Hispanidad negada
Negar nuestro pasado siempre hará que nos cueste construir nuestro futuro.
“Cuando los españoles vinieron a conquistarnos”, “se llevaron todo nuestro oro”, “nuestra cultura era mejor que la de ellos”… y así puedo seguir con un montón de frases que, por cierto, no las dicen ni en náhuatl, ni en purépecha o zapoteco; se dicen en castellano y tienen dentro de sí muchas falacias. Siento que escucho a un niño negando a su padre porque se quedó huérfano y le contaron cosas feas de él. Pero tampoco se siente muy identificado con su madre, a quien no conoce, aunque la ensalza y no sabe bien a bien cómo fue.
El 12 de octubre es el Día de la Hispanidad. Creo que es buen momento para quitarnos de la cabeza algunos mitos, al menos tres:
Los españoles vinieron a conquistarnos.
No podría ser, porque el concepto de México no existía. En este territorio de Mesoamérica no existía ni un solo Estado-nación, ni una sola identidad étnica, no se hablaba solo un idioma, etc. Todo lo contrario, había muchos pueblos enfrentados entre sí, donde para 1521 uno tenía supremacía sobre los demás. Quizá la afirmación correcta sería: el Reino de España conquistó a los pueblos que habitaban en estas tierras identificadas como Mesoamérica. Recordar: no hay México sin conquista.
Se llevaron todo el oro.
Durante el Virreinato, la minería novohispana destacó por su producción de plata y no de oro. La plata novohispana se usó para comprar porcelana, textiles, especias y otras mercancías asiáticas. Existía un circuito comercial que conectaba América, Europa y Asia. Mucha parte de la riqueza se quedó y circuló en la Nueva España. Vaya, falta solamente ver las iglesias, la Capilla del Rosario o Santo Domingo de Oaxaca.
Nuestra cultura era mejor que la de ellos.
Habría que definir cuál de todas las culturas que existían en Mesoamérica. Pero calificar como mejor o peor y, además, decir nuestro o suyo, creo que no va. Nosotros somos fruto de la gran mezcla entre los pueblos mesoamericanos y los reinos de la península ibérica. Con sus virtudes y sus defectos, pero somos fruto de ello.
Negar nuestra hispanidad es como negarnos a nosotros mismos. Lo vuelvo a decir, es como negar que somos hijos de nuestros padres. Lo escribí la semana pasada: nuestra historia, buena o mala, es maestra de la vida. El ocultar o tomar con recelo alguna parte de nuestra historia nos hace más pesado el camino, nos hace a veces estar perdidos. Como ya lo escribí, si no sabes quién eres, ¿cómo saber a dónde vas?
Ojo, y lo apunto por si las dudas, por supuesto que existieron abusos en el proceso de la conquista y, claro que la repartición hacendaria fue inequitativa. Vaya, ese fue el origen del espíritu independentista. Como muchas cosas, la economía es lo que terminó de empujar las causas. Quizá Maquiavelo tenía razón cuando decía algo así como que un hombre puede olvidar que le mates a su padre, pero nunca que le quites una propiedad. Algo así escribía en El Príncipe.
Apunte al aire
Viene la temporada de informes. La favorita de los políticos que son presidentes municipales, pero ¿es la favorita de los ciudadanos? En lo personal, y como alguien a quien le gusta esto de la gobernanza, me gusta detenerme más en la glosa del informe. Me explico:
De acuerdo con la Ley Orgánica Municipal del Estado de Puebla, después del informe que rinde el presidente municipal, los directores y/o secretarios encargados de los diferentes despachos de un municipio deben de comparecer ante los regidores. La ley establece que el Cabildo definirá las formas en que se realizará dicha glosa del informe.
Ese ejercicio a veces queda fuera del ojo público, pero en verdad es interesante desmenuzar el trabajo municipal. Es la única forma de conocer los verdaderos aciertos y los errores de todas las administraciones municipales. Aunque también muchas veces son los regidores quienes quedan exhibidos.
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