Opinión

“Los ciudadanos; ¿pasan a segundo término?”

Rafael Micalco Méndez
Rafael Micalco Méndez

Licenciado en Administración UPAEP; miembro activo del PAN desde 1988; consejero nacional y estatal; expresidente CDM PAN Amozoc 1999; expresidente estatal PAN Puebla en 2006-2009 y 2012-2015; exdelegado federal del Trabajo 2010; exsecretario CEN PAN 2018. Ha sido diputado federal y actualmente es diputado local en Puebla.        

Mientras Morena pelea por el poder, Puebla reclama seguridad, salud y resultados

Hay algo que cada vez resulta más evidente en Puebla, mientras los ciudadanos enfrentan problemas reales todos los días, como robos, asaltos, secuestros, desaparecidos, etc., en Morena parecen estar más preocupados por quién será el próximo candidato, quién tendrá más reflectores y quién llegará mejor posicionado al 2027.

Y no lo digo por meterme en la vida interna de Morena. Su vida interna, sus decisiones y sus pleitos son asunto de ellos.

Pero cuando esa disputa interna comienza a involucrar recursos públicos, cargos públicos, obras públicas y promoción personal, entonces deja de ser un asunto exclusivamente de partido y se vuelve un asunto de todos los poblanos.

Además, cuando esas diferencias comienzan a hacerse públicas desde las propias instituciones de gobierno, entonces dejan de ser solamente un asunto partidista.

En Puebla, los hechos de los últimos días han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que cada vez resulta más difícil ignorar: ¿qué está pasando entre el gobierno del Estado y el Ayuntamiento de Puebla?

El proyecto anunciado por Carlos Slim y José Chedraui para Paseo de San Francisco es un buen ejemplo.

Pues ahí la discusión debería ser sencilla: revisar el proyecto, conocer sus alcances, verificar sus permisos, analizar su impacto urbano, ambiental y patrimonial y determinar si cumple con la legislación.

Pero después vino el ruido político, el Ejecutivo Estatal cuestionó públicamente que intereses personales, privados, empresariales o de negocios familiares puedan colocarse por encima del interés público, y habló de posibles escenarios de corrupción y abuso de poder cuando eso ocurra. Aunque no mencionó directamente a Carlos Slim ni a Pepe Chedraui en esa declaración, diversos medios la vincularon con el proyecto recién anunciado.

Entonces la pregunta aparece sola: ¿estamos solamente frente a una discusión sobre el futuro de Puebla o también estamos viendo los primeros efectos de una disputa política que tendrá consecuencias rumbo a 2027?

Y es precisamente ahí donde empiezan las señales que no podemos pasar por alto. Porque cuando los proyectos, las obras, las inversiones y hasta la comunicación institucional comienzan a mezclarse con la promoción permanente de quienes ocupan los cargos, la frontera entre gobernar y posicionarse políticamente se vuelve cada vez más delgada.

Porque una cosa es hacer política y otra muy distinta utilizar el gobierno para hacer campaña adelantada. Hoy vemos lonas, publicidad, presencia permanente en redes sociales, promoción de funcionarios y una utilización cada vez más evidente de los cargos públicos como escaparate político rumbo al 2027.

Pero ¿quién está pagando esa publicidad? ¿de dónde salen los recursos? ¿quién autoriza esas campañas de promoción? ¿se está gobernando para resolver los problemas de puebla o se está gobernando para construir candidaturas?

Porque mientras unos cuentan seguidores, otros cuentan muertos, mientras unos calculan encuestas, miles de familias calculan cómo conseguir una cita médica, cómo comprar un medicamento o cómo regresar con bien a casa, mientras unos se disputan los espacios políticos, Puebla sigue enfrentando problemas de seguridad, desapariciones, violencia contra las mujeres, homicidios y una enorme preocupación ciudadana por la capacidad de las autoridades para enfrentar al crimen.

Hemos visto expresiones ciudadanas, quejas y señalamientos por desabasto de medicamentos en el sector salud. Hay familias que no están pidiendo una publicación en redes sociales, ni una lona, ni un discurso, están pidiendo medicinas, médicos, atención, algo tan básico como poder salir de su casa y regresar con vida.

Y también hemos visto casos de personas desaparecidas, mujeres desaparecidas y hechos violentos que siguen preocupando a las familias poblanas, además de señalamientos y cuestionamientos sobre posibles vínculos entre autoridades y grupos delictivos que deben ser investigados y esclarecidos por las instituciones correspondientes.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿qué está siendo prioridad para quienes gobiernan Puebla y su capital?

Parece que en Morena ya comenzaron a repartirse el pastel antes de que termine la comida.

Y aquí aparece otro elemento que no podemos ignorar: los proyectos de inversión pública y privada también empiezan a convertirse en parte de esta disputa política.

Una obra pública no puede convertirse en una fotografía para redes sociales, una inversión no puede utilizarse como propaganda personal, ni un proyecto no puede ser presentado como trofeo político mientras los problemas básicos de la población siguen sin resolverse.

Puebla necesita resultados, no espectáculos. Necesita gobiernos que resuelvan, no funcionarios preocupados por quién aparece más veces en redes sociales.

Y esto es justamente lo preocupante: que la lucha por la sucesión ya está contaminando la agenda pública.

Porque en política nada ocurre de manera aislada, lo que pase en la capital impactará al Estado y lo que ocurra entre los distintos grupos de repercusiones políticas rumbo a 2027.

Hoy vemos a diferentes grupos de Morena midiendo fuerzas. Unos desde el gobierno estatal, otros desde el gobierno municipal y otros desde posiciones legislativas o partidistas.

Todos hablan de unidad, pero abajo de esa supuesta unidad se alcanza a ver una disputa que ya comenzó, y esa disputa tiene nombre y apellido: 2027.

Todavía falta tiempo para la elección, sí, pero la carrera ya comenzó. Y cuando una administración comienza a preocuparse más por la siguiente elección que por resolver los problemas de la gente, algo está fallando.

Porque gobernar no es hacer campaña, no es posicionarse, no es llenar las calles de lonas, gobernar es dar resultados, y en Puebla hay demasiados pendientes como para que las autoridades estén pensando solamente en quién será el próximo candidato.

Lo más grave es que esta pelea interna ya está metiendo a los poblanos entre las patas de los caballos, porque cada grupo quiere demostrar que puede más que el otro, cada funcionario quiere demostrar que tiene más fuerza. Y mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando, sigue esperando seguridad, medicamentos y justicia.

El 2027 todavía no llega, pero los poblanos ya están viendo quién gobierna, cómo gobierna y para qué gobierna, eso, en democracia, cuenta y cuenta mucho.

Y es que el poder también desgasta y la soberbia también cobra factura, al final la falta de resultados, tarde o temprano, se refleja en las urnas.

Todavía falta que los poblanos decidan qué quieren para 2027, si Morena quiere pelear por el 2027, que lo haga dentro de su partido, pero que no utilice el dinero de los poblanos, los cargos públicos ni las instituciones para hacerlo.

Porque una cosa es disputar el poder y otra muy distinta es gobernar para la gente.

Al final, serán los poblanos quienes tengan la última palabra y en 2027, más de uno podría descubrir que mientras estaba ocupado peleando por la candidatura, se le olvidó algo mucho más importante: gobernar.