Salud mental y movilidad
¿Qué ocurre dentro de la persona mientras conduce?
Hoy, 10 de octubre, se conmemora una edición más del “Día Mundial de la Salud Mental”, la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tiene como objetivo concientizar acerca de los problemas de salud mental en todo el mundo.
La seguridad vial también depende de cómo pensamos, sentimos y reaccionamos al movernos. ¿Existe relación entre la salud mental y la movilidad? La salud mental suele asociarse con el ámbito familiar, laboral o clínico, mientras que la movilidad se relaciona primigeniamente con vehículos, arterias, modos de transporte, motivos de viaje y tiempos de traslado; sin embargo, existe un punto donde ambas se encuentran: el factor humano.
De acuerdo con el Instituto Mexicano del Transporte (IMT), la distribución del porcentaje de las causas es:
- 86% factor humano
- 6% condiciones físico-mecánicas (fallas del vehículo)
- 5% camino o vía (inherente a la infraestructura)
- 3% agentes climáticos (lluvia, niebla, horario crepuscular, etc.)
La evidencia científica no permite afirmar que un problema de salud mental sea responsable de un determinado porcentaje de la siniestralidad; sería incorrecto convertir el 86% del factor humano en un supuesto. Sin embargo, la conducción requiere atención, percepción, capacidad para tomar decisiones, control de impulsos, regulación emocional y un adecuado estado de alerta. Todas ellas son funciones que pueden verse modificadas por distintos estados psicológicos y físicos.
En mayo de este año, la reconocida revista científica “Avances en Terapia” (por sus siglas en inglés) publicó que los conductores con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) no tratado por un profesional presentaron 93% mayores probabilidades de sufrir un hecho de tránsito respecto de los conductores de comparación, así como una asociación entre síntomas de TDAH y depresión al momento de trasladarse y un mayor riesgo de hecho de tránsito.
Las dinámicas de desplazamiento también pueden afectar nuestra salud mental.
Horas atrapados en el tráfico, largos desplazamientos, ruido, inseguridad, estrés por llegar a tiempo, agresividad entre conductores, miedo a caminar por determinados espacios o la incertidumbre cotidiana del transporte público, mientras se respiran contaminantes provenientes del escape de vehículos, entre ellos partículas y diversos compuestos asociados con la combustión de gasolina y diésel; todo lo anterior forma parte de una experiencia en los traslados que también tiene consecuencias sobre el bienestar.
Nuestro estado mental influye en la manera en que nos movemos. En el contexto de la movilidad, significa reconocer que las personas son parte de este sistema. Tenemos cansancio, emociones, preocupaciones, impulsos, miedos, distracciones, días buenos, días malos, y actuaremos en consecuencia.
Hipótesis del plomo y el crimen.
Existe una sólida correlación histórica conocida como “hipótesis de la relación plomo-crimen” (lead-crime hypothesis), que demuestra que el pico de violencia y criminalidad en las ciudades con mayor índice de motorización de la Unión Americana durante los años 70 y 80 coincidió con la madurez de los niños que respiraron los peores niveles de plomo contenido, en ese entonces, en la oferta de gasolina, componente que daña el control de los impulsos y promueve la agresividad. Cuando el plomo se eliminó de los combustibles convencionales 20 años después, los índices de criminalidad cayeron drásticamente.
La correlación resulta sugerente, aunque no significa que el plomo sea la causa única del crimen: intervienen también factores sociales, económicos, familiares y ambientales. No obstante, la conclusión es incómoda: algunos comportamientos agresivos que observamos en las calles no deben analizarse únicamente como un problema de educación vial o de carácter individual.
A manera de reflexión, imaginemos una intersección semaforizada correctamente diseñada: el señalamiento es visible, la iluminación es adecuada, el pavimento está en buenas condiciones, el conductor no se encuentra bajo los efectos del alcohol o enervantes, el vehículo tiene sensores de asistencia vial y no presenta una falla mecánica, y aun así ocurre un hecho de tránsito.
- No falló la infraestructura y el equipamiento.
- No falló el vehículo.
- No falló la normatividad.
Quizá el resultado no lo encontremos dentro de un peritaje de hechos de tránsito; tal vez deberíamos buscar dentro de nuestro interior. La movilidad contemporánea debe considerar que no basta con identificar y culpar al individuo. Surge el cuestionamiento: ¿en qué condiciones de salud mental estamos tomando decisiones?, ¿estamos siendo presos de fobias, filias o ismos?
Licencia narrativa:
Recuerde que Winston Smith, aquel empleado del Ministerio de la Verdad, donde modificaba documentos históricos, no estaba equivocado por necesitar ayuda; estaba atrapado en un entorno donde pedirla, confiar y pensar libremente podían convertirse en riesgos. Escriba un diario, busque complicidad en un alma semejante y, lo mejor: no dude en acudir con una experta o experto en salud mental.
