Por qué hay tantos jóvenes con ansiedad
Una “Generación ansiosa” es una expresión popular para describir la preocupación por el aumento de síntomas de ansiedad y malestar emocional en adolescentes y adultos jóvenes; no es una categoría clínica ni significa que todas las personas nacidas en una época tengan un trastorno. Conviene separar ansiedad ocasional, que es una respuesta normal ante la incertidumbre, de un trastorno, que requiere evaluación profesional por persistencia, intensidad y afectación de la vida diaria. La evidencia poblacional confirma señales de preocupación, aunque varían según país, instrumento empleado para su medición y el periodo estudiado.
En una encuesta realizada en los Estados Unidos de América, entre 2008 y 2018 se reportó que la proporción de adultos de 18–25 años presentó que el tener nerviosismo frecuente y ha aumentado desde de un 8.0% hasta un 14.7% en las primeras décadas de este siglo. Pero un poco tiempo después, durante la pandemia, se estimó que se incrementó hasta un 41%. Entre los factores que pueden influir en la transición hacia la adultez, la cual reúne exigencias educativas y laborales, decisiones vocacionales, autonomía económica y cambios en vínculos y en muchos casos cambios de lugar de vida.
Sin embargo, la vida digital merece atención, sin convertirla en explicación total. Una metaanálisis, esto es el análisis de mucho estudios científicos, con más de 55,000 adolescentes mostró una asociación entre más tiempo en redes sociales y síntomas depresivos. Esto se debe, al menos en parte, a que es frecuente en las redes sociales el compararse, sufrir ciberacoso, exponerse a contenido dañino o interrumpir el sueño, las cuales afectan la salud mental.
La pandemia añadió a lo anterior la pérdida de rutinas, aislamiento, incertidumbre, duelo, dificultades económicas y menor acceso a los servicios presenciales para la salud mental. En otra revisión de estudios sobre el COVID-19 mostraron que hay una mayor ansiedad asociada con menor edad, sexo femenino, condiciones mentales preexistentes, menor nivel socioeconómico y riesgo del contagio. Estas condiciones dejaron huella y quizás son responsables del incremento que se ha observado después de la pandemia.
Es por esto, que se debe promover una salud física integral, incluyendo la salud mental en los jóvenes combinando hábitos protectores como mantener horarios de sueño esto es despertarse y acostarse a una misma hora todos los días, actividad física regular, contacto presencial significativo con amigos y familiares; y otro es el de establecerse a uno mismo límites digitales elegidos conscientemente, por ejemplo, proteger el descanso y reducir interacciones que generan comparación o acoso.
En escuelas preparatorias y universidades se deben establecer políticas contra el acoso, facilitar horarios y espacios de descanso, capacitar a docentes y supervisores para reconocer a los alumnos con potenciales alteraciones conductuales, y a estos de inmediato transferirlos a los servicios de salud mental. La prevención debe ser universal promoviendo habilidades y entornos saludables esto es espacios para la convivencia, cafeterías, actividades deportivas, culturales y demás.
La terapia cognitivo-conductual cuenta con evidencia experimental para combatir los trastornos de ansiedad; en los casos que se requiera se debe agregar tratamiento con fármacos y tener seguimiento médico por varios meses. Ante riesgo inmediato de autolesión o suicidio, se debe acudir a urgencias o a servicios locales de crisis y avisar a una persona de confianza.
Para el futuro, la prioridad es dejar de responsabilizar a los jóvenes, es mejor enseñarles mediante una alfabetización emocional, protocolos claros de prevención y acceso oportuno a terapias eficaces, en este aspecto son las pruebas psicológicas, la herramienta que ayuda a establecer diagnósticos precisos. Pero sobre todo escuchar a los jóvenes para saber que les angustia y adaptar las respuestas a sus condiciones específicas y sobre todo prevenir con campañas asertivas de información y estar preparados con redes de atención dentro del campus Universitario y hacia servicios de salud mental con personal altamente preparado para el manejo de una crisis. Para usted amable lector no olvide platicar con sus hijos, familiares o amigos y haga usted una escucha activa, esto es atenta, esa quizás es la mejor arma con la que contamos para atacar a la ansiedad.
