Opinión

La primera moneda de curso global era mexicana

Enrique Romero Razo
Enrique Romero Razo

Licenciado en Derecho por la Escuela Libre de Derecho de Puebla, con especialidad en derecho fiscal y empresarial. Se ha desenvuelto en los sectores público y privado. Además, se ha desempeñado como columnista; consultor de diferentes medios de comunicación en temas jurídicos; locutor de radio y conductor de televisión.

El real de a ocho, elaborado en la Casa de Moneda de México, la más antigua de América, fue la primera moneda universalmente aceptada en todo el planeta.

Hecha con plata proveniente de las minas de Zacatecas, Guanajuato y Taxco, viajó durante el siglo XVI mediante barcos tanto a Europa como al Lejano Oriente, siendo ampliamente aceptada en distintas latitudes.

La Nao de China la transportó hasta los puertos de aquel país, en donde los comerciantes no sólo la aceptaban, sino que le ponían su marca para dejar constancia de que había pasado por sus manos.

Incluso a Filipinas llegaron monedas mexicanas con marcas chinas que eran bien recibidas.

La razón: en una época en que las monedas eran frecuentemente adulteradas, el real de a ocho contenía verdaderamente la cantidad de plata que decía tener: ocho reales.

Tan es así que en Estados Unidos fue moneda de curso legal hasta 1857.

La costumbre de cortarla físicamente en ocho pedazos para realizar pagos de menor valor dio origen a expresiones relacionadas con las fracciones de una moneda.

Esa moneda sirvió de inspiración directa, en cuanto a su peso y valor se refiere, para la creación del dólar estadounidense y de diversos pesos latinoamericanos, además de ejercer una importante influencia en los sistemas monetarios de Asia.

Y, es más, una de las explicaciones históricas sobre el origen del signo del dólar —una “S” cruzada por una línea vertical— lo relaciona precisamente con el peso o real de a ocho.

Es decir, la que hoy por hoy es la moneda más poderosa del mundo no tuvo un origen completamente propio, sino que recibió una importante influencia de una moneda orgullosamente mexicana.

Por eso, cuando en la actualidad algún fascista color zanahoria presenta, a manera de burda broma, el mapa de su país abarcando territorio mexicano, deben recordarse las palabras de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum: México es una nación soberana que nunca será colonia de ninguna potencia extranjera.

Por ello, hoy más que nunca:

¡Que viva México!