Opinión

La prueba del ácido en la capital poblana

Miguel Ángel de la Rosa
Miguel Ángel de la Rosa

Político, abogado y contador público certificado. Nacido en Puebla. Como periodista ha sido colaborador en radio, televisión y periódicos locales. Como político ha sido Presidente Estatal del PRD. Funcionario en los poderes ejecutivo y legislativo federal y estatal.        

Las encuestas de otoño muestran saldos iniciales a favor de Morena, pero el balance final se decidirá en las urnas de 2027

En la política, como en la contabilidad y el derecho, los números fríos ofrecen una fotografía del momento, pero jamás el desenlace de la auditoría final. Rumbo al proceso electoral de 2027, la disputa por la alcaldía de la capital poblana ha comenzado a ocupar la agenda pública y a acelerar los tiempos de quienes aspiran a suceder al gobierno en turno. Estos perfiles tienen la mirada fija en aparecer en la boleta el día de la jornada electoral.

El escenario resulta no solo interesante, sino también apasionante, y no demorará en definirse de manera formal. Las alianzas, las rupturas internas y la designación de los rostros definitivos moverán el tablero de forma inevitable. Sin embargo, los datos duros acumulados hasta este otoño de 2026 marcan una tendencia clara en la intención de voto por partido, perfilando una contienda que, desde su origen, se concentra en dos grandes bloques.

En las mediciones de la firma Statistical Research Corporation (SRC), publicadas en septiembre de 2026, el partido Morena encabeza las preferencias con un 42.7 % en el municipio de Puebla, mientras que el PAN se ubica en la segunda posición con un 29.5 %. Esta ventaja inicial de dos dígitos para el partido oficialista sugiere un arraigo de la marca que sus competidores deberán picar piedra para erosionar.

Por su parte, la casa encuestadora GobernArte, en su informe difundido a finales de agosto de 2026, robustece esta fotografía al otorgar a Morena un 44.7 % de la preferencia efectiva, frente a un 28.1 % del PAN y un marginal 9.1 % del PRI. Estos números no solo ratifican la hegemonía de la izquierda en Puebla capital, sino que ponen de relieve la profunda crisis que atraviesa el tricolor, otrora gigante de la región, que hoy corre el riesgo de convertirse en un lastre más que en un activo para cualquier intento de coalición opositora. Con un PAN estancado por debajo del umbral del 30 % y un PRI debilitado, la estrategia de la oposición de centroderecha requerirá algo más que inercia partidista si pretende competir seriamente por el ayuntamiento capitalino.

Una perspectiva distinta, que introduce una dosis de prudencia y análisis de fondo, la ofrece el estudio de Cripeso, correspondiente también a septiembre de 2026. Este reporte expone un escenario de lealtad partidista mucho más cerrado, al registrar un 33.22 % para Morena y un 30.82 % para el PAN. La diferencia es de apenas un par de puntos porcentuales, lo que entra formalmente en el terreno del empate técnico si se toma en cuenta el margen de error estadístico. Esta variación en los porcentajes de ambos partidos delata un factor crucial: el alto porcentaje de ciudadanos indecisos o desencantados que no se identifican plenamente con ningún logotipo y que terminarán inclinando la balanza.

A fin de cuentas, el libro contable de la política poblana apenas se está abriendo. Los números de este otoño son indicadores valiosos para trazar las primeras rutas, pero en ningún caso representan facturas cobradas por adelantado. La verdadera auditoría la harán los ciudadanos en las urnas en 2027, donde el peso de las marcas partidistas deberá someterse a la prueba del ácido: la eficacia de los gobiernos actuales y el control de las estructuras en la calle.

En última instancia, las encuestas de este otoño no son decretos, sino radiografías efímeras de un tablero en constante mutación. La ventaja inicial de Morena y la resistencia del PAN adquieren un matiz distinto bajo el peso de un electorado indeciso que rehúsa alinearse de forma automática. De cara a 2027, la moneda sigue en el aire en la capital poblana: el desenlace no dependerá de las inercias ni de las siglas del pasado, sino de la capacidad de cada bloque para seducir a esa mayoría silenciosa que hoy observa en silencio y que, al final del día, firmará la sentencia definitiva en las urnas.