Opinión

Pepe Chedraui ha gobernado de espaldas a la sociedad

José Antonio Cuéllar M.
José Antonio Cuéllar M.

Periodista con amplia trayectoria en noticiarios de radio y periódicos locales de gran tradición y prestigio. 

Caminar por las arterias del Centro Histórico de Puebla capital, recorrer sus parques y mercados, intentar ingresar a un centro hospitalario, o transitar por las colonias y juntas auxiliares, es atestiguar el fracaso absoluto de un gobierno distante a las necesidades de los capitalinos. Basura acumulada, inseguridad desbordada, trabajos de bacheo a paso de tortuga, deficiente alumbrado público, y una invasión desmedida de ambulantes en zonas públicas, componen el paisaje cotidiano de una ciudad abandonada.

A las puertas de su segundo informe de gobierno, la gestión de Pepe Chedraui enfrenta un naufragio estrepitoso y previsible en el que debía ser uno de sus compromisos prioritarios: la recuperación y el reordenamiento del espacio público.

El escenario no representa un mero inconveniente estético sobre las aceras; refleja la entrega cobarde del control territorial en las zonas más estratégicas de la capital. Los ciudadanos padecen a diario una atmósfera sofocante dominada por la delincuencia organizada, el robo de autopartes, la extorsión tolerada de los “viene viene” y cerros de desperdicios que convierten la vía pública en focos de infección insalubres.

Ante el caos imperante, la interrogante resulta demoledora: ¿se trata de una indolencia extrema o de una abierta complicidad operativa? Resulta escandaloso el contraste entre un edil enfocado en proteger e impulsar grandes intereses de escala privada —como los de su consuegro Carlos Slim, con un megaproyecto comercial y habitacional en la zona de mayor historia de la ciudad — y una autoridad municipal que da la espalda a transeúntes, comercios formales y enfermos que arriesgan la vida al intentar transitar entre la anarquía urbana.

El comercio informal se consolida, así como el sello distintivo del fracaso de esta administración. Las mesas de diálogo y los supuestos operativos coordinados por Pepe Chedraui y su secretario de Gobernación Municipal, Franco Rodríguez, han quedado al descubierto como burdos montajes mediáticos. Las fallidas estrategias oficiales se estrellan una y otra vez contra la realidad de un primer cuadro citadino secuestrado al igual que las zonas de mercados y hospitales, donde los que mandan son los grupos de ambulantes.

El ayuntamiento reconoce la existencia de decenas de organizaciones que controlan el ambulantaje en el municipio, como Fuerza 2000, Antorcha Campesina, 28 de Octubre y Los Moles, que manejan a cientos de comerciantes en los cuadrantes que van de la 2 a la 18 Oriente-Poniente.

El espectáculo es tan cínico como reiterativo: los líderes firman supuestos pactos de ordenamiento que respetan apenas 48 horas para simular gobernabilidad. Cumplido el trámite fotográfico, la marea de ambulantes vuelve a devorar la franja que va de la 2 a la 18 Oriente-Poniente, sabedores de que la autoridad municipal carece de la fuerza y del valor para hacer cumplir la ley.

A la manifiesta falta de voluntad política se suma una incapacidad operativa irrisoria. El pretexto gastado sobre la insuficiencia de inspectores ya no sirve como excusa, sino como acusación directa por la pésima distribución presupuestal. Mantener un cuerpo de supervisión raquítico transforma la aplicación de la norma en una comedia que destruye cualquier rastro de respeto hacia las instituciones.

Esta ausencia de fuerza en el territorio ha facilitado el auge descontrolado de los llamados “toreros” y la rápida reinstalación de estructuras semifijas. El gobierno municipal juega un papel ridículo al simular patrullajes que solo provocan el repliegue momentáneo de los vendedores, quienes recuperan sus posiciones apenas los inspectores dan la vuelta a la esquina.

Asimismo, la supuesta política de reubicación hacia mercados municipales ha colapsado por la tibieza institucional para someter a quienes violan la ley. Las agrupaciones imponen sus condiciones y rechazan los inmuebles ofrecidos por no considerarlos “atractivos”, exigiendo permanecer en zonas de alto flujo. El resultado es una competencia desleal inclemente que ahoga al comercio formal ante la mirada complaciente del ayuntamiento.

El rostro más deshumano y alarmante de esta permisividad se vive en los accesos a los hospitales San Alejandro, La Margarita, San José, o los del sur de la ciudad, que encarna la máxima expresión de un gobierno sin empatía. Los ambulantes invaden impunemente las aceras obligando a pacientes graves, adultos mayores y mujeres embarazadas a poner en riesgo su vida caminando entre los autos, y se obstruye el paso crítico de las ambulancias que trasladan pacientes en urgencia médica.

Pepe Chedraui llega a su segundo informe exhibiendo un gobierno rebasado, sumiso y arrodillado ante la anarquía. Pretender vender la narrativa de #Lacapitalimparable, resulta una afrenta burda para los ciudadanos que sufren la pérdida de sus espacios públicos. Gobernar de espaldas a la sociedad tiene hoy un costo directo que ya no solo mina la gobernabilidad, sino que pone en peligro diario la integridad y la vida de los poblanos.

Pregunta: ¿MORENA será capaz de permitir a Pepe Chedraui avanzar en su afán de reelegirse?

Más parece que el lema del gobierno capitalino es “#Lapueblaimparable, pero en violencia y anarquía.