrían desarrollarse modelos replicables, porque no se trata de recetas de cocina sino de hacer trajes a la medida, aunque casi no usáramos trajes. Con estos argumentos y pretextos ya llevamos más de 40 años en condiciones de pobreza, sin desarrollar propuestas reales a la problemática nacional. La investigación y la enseñanza siguen apartadas de las necesidades sociales nacionales.

México, con 130 millones de habitantes, 36 regiones hidrológicas, 750 microrregiones, 2 mil 463 municipios, 16 alcaldías y 199 mil comunidades, no puede tener un solo modelo de solución a sus problemas, necesita muchos modelos. Por eso, muchas políticas nacionales deberían ser diferenciadas. Actualmente no hay Modelos Replicables de Solución Agroalimentaria, Económica, Hídrica, Ambiental, Educativa, Industrial, Turística, Financiera. No sabemos por dónde empezar a atender los problemas de nuestro tiempo. Sin embargo, el punto de partida es la educación.  

En los residuos sólidos, por ejemplo, diferenciar los orgánicos de los inorgánicos es una gran complicación, ya no digamos reciclables y no reciclables, y mucho menos en especiales o de riesgo. De igual forma, es complicado ver que, si separamos el camión recolector vuelve a revolver; o también se complica con pensar en dos camiones, o más, de diferentes tipos de desechos, en días diferentes. Pero, si mejor les copiamos a los más aplicados, a los que ya lo hicieron.

Actualmente no hay un modelo, por eso estamos construyendo uno.

En El Colegio de Puebla no estamos inventando el agua caliente, solo estamos vinculando las necesidades sociales con las prácticas educativas y la investigación. Estamos desarrollando modelos de atención a los principales problemas de los poblanos, empezando por nosotros mismos como una familia, una vivienda, una escuela y una comunidad, porque eso somos.

Nos está costando mucho trabajo a todos, pero estamos convencidos que sin micromodelos, sin un plan y sin que primero haya ocurrido en la escuela, será muy difícil que las transformaciones pasen en las viviendas y en las comunidades. La escuela es la fuente de trasformación y espejo de las comunidades. Los problemas de México, son también tareas de las escuelas.