Mujeres que aspiran, mujeres que deben transformar
Llegar a una alcaldía implica mucho más que ganar una elección: implica saber para qué se llega
Puebla se prepara para un nuevo proceso electoral. En 2027, las y los poblanos tendremos nuevamente la responsabilidad de elegir a quienes estarán al frente de nuestros municipios. Serán 217 presidencias municipales las que estarán en juego y, con ellas, la oportunidad de decidir qué tipo de gobiernos queremos para nuestras comunidades.
Y en este escenario quiero hablar de las mujeres.
No de una mujer en particular, ni de un partido, ni de una candidatura. Quiero hablar de nosotras. De las mujeres que tienen la inquietud de participar en política, que están considerando dar ese paso y que quizá, desde ahora, comienzan a preguntarse si vale la pena entrar a un espacio que históricamente ha sido difícil para nosotras.
Yo creo que sí vale la pena.
Pero también creo que debemos hablar con honestidad de lo que significa aspirar a gobernar.
Una mujer que decide buscar una presidencia municipal debe saber que no basta con tener una candidatura. No basta con ser mujer. No basta con cumplir con un principio de paridad.
Hay que estar preparada.
Hay que conocer el municipio que se pretende gobernar, escuchar a su gente, entender sus necesidades y tener claridad sobre las decisiones que se quieren tomar.
Porque la ciudadanía no necesita solamente mujeres ocupando espacios de poder. Necesita mujeres preparadas para ejercerlos.
La participación política de las mujeres ha avanzado y hoy existen reglas de paridad que buscan garantizar su presencia en las candidaturas. En Puebla, los lineamientos electorales establecen reglas para que las postulaciones a los ayuntamientos observen la paridad y, en determinados supuestos, que las candidaturas sean encabezadas por mujeres.
Pero la paridad numérica es solamente una parte del camino.
El verdadero reto está en convertir esa presencia en una participación efectiva y en gobiernos que respondan a la ciudadanía.
Los datos nos muestran que todavía existe una brecha importante. De acuerdo con información del Instituto Electoral del Estado de Puebla, en las elecciones recientes fueron electas mujeres en 47 de los 217 municipios, lo que representó 21.65 por ciento del total. (IEE Puebla)
Por eso considero que cada mujer que decida aspirar a una alcaldía debe hacerse, desde el principio, una pregunta fundamental:
¿Para qué quiero gobernar?
La respuesta debería ser mucho más profunda que un cargo, un sueldo, un reconocimiento o una posición de poder.
Porque llegar a una presidencia municipal significa asumir la responsabilidad de tomar decisiones que impactan directamente en la vida cotidiana de miles de personas.
Y aquí viene una de las partes más importantes de mi reflexión.
Una mujer debe cuidar sus ideales desde el momento mismo en que decide aspirar.
Durante una campaña habrá presiones, intereses, acuerdos, compromisos y muchas voces tratando de influir en las decisiones. Habrá personas que se acerquen ofreciendo apoyo y otras que quizá esperen algo a cambio.
Ahí es donde los principios realmente se ponen a prueba.
Porque es relativamente sencillo hablar de honestidad cuando todavía se está pidiendo el voto. Lo verdaderamente difícil es mantener esa honestidad cuando ya se tiene el poder.
Es fácil prometer que se escuchará a la ciudadanía cuando se está recorriendo una colonia. Lo difícil es seguir escuchando cuando se ocupa una oficina y las decisiones empiezan a generar intereses.
Y es justamente ahí donde, desde mi perspectiva, una mujer que llega a una alcaldía tiene una enorme responsabilidad.
No dejar que el poder transforme aquello que la llevó hasta ahí.
No olvidar a las personas que creyendo en ella depositaron su confianza.
No permitir que los intereses personales o de grupo estén por encima del interés público.
No confundir autoridad con superioridad.
Y no olvidar que un cargo público tiene fecha de inicio, pero también tiene fecha de término.
La política necesita mujeres que lleguen con carácter, pero también con sensibilidad. Mujeres que sepan tomar decisiones difíciles, pero que nunca pierdan la capacidad de escuchar. Mujeres que entiendan que gobernar no significa mandar sobre los demás, sino asumir la responsabilidad de servir.
Y esto no es una exigencia exclusiva para las mujeres. Es una exigencia para cualquier persona que aspire a gobernar.
Pero creo que las mujeres tenemos, además, la oportunidad de demostrar que la participación política femenina puede significar mucho más que ocupar una silla.
Puede significar abrir caminos.
Puede significar que una niña que hoy observa a su presidenta municipal pueda imaginarse algún día ocupando ese mismo espacio.
Puede significar que otras mujeres se atrevan a participar, a prepararse y a levantar la voz.
Puede significar que la política deje de ser vista como un espacio ajeno para convertirse también en un espacio donde las mujeres puedan aportar su visión, su experiencia y su capacidad.
Por eso, a las mujeres que hoy están pensando en participar en las elecciones de 2027 les diría algo desde mi propia perspectiva:
Si van a aspirar, háganlo con convicción. Si van a hacer campaña, háganlo con dignidad. Y si llegan a gobernar, no permitan que el poder les haga olvidar por qué comenzaron.
Porque ganar una elección puede ser un gran logro.
Pero gobernar con principios, conservar la cercanía con la gente y responder con honestidad a la confianza recibida es un desafío mucho mayor.
La ciudadanía tendrá en sus manos la decisión de elegir.
Y las mujeres que decidan participar tendrán en sus manos otra decisión todavía más importante: definir desde ahora qué clase de servidoras públicas quieren ser.
Porque una alcaldía no debe ser la meta.
Debe ser la oportunidad de transformar.
Y quizá esa sea la verdadera importancia de que más mujeres lleguemos a los espacios de decisión: no solamente demostrar que podemos ocuparlos, sino demostrar que podemos ejercerlos sin perder nuestros ideales, nuestra sensibilidad y, sobre todo, nuestro compromiso con la gente.
Porque una elección puede llevar a una mujer al poder; sus principios son los que deben decirle para qué está ahí.
