Opinión

La depresión en jóvenes universitarios, ¿Qué debemos hacer??

La salud mental de los estudiantes universitarios se ha convertido en una preocupación creciente en todo el mundo. Durante este siglo se ha reportado un aumento de síntomas depresivos entre los jóvenes universitarios (18 a 22 años), una etapa caracterizada por importantes cambios personales, académicos, psicológicos y sociales. La transición desde la adolescencia hasta la adultez implica asumir nuevas responsabilidades, tomar decisiones sobre el futuro profesional y adaptarse a entornos desconocidos, factores que pueden convertirse en fuentes importantes de estrés. Uno de los factores asociados con la depresión en la población universitaria se debe a que los jóvenes suelen enfrentar altas cargas de trabajo, evaluaciones constantes, presión para obtener buenos resultados y preocupación por su futuro laboral. Estas exigencias pueden generar sentimientos de ansiedad, frustración cuando las expectativas personales o familiares parecen difícil de alcanzar.

Una investigación en estudiantes universitarios mostró que niveles elevados de estrés académico se relacionan significativamente con un menor bienestar psicológico lo que puede favorecer la parición de síntomas depresivos.

Adicionalmente, las estrategias que emplean los jóvenes para confrontar sus problemas desempeñan un papel fundamental. Por ejemplo, se ha identificado que un afrontamiento negativo, esto es aquel caracterizado por conductas como la evitación, el aislamiento o la negación de los problemas incrementa le riesgo de presentar depresión. Asimismo, la rumiación de los problemas, entendida como la tendencia a pensar repetidamente en las preocupaciones de la vida diaria; o bien sobrevalorar los errores como una experiencia muy negativa, también se asocia con mayores síntomas depresivos.

Cuando los estudiantes carecen de las habilidades afectivas para manejar las dificultades de la vida diaria, los desafíos cotidianos se perciben como amenazas difíciles de controlar, lo que genera angustia y ansiedad. Es relevante también cantidad y la calidad el sueño diario, de tal forma que hay que asegurarse dormir al menos 6 horas diarias y en un horario regular en la hora de irse a acostarse. Sobre todo, porque durante la etapa universitaria es común que los estudiantes alteren sus horarios de descanso debido a sus tareas, exámenes o actividades sociales.  Las investigaciones científicas muestran que el sueño insuficiente y otros hábitos poco saludables se relacionan con un mayor riesgo de desarrollar problemas emocionales. La falta de descanso afecta la capacidad de concentración, el rendimiento académico, y la regulación de las emociones. Aumentando la vulnerabilidad ante la depresión.

Las relaciones sociales también desempeñan un papel decisivo al ingresar a los estudios universitarios, por lo que se deben buscar redes de apoyo afiliándose a equipos deportivos, culturales, artísticos, entre otros son de gran ayuda. Muchos jóvenes al alejarse de su familia, el cambio de su ciudad los aísla y deben buscar nuevas amistades para buscar un soporte físico y emocional. En diversos estudios se ha mostrado que la percepción de apoyo social funciona como un factor protector frente a la depresión. De tal forma, que los estudiantes que cuentan con relaciones de amigos y compañeros presentan menores niveles de estrés y un mejor bienestar psicológico. Por el contrario, la soledad y el asilamiento aumentan considerablemente el riesgo a desarrollar síntomas depresivos. A estos factores se suman las dificultades económicas, ya que el costo de los estudios, aunados a los de manutención y la incertidumbre al futuro laboral pueden generar una carga emocional considerable.

Muchos estudiantes deben entonces combinar sus estudios con actividades laborales para sostenerse económicamente, una situación que reduce el tiempo disponible para el descanso, las relaciones sociales y el autocuidado. La evidencia científica muestra que las preocupaciones financieras constituyen una fuente importante de estrés psicológico entre los jóvenes universitarios.

En conclusión, la promoción de estilos de vida saludables, el fortalecimiento de las redes de apoyo y el acceso oportuno a servicios de salud mental constituyen herramientas esenciales para reducir el impacto de la depresión y favorecer el desarrollo integral de los jóvenes que estudian una carrera universitaria.