Día Nacional del Maíz y la Milpa Mexicana
El maíz es originario de México, y por la evidencia hallada en Coxcatlán, Puebla, sabemos que su cultivo inició hace siete mil años. Su domesticación permitió que los grupos nómadas se volvieran sedentarios, convirtiéndose así en el sustento de los pueblos mesoamericanos, con 64 razas de este grano (Gobierno de México, SADER, 2015).
En 1492, Cristóbal Colón llevo el maíz a España y de ahí se extendió al norte de África, Oriente, India y China. Es el único cereal americano entre los principales cultivos del mudo. La cosecha anual 2025-2026, estimada por el Servicio Agrícola Exterior del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) es de 1,297.4 millones de toneladas (www.3tres3.com, 2026).
De acuerdo con la misma fuente, los principales países productores de maíz son: Estados Unidos, con 432.3 millones de toneladas (ton); China, con 301.2; Brasil con 132; la Unión Europea, con 57; Argentina, con 52; y, Ucrania, con 30.7.
En México, la producción ha fluctuado cerca de 22 millones de toneladas de maíz blanco, pero se posiciona como el mayor importador, con compras externas de 26.3 millones de toneladas para abastecer sus necesidades internas y complementar su consumo total anual cercano a las 48 millones de ton.
La superficie sembrada de maíz en México ha fluctuado en alrededor de 7 millones de hectáreas (has) anualmente, con rendimientos cercanos a 3 toneladas por hectárea, una cifra que no se ha movido en los últimos 40 años. Aproximadamente el 85% de lo sembrado es de temporal; el 80% de los productores son de autoconsumo, ya que sólo siembran para comer y, normalmente, no les alcanza lo que producen para todo el año. Cuando llegan a vender, lo hacen barato al final de la cosecha, pero vuelven a comprar para los meses de marzo a mayo al doble o triple del precio vendido.
El récord mundial en producción de maíz lo ostenta Ernesto Cruz González, un ingeniero agrónomo y productor de Jalisco, México, que en China ha logrado 44.04 ton/ha., en 2019. En Estados Unidos, el productor David Hula, ha logrado 38.67 ton/ha. Ambos casos, son la muestra del potencial que todavía hay por avanzar en el rendimiento, pero por ahora, ha sido suficiente para los agrónomos y autoridades en México seguir sintiendo el orgullo de ser centro de origen.
El maíz fue uno de los primeros cultivos que sembré en Tecomatlán, Puebla, en los primeros días de junio, al inicio de las lluvias. Fue maíz blanco, cuarenteño o tehuacanero. Cuando se hacía tarde para la siembra, a finales de junio, se utilizaba el de color porque es más rápido en crecer. Casi siempre le agregábamos frijol de guía y calabaza. Para agosto había ejotes y flores de calabaza, y para septiembre elotes. Fue nuestra base de la alimentación familiar complementada con chile, tomate o jitomate.
Este sistema de cultivo asociado se denomina Milpa Mexicana y comúnmente se compone de maíz, frijol y calabaza, pero puede contener otras especies asociadas al mismo tiempo o en forma escalonada en el mismo ciclo o en ciclos secuenciales a fin de aprovechar mejor el espacio y el tiempo. Hay diversas variantes en las distintas regiones de México entre las que están la Milpa Maya, la Mixteca o del Altiplano. Hay muchas Milpas. Mi papá la practicaba porque decía que si había buen temporal cosecharía de todo, pero si había sequía, al menos habría frijol o calabaza que tienen menores requerimientos de agua y ciclos más cortos.
Contrariamente a lo que muchos creen, la milpa mexicana se fue perdiendo. Primero, por la pobreza en la que han vivido los campesinos que se han visto obligados a comerse las semillas. No es cierta la versión de que las han resguardado. Se han ido perpetuando porque de la misma cosecha se guarda para el siguiente ciclo. Sin embargo, no ha habido muchos campesinos genetistas, seleccionadores y mejoradores de semillas porque no tienen los conocimientos, ni medios, ni el apoyo técnico. La formación de genetistas en las universidades nacionales ha sido muy limitada. Las grandes empresas dominan casi el 85% del mercado.
Entre los factores que han limitado la producción de maíz se encuentra el tamaño reducido de parcelas, la dependencia del temporal que hace incierta la producción, las limitaciones para acceder a servicios técnicos como la capacitación, el acompañamiento, la mecanización, los insumos y el financiamiento. La fragmentación de unidades productivas junto con un arraigado individualismo en donde todos hacen de todo, dificulta avanzar en la productividad.
La desvinculación de la enseñanza, investigación y políticas públicas con estas realidades, acentúa las dificultades para resolver la problemática. Hay un grave desconocimiento de la pirámide productiva nacional agroalimentaria en los centros de enseñanza agronómica y de investigación; y, aunque nos mencionaron ligeramente los sistemas de producción como la milpa, la realidad es que la enseñanza agronómica recibida fue fraccionada a cultivos básicos, fruticultura, aves, bovinos de carne, bovinos lecheros, parasitología, economía, sociología, bosques o agroindustria. Además de todo esto, los estudiantes pierden la vinculación con sus comunidades.
Lo anterior ha derivado en continuar perpetuando una cultura productiva con múltiples prácticas extractivas para resolver las necesidades diarias de las familias, que hoy nos tienen con altos niveles de deterioro ambiental, tales como la pérdida de suelo, vegetación y fauna; las aguas residuales sin tratar; los residuos sólidos sin manejo; los bajos rendimientos agroalimentarios, así como la pobreza.
En este contexto y en el marco del Día Nacional del Maíz, y con el objetivo de visibilizar la Milpa Mexicana y la Agricultura de Conservación, a fin de revisar lo realizado y proponer lo que falta para impulsar este gran sistema agrícola, el próximo 6 de octubre, vía Zoom, El Colegio de Puebla A.C. y la Red Temática sobre el Patrimonio Biocultural de México, realizaremos el Foro Nacional Milpa Mexicana.
