EU y China la nueva agenda bilateral
Desde que Donald Trump regresó a la presidencia de Estados Unidos, las relaciones comerciales con China han estado marcadas por una política arancelaria agresiva. En 2025, en plena escalada, Washington elevó los gravámenes sobre productos chinos hasta un máximo del 145%, mientras China respondía con aranceles de hasta el 125%. Trump también impuso un arancel del 20% vinculado al tráfico de fentanilo, que luego se redujo al 10% como parte de la tregua. A estos se suman los aranceles de la Sección 301 heredados de su primer mandato y medidas sectoriales sobre acero, aluminio y automóviles. Como resultado, la tasa arancelaria efectiva media sobre importaciones chinas se situó en torno al 47 % tras la tregua de octubre de 2025 la más alta entre los principales socios comerciales de Estados Unidos. Estas medidas buscaban reducir el déficit comercial y presionar a China, pero generaron represalias, disrupciones en las cadenas de suministro y un armisticio temporal que ahora está en riesgo.
El jueves 24 de septiembre de 2026, Trump recibirá a Xi Jinping en la Casa Blanca para su segundo encuentro del año, después de la visita del presidente estadounidense a Pekín en mayo. Será una visita de Estado de tres días: Xi llegará el 23 a la base aérea Andrews, donde Trump lo recibirá personalmente, habrá ceremonia de bienvenida, revista militar, reunión bilateral y una cena de Estado en el Salón Este. El viaje concluirá el 25 con una visita conjunta a los Archivos Nacionales. Previamente, el secretario del Tesoro Scott Bessent y el representante de Comercio Jamieson Greer negocian en Nueva York con el viceprimer ministro chino He Lifeng para preparar el terreno.
Los temas principales de la agenda son comerciales y tecnológicos. Destaca la continuidad de la tregua comercial pactada en Busan en octubre de 2025, que vence el 10 de noviembre y suspendió parte de la escalada arancelaria. Ambas partes discuten posibles reducciones arancelarias recíprocas sobre bienes por valor de unos 30.000 millones de dólares, un aumento de las exportaciones estadounidenses de productos agrícolas y aviones Boeing hacia China, y garantías sobre el suministro de tierras raras y minerales críticos, esenciales para la industria tecnológica, vehículos eléctricos y defensa. La inteligencia artificial también estará sobre la mesa: competencia en chips avanzados, controles de exportación y posibles medidas de seguridad. Otros asuntos incluyen la relación de China con Irán y, de forma más sensible, Taiwán.
El encuentro busca estabilizar la relación bilateral y evitar una nueva guerra comercial que afectaría a la economía global. Posibles acuerdos incluyen la prórroga de la tregua, compromisos concretos de compra de productos estadounidenses, mecanismos de diálogo sobre minerales e inversión, y avances en la reducción de barreras no arancelarias. Un resultado tangible daría previsibilidad a los mercados y permitiría a Trump exhibir victorias comerciales ante las elecciones de medio mandato, mientras China busca mayor acceso y estabilidad. Sin embargo, las diferencias estructurales en tecnología, seguridad y geopolítica persisten, por lo que el éxito dependerá de la voluntad de ambos líderes de priorizar la cooperación sobre la confrontación.
La estrategia de Trump es agendas bilaterales para no depender de los organismos internacionales multilaterales en materia de comercio y geopolitica. Por eso la agenda del TMEC es bilateral y deja fuera a Canadá.
