El liderazgo en las organizaciones: una asignatura pendiente
En el debate sobre la sociedad civil mexicana se habla constantemente de la falta de recursos, de las restricciones fiscales y de una cultura de donación aún incipiente. Pero hay una pregunta que rara vez se hace: ¿quién dirige estas organizaciones? Y más aún: ¿qué ocurre cuando quien las fundó se retira, se agota o simplemente ya no está? México enfrenta una crisis silenciosa de liderazgo en el sector no lucrativo: la generación fundadora envejece y las nuevas generaciones de directivos no se están formando de manera sistemática.
Las universidades difícilmente promueven al sector como una alternativa de desarrollo profesional, sin embargo, todas necesitan de profesionales para dirigir sus esfuerzos, contar con sangre nueva que inyecte vida, que implemente estrategias digitales y que se convierta en la generación del sector que garantice el futuro de las instituciones sociales.
Un estudio ampliamente citado lo advierte desde su primera línea: “existe una gran cantidad de investigación sobre liderazgo en el ámbito empresarial y político, pero casi ninguna sobre ONG“. Esa carencia de conocimiento es aún más pronunciada en México.
Hay mucha diferencia entre un directivo privado y uno social, un directivo exitoso en el sector privado no necesariamente sabrá conducir una organización social. El líder de una ONG debe sostener una misión con recursos escasos, responder a múltiples rendiciones de cuentas, cuidar las obligaciones fiscales, contar con poco personal y sobre atender el entorno cambiante del sector.
En México, una gran cantidad de organizaciones depende fuertemente del carisma y la reputación de su fundador y que sucede cuando el deja de estar al frente por un proceso natural o un proceso de institucionalidad y fortalecimiento de su estructura, muchas de las personas fundadoras en México están entrando en edad de retiro. La experiencia global muestra que, cuando las ONG no cultivan deliberadamente a sus “líderes de segunda línea” el declive suele comenzar en el relevo generacional.
Las instituciones educativas están empezando a ver esta oportunidad y se han creado oportunidades de profesionalización o capacitación como el EGADE Business School lanzo en Nuevo León “Programa de Profesionalización para Dirigentes de OSC”, la Ibero Puebla lanzo el “Diplomado en Alta Dirección de Organizaciones No Lucrativas” algo mas puntual fue UnidOSC creó el curso “Activando el relevo generacional: gestión e incidencia de las OSC”.
La universidad de alta dirección y emprendimiento de Aguascalientes UNADE y la Fundación Majocca crearon en este año el Diplomado universitario en Procuración y Desarrollo de Recursos, específicamente para directivos de nueva generación en temas como el desarrollo de una organización y que en el mes de noviembre se graduara la primera generación, con un costa mas accesible o alcanzable para organizaciones mexicanas sin disminuir su calidad.
La profesionalización del liderazgo en las ONG mexicanas enfrenta obstáculos estructurales.
Primero, la retención de talento. Los salarios del sector no lucrativo rara vez compiten con los del sector privado o público. Quienes se quedan lo hacen por la misión, pero la misión sola no sostiene una carrera de largo plazo y eso provoca una gran rotación en el sector y escape de talento.
Segundo, el relevo generacional. Como advirtió el foro “Construyendo el Futuro de las OSC“, el reto no es solo atraer jóvenes, sino “retenerlos y ofrecerles oportunidades de desarrollo y participación en la toma de decisiones, una participante lo planteó con claridad: “es fundamental que se reconozca a los jóvenes como actores estratégicos para el desarrollo del país”.
Tercero, la tensión entre gobernanza y urgencia. Muchas organizaciones operan en modo reactivo: apagan incendios todos los días. La planeación estratégica, la evaluación de impacto y el desarrollo de equipos quedan postergados. Pero son precisamente esas prácticas las que permiten que el liderazgo se institucionalice más allá de una persona.
La fortaleza de una sociedad civil no depende solo de cuántas organizaciones existen, sino de si esas organizaciones pueden sostenerse, adaptarse y renovarse en el tiempo. Y eso, en última instancia, depende de su liderazgo.
México ya dio los primeros pasos: diplomados, programas de profesionalización, cursos de relevo generacional. Pero la escala sigue siendo insuficiente frente al tamaño del sector. Formar líderes para las ONG no es un lujo ni un ejercicio académico: es una condición para que la solidaridad mexicana —esa que se expresa en donaciones masivas y en miles de iniciativas comunitarias— se convierta en cambio social duradero.
Las universidades deben incentivar la participación de los estudiantes en organizaciones, pero más allá de un servicio obligatorio si no en planes estratégicos, planeaciones, cambios, diseño de planes a largo plazo que los motive a conocer al sector y desear trabajar en él.
Redes de directores sin formalizar tanto su actuar, pero donde se generen ideas, se intercambien información, se compartan recursos y necesidades, es otra de las grandes deudas que tenemos en la sociedad civil organizada.
En México, el sector no lucrativo genera alrededor del 3% del PIB y 7% de los empleos formales no es menor su importancia para el desarrollo del país, por eso es una excelente oportunidad desarrollarse profesionalmente en él.
Asociaciones imparables
El municipio de Puebla que dirige Pepe Chedarui lanzo una convocatoria de recursos ampliando el monto a diferencia de otros años y en estas alturas del año cuando las convocatorias están cerradas, esto alienta a las organizaciones a presentar proyectos de impacto y a sumarse a una política social del municipio, reconocemos este esfuerzo.
Esto es “LETRAS CON CAUSA”.
@chavadona
