La importancia de recordar
Romantizamos el pasado eliminando lo malo, cuando eso es también parte de nuestra historia
Estamos hechos de recuerdos. Como personas nos definen muchas cosas, bueno, desde que empezamos a tener memoria. Según los especialistas, dicen que después de los 3 años empiezas a recordar. Vaya, tiene que ver con el uso de razón, aunque conozco gente de más de 30, 40 o 50 que aún no llega a ese momento. Mi mamá dice que yo me acuerdo de cosas desde que estaba en su vientre, haciendo referencia a que me acuerdo de todo.
Siempre lo digo, muchas veces en privado, ahora lo hago en público: no sé si me gusta recordar todas las cosas. Quizá a veces los malos recuerdos sería bueno eliminarlos. La ignorancia tiene sus ventajas, dicen que el que nada sabe nada teme. Algún día escribí: “La ignorancia es valiente… y cuando se junta con la desesperación”, pero esa es otra historia.
Pero esos malos recuerdos son la verdadera maestra de la vida. Sí, así como Cicerón decía de la historia, al final, ¿qué son los recuerdos sino parte de nuestra historia? Esos tragos amargos que a veces persiguen, cuando los llegas a madurar, son los que te hacen crecer y ser mejor persona, que es de lo que se trata esto.
Como sociedad también tenemos memoria. Recordamos fechas. En casa, por ejemplo, un dos de octubre no se olvida. En Texmelucan recordamos el diecinueve de diciembre por las explosiones ocurridas en 2010. En México recordamos el 19 de septiembre por los temblores del 85, pero también el de 2017. Generalmente, las fechas más recordadas son estas escenas trágicas, y así debe de ser. Gracias a estas dos fechas, en especial, tenemos algo de cultura en Protección Civil.
También nos dejan aprendizajes, ya que los maduramos. Pero también tendemos a olvidarlos. Así como olvidamos lo malo de algunos gobiernos, o como despreciamos lo bueno de otros. Tendemos a romantizar el pasado. Ernesto Sábato lo explica muy bien en su novela El Túnel. Decimos que todo tiempo pasado fue mejor. La realidad es que le tenemos tanta nostalgia a lo pasado, a los que ya no están, que felizmente llegamos a eliminar lo malo que hubo atrás.
Este pensamiento es contrario a la esperanza. Juzgar si los tiempos que corren son mejores o peores, creo, es una discusión bizantina, como aquella de la cual surge ese adjetivo, derivada de la discusión hecha en Bizancio sobre cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler… Los tiempos fueron y los tiempos son, ni mejores ni peores.
Así nos pasa con los gobiernos. Imagínense, ahora la campaña del PRI está basada en romantizar el tiempo pasado. Y ahora quien derrotó al sistema y que yo decía que la historia le iba a quedar a deber, hoy dice que son los buenos. Vale la pena que veamos los datos duros, es más, que veamos la gran serie de los sexenios hecha por Enrique Krauze, que retrata el sistema político mexicano. Les confieso, hay veces que veo algún capítulo en una noche de insomnio. Háganlo, si no les gusta, al menos conciliarán el sueño.
Cuidado con romantizar a los verdugos del pasado, podemos caer en un síndrome de Estocolmo. Recordar lo malo es crecer.
Apunte al aire
Así como recordamos, también se tiene derecho a festejar. Como en pocos lugares, y puedo presumir que influí en eso, en San Martín la fiesta patronal en honor a San Martín Obispo de Tours está establecida en el Bando de Policía y Buen Gobierno. Idea de un muy buen amigo, Gonzalo Galván, y que pudimos sustentar en que, a pesar de la división Iglesia-Estado, de la que soy ferviente admirador, los gobiernos tienen la responsabilidad de reconocer las costumbres del pueblo. Es parte de generar bien común. Sin eso no hay bienestar.
Celebro que el Gobierno de San Martín se tome tan en serio las fiestas del pueblo en honor a San Martín, trayendo a artistas de talla nacional. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que es el Gobierno que mejor lo ha hecho en ese rubro. Quizá vendrán las críticas, seguro, vaya. Y estarán las voces diciendo: “Mejor que lo invierta en x o y”. Pero pues para todo hay dinero, y como ya dijimos, el reconocimiento a las fiestas del pueblo construye el bienestar.
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