El erotismo de la ternura
El deseo también puede nacer de la ternura, el cuidado y la capacidad de acompañar sin poseer
Bienvenidas, bienvenidos… y que la suerte esté siempre de su lado. Ya saben lo que sigue, ¿verdad?
Vamos a subirnos al tren de la cosecha de tributos porque estamos a menos de un mes de que se estrene la nueva película de la precuela de Los juegos del hambre, y quiero invitarlas a que repasen conmigo a uno de los personajes medulares de esta saga, el señorito —redoble de tambores por favor, porque ya sabemos cuánto disfruta el escenario— Peeta Mellark.
¡Ya lo sé! Me van a decir: Pero Yazz, ¿cómo pasas de monstruos como Heathcliff a un panecito literario? ¿Qué les digo? ¡Es un don!
Yo creo que nos merecemos diversidad a la hora de estar disfrutando del placer de leer. Mis queridas niñas, no todo tiene que ser convulsivo y reprobable para darnos placer —nótese mi sarcasmo—.
La talentosísima Suzane Collins, nos dio en Los juegos del hambre, uno de los personajes más entrañables de la literatura contemporánea.
Peeta nos demuestra que el deseo literario no necesita construirse únicamente desde un físico imponente, la dominación, la promesa de violencia o la obsesión como hemos explorado con nuestros personajes anteriores, con Peeta, el deseo también puede nacer de la capacidad de cuidar sin arrebatar, sin poseer y sin moldear a gusto propio.
En Sinsajo hay una frase preciosa de Katniss: “Finalmente, puede ver quién realmente soy. Violenta. Destructiva. Manipuladora. Mortal. Y lo odio por eso.”
Y se preguntarán ¿Cómo puedes encontrar belleza en esa frase?
Por dos razones mis amores.
La primera: Katniss admite lo que lleva tres libros viendo en el espejo de su subconsciente. Ella ha matado para sobrevivir y se siente poco merecedora del afecto de alguien, y es aquí donde entra Peeta.
El segundo: él era su último bastión para aferrarse a su humanidad. Él representa, sí, el interés amoroso de la saga, pero también está asociado directamente al pan, un detalle nada pequeño pues el pan, al menos en esta saga, no solo representa el alimento, sino el cuidado, la supervivencia de la memoria de un país hecho trizas, la gratitud hacia una persona que no tenía que hacer nada mientras ella moría de hambre bajo la lluvia y aun así, lo hizo y esa conexión con el hombre que la salvo de la inanición se vuelve irrompible.
Peeta la alimenta y con esto, la salva a ella y a toda su familia. No pueden negarme que hay algo profundamente íntimo en alguien que se preocupa primero por si ya has comido. De hecho, es una forma de lenguaje de amor, solo que aquí Peeta no lo hace con una intención romántica del tipo: —Con esto me gano a la chica. — sino como un acto de humanidad y es aquí donde comienza el erotismo de este personaje.
Durante los tres primeros libros de la saga, Peeta nunca necesitó dominar el carácter indomable de Katniss. Sabemos de sobra que, por ejemplo, Darcy tiene poder social, Heathcliff posee, Grenouille arrebata y Sidney se sacrifica, pero Peeta, nuestro hermoso panadero hace algo mucho más demoledor para todas aquellas que intentamos encontrar nuestro camino; él acompaña.
No pretende convertir a Katniss en una extensión de sí mismo, a eso me refería con que no intenta moldearla a lo que él considera correcto, porque no necesita mostrarse más fuerte, ni moralmente superior a ella porque su amor la acompaña en todo el trayecto que va recorriendo. En la saga, ella es la protagonista y Peeta lo sabe, pero no intenta disminuirla para poder sentirse grande.
Pregunta seria chicas, ¿Cuántas veces hemos tenido que hacernos chiquitas para que nuestras parejas no se sientan inferiores?
La masculinidad poco convencional de Peeta no descansa en su cuerpo, digo, aunque Josh Hutcherson hizo un excelente trabajo en la pantalla, en el libro, Suzane lo describe muchísimo más alto que Katniss, fornido y muy fuerte, pero no es su físico lo que nos hizo suspirar por él, fue la ternura con que la miraba, la voz suave y pausada con la que le explicaba el mundo a Katniss, esas manos enormes y fuertes que pudieron destrozar y eligieron crear arte, crear pan para alimentar a otros y plantar flores en lugar de crear bombas —coff coff— te hablo a ti Gale.
¿Cómo no nos vamos a derretir frente a un tipo que crea, que sostiene y acompaña, sin necesidad de dominar?
Y si, sé que a este señorito el Capitolio le juega muy mal después del tercer vasallaje. Después del condicionamiento del presidente Snow, Peeta es reducido a un objeto manipulable, un arma cuyo objetivo principal es destruir a Katniss.
Esto me hace cuestionar, ¿Qué sucede con el erotismo de un personaje cuyo propio cuerpo deja de pertenecerle?
Porque el Capitolio no solo le arrebata su identidad, su consentimiento y la autonomía de su precioso cuerpo, hiere profundamente la esencia de su humanidad. No importaba cuánto fuera torturado, él seguía siendo fiel a su amor por ella, así que la única forma de destruirlo fue transformar ese amor en miedo. Porque cualquier humano, por miedo, es capaz de destruir el objeto de su temor.
Porque a ver, Peeta desea a Katniss, eso no está en duda y durante su infancia la observó, aprendió a reconocer en ella sus patrones, sus gustos y su mal genio, incluso reconoce en ella cosas que ni ella misma conoce. Y no vamos a caer aquí en la idea de que él es un acosador, de acosadores hablaremos la próxima semana, hablamos de un hombre que intenta comprender a la mujer por la que literalmente vive y muere.
Por eso, cuando el Capitolio lo fragmenta, es en Katniss en quien se refugia para poder comprender su nueva realidad, su nueva forma de ver las cosas y a separar lo real de no real.
Peeta sabe que ella no le pertenece, no porque no sea de él, ¡Vamos! Todos sabemos que Katniss está prendidísima de este hombre desde el primer libro, sino porque no intenta convertirla en un premio.
Los juegos del hambre están plagados de gente que constantemente quiere apropiarse de ella para controlarla, utilizarla, venderla o cosas peores y entre ese torrente de gente sin escrúpulos, Peeta solo quiere amarla sin convertirla en una propiedad.
Porque mientras Gale la descalifica, se burla y reclama por su relación con Peeta mientras ejerce sobre ella una presión constante que puede leerse como coercitiva al haberse convertido en un superviviente a lo que su flecha inició, Peeta se convierte en aquel que aprende a conocerla nuevamente y nuevamente se vuelve a enamorar, en aquel que la protege de sí misma —recordemos que evita que se tome la jaula de noche luego de darle matarile a Coin— la alimenta, la ayuda a volver a tener motivos para seguir conservando la poca humanidad que una experiencia de este tipo le dejó.
Entonces Yazz, ¿Qué clase de hombre resulta erótico cuando el mundo entero te obliga a convertirte en arma?
Y este es mi momento porque voy a citar a la Oreja de Van Gogh: el que elige cargar su arma como un clavel.
El Capitolio lo convirtió en un arma y ¿saben qué? Les dijo: ¡jódanse! Que yo nací para amar y amar es lo que pienso hacer.
Los fantasmas nunca se fueron, a veces volvían en sueños, pero Peeta aprendió a identificar a esos fantasmas en su cabeza, que, curiosamente, en un mundo en el que todo lo que brillaba era garantía de valioso, él entendió que los recuerdos que brillaban eran justamente los recuerdos apócrifos que la revolución le dejó.
Sus pesadillas solían ser sobre perder a Katniss y despertar y verla a su lado alejaba a todos los mutos que el Capitolio hubiera implantado en su mente.
Al final no importaba si ganaba los juegos, pudo mantener vivo el amor por la mujer a quien lo programaron para destruir solocon una pregunta que no lo hacía vulnerable, ni menos hombre, ni menos deseable ante los ojos de Katniss, sino que lo convertía en ese diente de león en primavera, en la promesa de que la vida puede continuar aun con tantas pérdidas, en el amarillo brillante que ella tanto necesitaba para sobrevivir.
Así que, tributos, ustedes deciden: ¿Esto que les digo, es real o no real?
Nos vemos el próximo domingo.
