Opinión

Teoría de las ventanas rotas y movilidad

Anuar Musalem Valencia
Anuar Musalem Valencia

Apasionado y convencido de la importancia vital de la movilidad, con 25 años de experiencia en transporte público, seguridad vial, análisis de riesgos, prevención e infraestructura. Subdirector de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad, capítulo Puebla

¿Para usted, qué significado tiene una ventana rota?

¿Hasta dónde el abandono y el desorden de una ciudad pueden influir en los hechos de tránsito? Estos factores sociales fueron considerados en un experimento social relacionado con lo que posteriormente se conocería como la “teoría de las ventanas rotas”.

¿Qué es la teoría de las ventanas rotas?

En 1969, el profesor Philip Zimbardo, de la Universidad de Stanford, realizó un experimento: dejó dos automóviles abandonados en la calle, dos autos idénticos, de la misma marca, modelo y hasta color. Uno de ellos fue colocado en el Bronx, en Nueva York, y el otro en Palo Alto, California.

Resultó que el automóvil abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocos minutos. En poco tiempo perdió sus componentes y posteriormente fue destrozado. En cambio, el automóvil abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto durante más de una semana.

El ejercicio no finalizó ahí. Después de varios días, Zimbardo dañó deliberadamente el automóvil de Palo Alto. El resultado fue que, a partir de ese momento, comenzó también un proceso de vandalismo y destrucción.

El experimento planteó una pregunta importante: ¿el comportamiento de las personas depende únicamente de sus características individuales o también de las señales que transmite el entorno?

Años después, en 1982, James Q. Wilson y George L. Kelling desarrollaron formalmente la llamada “teoría de las ventanas rotas”, planteando que las señales visibles de deterioro y desorden pueden transmitir la idea de que nadie se preocupa por ese espacio y favorecer una mayor desorganización social.

Relación de la “teoría de las ventanas rotas” con la movilidad

En aplicaciones posteriores, particularmente relacionadas con la seguridad y el orden urbano, surgió la idea de que cuando las pequeñas transgresiones no son atendidas, pueden contribuir a generar un entorno donde las normas pierden fuerza. Llevándolo al terreno de la movilidad, podemos encontrar ejemplos muy sencillos:

Si se cometen “pequeñas faltas” como:

  • estacionarse en un lugar prohibido
  • exceder el límite de velocidad o,
  • pasarse una luz roja

Si estas conductas no son atendidas, puede generarse la percepción de que las normas no son importantes.

El problema es que, en movilidad, una pequeña infracción puede tener consecuencias enormes.

La “teoría de las ventanas rotas” tuvo una aplicación importante en el sistema de transporte público de Nueva York durante las décadas de 1980 y 1990, donde se comenzó a combatir el grafiti, el vandalismo, la evasión del pago y otras conductas consideradas señales de desorden. Posteriormente, durante la administración de Rudolph Giuliani, estas estrategias se ampliaron dentro de una política asociada con la llamada “tolerancia cero”.

La experiencia de Nueva York se convirtió en uno de los principales referentes de esta forma de entender la seguridad urbana. Sin embargo, la reducción de los índices criminales de la ciudad tuvo múltiples factores y la magnitud específica del efecto atribuible a las políticas de “ventanas rotas” continúa siendo materia de debate académico.

No se trata simplemente de pobreza. La teoría plantea que existe una relación entre el entorno, la percepción de abandono y el comportamiento social, independientemente del nivel socioeconómico.

Un vidrio roto en un automóvil abandonado, un edificio deteriorado, basura acumulada o una vialidad permanentemente invadida pueden transmitir una idea de desinterés. Y lo preocupante es que ese desorden puede terminar normalizándose.

La expresión “tolerancia cero” suena a una especie de solución autoritaria y represiva, pero existe otra forma de interpretar su concepto principal: la prevención y la promoción de condiciones sociales de seguridad. No se trata necesariamente de tolerancia cero frente a la persona que comete la falta, sino de tolerancia cero frente a la falta per se.

En movilidad, quizá deberíamos preguntarnos si una calle deteriorada, una banqueta invadida, un semáforo ignorado, un vehículo estacionado en doble fila o una señal de tránsito abandonada son solamente problemas aislados; o si, por el contrario, son pequeñas “ventanas rotas” que nos están diciendo algo sobre nuestra relación con las normas, con el espacio público y con los demás.

¿Para usted, qué significado tiene una ventana rota?

Nota digresiva.

Cuando Tepetzala llevó a su hijo Mixtli a Tlatelolco como regalo de su séptimo cumpleaños, las dos semillas de cacao entregadas al Tlachtopaitoani, el vidente andrajoso que ve la lejanía, no fueron suficientes para adivinar lo que pasaría 488 años más tarde; o quizá Nezahualpilli, quien tenía la costumbre de disfrazarse de mendigo, no quiso profetizar esa Noche de Tlatelolco.