Opinión

La conciencia moral se muestra en las acciones

El problema moral se plantea personal y libremente, pero no es factual ni práctico

Para continuar nuestro análisis respecto a la relación entre Ética y Política resultará muy útil aclarar las siguientes aseveraciones propias de la posición del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein, con el cual la filosofía del lenguaje se constituyó en la disciplina filosófica por excelencia.

Esto es así porque el lenguaje natural, que aprendemos y usamos cuando realizamos un sinnúmero de actividades, constituye nuestra conceptualización de la realidad que nos rodea y de la que formamos parte. Gracias al lenguaje describimos, damos órdenes, bromeamos, cortejamos, engañamos, rezamos, y todos estos usos que le damos al lenguaje constituyen distintos juegos de lenguaje, que no son meras palabras, sino que van entrelazadas con las acciones que realizamos.

Así, ser usuario del lenguaje moral equivale a saber emplear expresiones como “no debo permitir el uso de la fuerza entre mis alumnos” o “es tu deber no asistir a esa reunión”. Se siente empatía o animadversión por ciertas acciones u omisiones, se aplauden unas y se repudian otras y, obviamente, esta aprobación o desaprobación se muestra en la conducta correspondiente. El lenguaje moral, en suma, refleja los valores del sujeto y esta interiorización de conceptos morales va conformando la ‘conciencia moral’. (cfr. Tomasini Bassols Alejandro, Ensayos de Filosofía Popular)

“La conciencia moral …es …algo que ‘se muestra’…un rasgo de las personas que adquiere realidad a través de su expresión pública, lingüística y extra-lingüística.”

Esta publicidad de la conciencia moral es fundamental para entender que las reglas morales están más allá de las inclinaciones personales, pues tienen que ver con el sentido común, la noción de bien general y su efectividad para promover la convivencia más armoniosa posible. “Una sociedad sin una moralidad pública y de facto aceptada por la inmensa mayoría sería una sociedad inviable…no sobreviviría”.

Podríamos decir que hay una conexión esencial entre la conciencia moral y la moralidad pública y esto es lo que hace posible emitir juicios respecto a la conducta de los demás, así como emitirlos respecto a nosotros mismos. Así, una acción se vuelve “moral” cuando nos enfrentamos a ella desde la perspectiva del deber, consistente en la necesidad de actuar de cierto modo por el respeto que nos inspira la regla moral relevante, y al ofrecer razones de nuestra acción u omisión, somos nosotros mismos los que “creamos” o cancelamos los dilemas morales: “lo que le parece un dilema moral a una persona puede no resultarle un dilema a otra.”

Nuestro autor señala cinco rasgos del problema moral:

1. es enteramente personal, 2. se plantea libremente, 3. no es reducible a cuestiones prácticas o factuales, 4. los “horizontes morales” pueden ser estrechos o amplios, o sea reconocer deberes hacia un determinado grupo de personas o hacia todas y, en mi opinión, el crucial 5. “A través de lo que el sujeto hace y dice sus valores afloran y no hay forma de que los oculte.”

Digo que este último rasgo es crucial porque, aunque el problema moral sea un problema que uno se autoplantea, esto no significa que el que nos lo planteemos o no, no sea objeto de la valoración o juicio de los otros, de las personas que no soy yo.

En otras palabras, un problema moral, aunque personal, no es privado, así como las reglas morales y principios que hago míos no son privados. Son reglas y principios que he asimilado por mi convivencia en sociedad, y en determinadas circunstancias acudo a ellos para justificar ante mí y ante los demás mi acción u omisión.

Podría pensarse que siendo el problema moral un problema personal, no necesitaríamos justificar ante nosotros mismos la acción o inacción, pero es perfectamente imaginable una situación en la que nadie, más que yo, sabe lo que hice o no hice, y ante esto reprocharme o no, arrepentirme o no.

De cualquier manera un problema moral, aunque personal, no es privado, porque de ser así, cualquier acción u omisión de la persona estaría justificada por el simple hecho de ser el resultado de su decisión individual: ‘Como me parece que está bien, entonces está bien’.

Creo que las anteriores aclaraciones respecto a ‘conciencia moral’, ‘deber’, ‘problema moral’, ‘regla moral’ y demás nos permitirán abordar seriamente la relación entre ética y política.