Más allá de la amenaza: reconocer a quienes sostienen los territorios
Si queremos proteger nuestros territorios, empecemos por reconocer a quienes los están cuidando
En 2025, de acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, diez personas fueron asesinadas en México por defender el medio ambiente, la tierra y el territorio. En ese mismo año, se documentaron 135 eventos de agresión y 314 agresiones. Las cifras son graves, pero es más alarmante acostumbrarnos a mirar la defensa del territorio solamente cuando aparece en forma de amenaza, criminalización o violencia. Porque detrás de la agresión, hay alguien que está defendiendo. Pienso en las juventudes, en las nuevas generaciones de defensores que realizan su labor desde una práctica cotidiana; impulsando proyectos de agroecología, creando áreas de conservación, recuperando conocimientos comunitarios, trabajando con infancias y adolescencias o encontrando en la educación ambiental una forma de proteger la biodiversidad.
Para algunas y algunos de ellos la palabra “defensora o defensor” les resulta demasiado grande no solo por la gran responsabilidad social y comunitaria que esta representa, sino también por los riesgos que conlleva y, sobre todo, porque existe una narrativa que ha ocupado los medios de comunicación donde solo los vemos por el riesgo de su labor, pero no por la importancia o contribución a nuestra sociedad, lo que una vez más, contribuye a no reconocer su defensa. Durante años se ha aprendido a mirar a las personas defensoras cuando existe un conflicto, al denunciar megaproyectos, al presentar recursos jurídicos, encabezar protestas o cuando reciben amenazas.
Considero que esa mirada es necesaria, pero a la vez insuficiente. Sabemos que en un país donde defender el agua, el territorio o los bienes comunes puede costar la libertad, la tranquilidad e incluso la vida, es irresponsable romantizar la resistencia. Pero también sería un error pensar que la defensa comienza únicamente cuando alguien se enfrenta al poder. Ésta en realidad empieza cuando una comunidad decide que un río no es solamente agua, que un bosque no es meramente madera, que la tierra no es solo una propiedad y que el territorio es más que un espacio. Inicia en el momento en que alguien aprende a nombrar lo que existe, a organizarse para cuidarlo y a transmitir la importancia de conservarlo.
Porque defender también es conocer, cuidar, organizar y construir. Esto debería cambiar también nuestra idea de protección. La propia Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas distingue entre medidas de prevención y medidas de protección: mientras las primeras buscan reducir los factores de riesgo y combatir sus causas, las segundas responden ante situaciones que ya requieren una intervención específica. La diferencia no es menor, ya que, si prevenir implica actuar sobre las condiciones que pueden generar o profundizar un riesgo, entonces proteger también significa fortalecer, desde antes, las condiciones que permiten que la defensa pueda continuar.
En ese sentido, la prevención no debería entenderse como un momento previo a la protección, sino como una de sus formas más necesarias. Indudablemente en México necesitamos mejores respuestas frente a la violencia contra quienes defienden el territorio, pero también es necesario aprender a mirar aquello que ocurre antes de ella. Pues perdemos de vista el impacto e importancia que tiene su labor, así como aquello que la impulsa: una conexión, un cariño y, sobre todo, la convicción de que la vida no humana también importa. Por eso creo necesario cambiar la forma en que hablamos de quienes defienden el territorio.
No son únicamente personas en riesgo, son personas que, bajo distintos nombres producen conocimiento, sostienen vínculos comunitarios, crean alternativas y mantienen vivos proyectos colectivos de vida. Tal vez esa sea la pregunta que debemos plantear es ¿qué estamos haciendo para reconocer y fortalecer la defensa antes de que tenga que convertirse en resistencia? Si queremos proteger nuestros territorios, tenemos que empezar por reconocer a quienes ya los están cuidando. Defender no es solamente impedir que un algo desaparezca; también es construir, desde hoy, las condiciones para que la vida, la comunidad y el territorio puedan tener futuro.
