Opinión

Por qué nos pican los mosquitos

José Ramón Eguibar Cuenca
José Ramón Eguibar Cuenca

Médico de profesión, maestro en Ciencias Fisiológicas por la BUAP y doctor en Neurociencias por el CINVESTAV del IPN. Es miembro del SNI y de la Academia Nacional de Medicina. Actualmente es director General de Internacionalización de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Los mosquitos (Diptera: Culicidae) constituyen uno de los grupos de vectores, esto es llevan enfermedades de una persona a otra. En la mayoría de las especies hematófagas, que se alimentan de sangre, son las hembras las que ingieren sangre, porque sus nutrientes son utilizados para la maduración de los huevos. Encontrar un vertebrado, reconocerlo como hospedero apropiado, así como seleccionar un sitio de la piel, perforarla, localizar un vaso sanguíneo y completar la ingesta exige una secuencia en donde el sistema de sensores y de su conductas motoras son extraordinariamente precisas. Esta conducta no depende de una sola señal, sino que integra información olfatoria, térmica, visual, higrométrica y gustativa. La combinación de señales también explica por qué algunas especies prefieren humanos, mientras otras se alimentan principalmente de otros mamíferos o de aves, y por qué ciertas personas resultan consistentemente más atractivas que otras.

Es el dióxido de carbono exhalado una de las señales de mayor alcance y que guían a estos insectos hacia nosotros. El mosquito Aedes aegypti, detecta mediante receptores especializados el dióxido de carbono (CO₂) que detectan este gas que exhalamos con cada respiración; lo que aumenta el estado de búsqueda del mosquito es nuestro calor corporal y nuestros olores de la piel los que finalmente los guían hasta nosotros para poder picarnos. Realmente, en la piel liberamos una mezcla compleja de ácidos carboxílicos como el ácido láctico, el amoníaco, cetonas y otros compuestos volátiles que son atractivos para estos insectos. De hecho, para definir el coctel de olores en nuestra piel, juegan un rol fundamental los microorganismos que están en nuestra piel, los cuales transforman el sudor y el sebo que producimos continuamente en ese “perfume” para los mosquitos.

Al aproximarse al hospedero, la temperatura de la piel y el gradiente de humedad adquieren mayor importancia. Las hembras combinan objetos visualmente contrastantes con señales térmicas para decidir dónde aterrizar. Una vez sobre la piel, el mosquito utiliza su probóscide (trompa) y un conjunto de estiletes especializados para dirigirse a los vasos sanguíneos. Durante el sondeo se inocula saliva que contiene moléculas con actividad vasodilatadora y anticoagulante, los estiletes penetran y absorben este fluido nutritivo.

Se debe enfatizar que los mosquitos transmiten distintos microorganismos como son virus, protozoarios y hasta gusanos (nematodos). Entre las enfermedades de mayor importancia mundial en la cual son vectores los mosquitos se encuentran la malaria, el dengue, la fiebre amarilla, el Chikunguña, el Zika, la encefalitis producida por el virus del Nilo Occidental, la encefalitis japonesa y hasta la filariasis linfática. A la fecha, se han descrito más de 500 virus trasmitidos por mosquitos o por otros insectos como garrapatas, jejenes, chinches, etc.

En entornos urbanos, el humano puede actuar como el denominado hospedero amplificador importante, como ocurre con dengue, Zika y Chikunguña, ya que somos ideales para la reproducción y propagación de estos patógenos. En ciclos en donde participan otros animales como aves, primates u otros vertebrados pueden actuar como reservorios, esto es mantienen el virus como es el caso de la rabia, siendo el humano un hospedero incidental; como puede ser el caso con el virus del Nilo Occidental ya que existe un ciclo donde aves y mosquitos mantienen al virus circulando, y son los humanos y caballos los que pueden infectarse y padecer la enfermedad, pero no pueden sostener eficientemente la transmisión.

En conclusión, la picadura de un mosquito es el resultado final de una cadena de decisiones sensoriales donde el dióxido de carbono, el olor corporal, la temperatura, la humedad, las señales visuales se integran para poder buscar una persona que pueda ser picada. Tras aterrizar, el mosquito sondea la piel, contrarresta a los mecanismos de coagulación de la sangre, mediante su saliva y utiliza sensores del estilete para reconocer vasos sanguíneos y poder alimentarse de sangre. Esta sofisticada biología permite que distintas especies exploten a los humanos como fuente de alimentación, y también a otros vertebrados y, al mismo tiempo, convierte la alimentación sanguínea en la vía de transmisión de numerosos patógenos. Comprender las claves de búsqueda del hospedero no sólo explica por qué pican los mosquitos, sino que proporciona datos científicos fundamentales para elaborar mejores repelentes, para elaborar trampas efectivas, que permitan controlar a las poblaciones de mosquitos y de esta forma combatirlos y evitar estas enfermedades. Así que un consejo nunca olvide al ir al mar llevar con usted un buen repelente que contenga DEET (N,N-dietil-meta-toluamida) de al menos 20%.