Opinión

La milpa un valuarte de México ante el futuro

Benjamín Ortiz Espejel
Benjamín Ortiz Espejel

Ing. Agrónomo de la UAM Xochimilco, Antropólogo Social por el CIESAS Xalapa y Doctor en Ecología y Manejo de Recursos Naturales. Asociado del Programa LEAD COLMEX C5. Fundador de la Red de Patrimonio Biocultural de México. Actualmente profesor investigador de El Colegio de Puebla, A.C.

Un amigo hace poco me dijo que eso de promover la milpa era una noticia falsa.  Me quedé pensando y luego de investigar un poco concluí que eso no era cierto, pues desde una óptica geoestratégica a medida que avanzamos hacia la segunda mitad del siglo XXI, el orden global se enfrenta a una crisis multifactorial sin precedentes y donde la milpa tiene un papel protagónico. Revisemos el caso. El cambio climático antropogénico ha dejado de ser una proyección futura para convertirse en una realidad climática extrema, caracterizada por sequías prolongadas, degradación de suelos y la alteración de los ciclos pluviales tradicionales. De manera simultánea, las tensiones geopolíticas globales y la volatilidad de los mercados internacionales han evidenciado la fragilidad de los sistemas agroalimentarios hiperglobalizados y dependientes de insumos fósiles. En este adverso panorama, México se encuentra ante la imperiosa necesidad de redefinir su estrategia de producción de alimentos, frente al agotamiento del modelo de la Revolución Industrial Verde, es ahí donde mi amigo no logra ver que la milpa —un policultivo mesoamericano milenario— emerge no como una reliquia del pasado, sino como un baluarte estratégico de vanguardia.

A contracorriente de mi amigo y seguramente de muchos, sostengo la tesis de que la revitalización y escalamiento del sistema milpero es una condición indispensable para garantizar la seguridad y la soberanía alimentaria de la nación frente a las turbulencias ecológicas y geopolíticas que definirán las próximas décadas. El núcleo de la resiliencia de la milpa radica en su sofisticada arquitectura ecológica, fundamentada en la sinergia de la “triada mesoamericana“: el maíz, el frijol y la calabaza, complementados por quelites, chiles y una vasta biodiversidad asociada. A diferencia de los monocultivos extensivos que dominaron el siglo XX, los cuales requieren enormes cantidades de fertilizantes sintéticos y son altamente vulnerables a las plagas, la milpa opera bajo principios de asistencia mutua. El maíz proporciona el soporte físico para que el frijol trepe; el frijol, a su vez, alberga bacterias del género Rhizobium en sus raíces que fijan el nitrógeno atmosférico en el suelo, nutriendo la tierra de forma natural; finalmente, las amplias hojas de la calabaza cubren el suelo, actuando como un acolchado vivo que retiene la humedad y frena el crecimiento de hierbas competidoras.

De cara a la segunda mitad del siglo XXI, donde la escasez hídrica y el aumento térmico serán la norma en el territorio mexicano, esta capacidad de retención de humedad y conservación biológica del suelo es crítica. Además, la milpa resguarda una inmensa variabilidad genética de semillas nativas y criollas que han coevolucionado con los microclimas de México durante milenios. Estas variedades poseen una resistencia intrínseca a la sequía, las altas temperaturas y las plagas emergentes que los híbridos comerciales de laboratorio difícilmente pueden replicar de manera sostenible en el largo plazo.

En el plano internacional, la segunda mitad del siglo XXI está marcada por la relocalización de cadenas de suministro, el nacionalismo de recursos y los conflictos geopolíticos que encarecen la importación de alimentos básicos y agroquímicos. La dependencia estructural que México mantiene respecto a la importación de maíz amarillo y fertilizantes nitrogenados del exterior representa una seria vulnerabilidad a la seguridad nacional. Un bloqueo comercial, un conflicto armado transcontinental o un colapso logístico global podrían interrumpir el suministro de alimentos básicos en cuestión de semanas.

Frente a esto, la milpa promueve el concepto más estricto de soberanía alimentaria: el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas agrícolas y de alimentación. Al basarse en la conservación e intercambio comunitario de semillas nativas y en el uso de bioinsumos locales, la milpa desvincula la producción de alimentos de las fluctuaciones de Wall Street y de la dependencia petrolera internacional. Este sistema fomenta circuitos cortos de producción y consumo que fortalecen las economías rurales, reduce la huella de carbono asociada al transporte de larga distancia y asegura que el control de la alimentación permanezca en manos del campesinado mexicano y del Estado, no de corporaciones transnacionales.

Más allá de sus ventajas estrictamente agronómicas y geopolíticas, la milpa es la base de la dieta tradicional mexicana, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El sistema milpero provee una alimentación balanceada de carbohidratos complejos, proteínas complementarias, ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales. En una era donde las enfermedades metabólicas derivadas del consumo de alimentos ultraprocesados imponen una carga financiera insostenible para el sistema de salud pública mexicano, el retorno a los alimentos de la milpa representa una estrategia preventiva de salud pública de primer orden. Asimismo, la milpa es el soporte de la identidad, la cohesión comunitaria y el tejido social de las comunidades indígenas y campesinas, frenando la migración forzada y la desarticulación del campo.

El sistema milpero no debe ser interpretado como una vuelta al pasado idílico, sino como una biotecnología ancestral de profunda vigencia científica. Ante la confluencia de la crisis ecológica global y los quiebres geopolíticos de la segunda mitad del siglo XXI, apostar por el monocultivo intensivo y dependiente del exterior es una receta para la vulnerabilidad nacional. El Estado mexicano debe implementar políticas públicas integrales que trasciendan el asistencialismo, invirtiendo en infraestructura comunitaria, investigación agroecológica y mercados justos para la milpa. Al proteger y potenciar este ecosistema productivo, México no solo honra su legado histórico, sino que construye un escudo soberano y resiliente capaz de alimentar con dignidad y autonomía a las generaciones venideras en el siglo más desafiante de la era moderna, algo que mi amigo debería saber.

Es por lo anterior que celebro que el martes 8 de octubre se haya realizado el Foro La Milpa Mexicana impulsado por la Red de Patrimonio Biocultural de México y por El Colegio de Puebla A.C. refrendando la vigencia e importancia de esta vital estrategia agronómica de México para el mundo.

Referencias:

Espinoza-Sosa, R. E., Santiago-Meza, E., & Martínez-Ramos, M. (2025). La milpa, análisis y revalorización de un sistema ancestral para la producción agrícola de alimentos. Enfoques Transdisciplinarios: Ciencia y Sociedad, 9(1), 72–85.
Lázaro-Castellanos, J. N., Morales-Velasco, S., & Rosset, P. M. (2020). El papel de la milpa en la seguridad alimentaria y nutricional en la comunidad náhuatl de Ocotal Texizapan, Veracruz. Polibotánica, (50), 279–296. SciELO México.
Martínez-Gómez, F., & Sánchez-Morales, T. (2023). Diversidad biológica del sistema milpa y su papel en la seguridad alimentaria en la Sierra Mixe, Oaxaca. Revista Fitotecnia Mexicana, 46(2), 105–113.