¿Cultura vs infraestructura?
¿Infraccionar o educar?, la respuesta se encuentra en la “cultura vial” de los conductores
Durante el año 2024 tuve la oportunidad de realizar unos trabajos de campo en el estado de Baja California. En el tema de la movilidad, las comparaciones entre ciudades son necesarias para identificar fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas.
Algo que verdaderamente me sorprendió es el respeto hacia el peatón, y los que conocen las ciudades de Ensenada, Tijuana, Rosarito o Mexicali no me dejarán mentir: no existen topes ni semáforos en cada esquina y, aun así, los automovilistas detienen su marcha en cada intersección y dan el paso al peatón de forma natural, sin molestias, sin claxon. Evidentemente, este fenómeno queda en lo cultural por encima de lo técnico.
El índice de motorización de los municipios del norte de la República es muy alto; según datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO), diversas alcaldías de la frontera y del norte del país superan con creces los 500 o incluso los 600 vehículos por cada mil habitantes, llegando a promediar una relación cercana a un vehículo por cada dos personas. A lo anterior se debe considerar que, por ser una región fronteriza, está inundada de vehículos de procedencia extranjera (legal o ilegal).
Se puede inferir que el porcentaje de viajes en transporte público es de menos de 20 % del total de viajes; la mayoría de habitantes se desplazan en auto particular y, con motivo de viaje trabajo, casi todas las empresas proporcionan transporte de personal.
Salvo en contadas excepciones, las ciudades del noreste no cuentan con una infraestructura robusta que proteja a los peatones o impida hechos de tránsito: mantenimiento marginal en semáforos, paraderos, señalización. Es más, los escasos congestionamientos son solo por minutos, ya que de inmediato y de forma natural los conductores aplican el “uno por uno”.
¿Infraccionar o educar?
La respuesta se encuentra en la “cultura vial” de las ciudades, tomando como premisa que “cultura” es todo lo que el ser humano crea, aprende, comparte, transmite y, sobre todo, imita; la sociedad poco a poco está tomando sentido de la “falta de educación vial” como factor en los hechos de tránsito. Como ejemplo: ¿cuánto cuesta pasarse una luz roja en…?
- Estados Unidos, la multa puede llegar a costar hasta 500 dólares, unos $8,600.00 pesos, dependiendo del estado, la ciudad y si la infracción fue detectada por un oficial de policía o por una cámara automática. En caso de acumular 5 infracciones, puedes ser arrestado y llevado ante la corte, el automóvil confiscado y rematado.
- Japón, 18,000 yenes, unos $2,000.00; sin embargo, si la autoridad considera que el semáforo era vital, con alta presencia de peatones o cerca de una escuela, procede la cárcel.
- Alemania, hasta 360 euros, dependiendo de la velocidad con la cual violaste la luz roja, unos $6,800.00. Las multas se ejecutan por vía judicial, por lo que la sanción acabaría en el Juzgado de lo penal o equivalente.
En nuestra hermosa Ciudad de Puebla, la multa es de $1,407.00 y si pagas antes de 5 días obtienes un descuento del 50%. Esta burda comparación escapa de la capacidad adquisitiva de cada país, lo sé; es polémica, sin lugar a dudas, un ejemplo para la reflexión. ¿Qué es mejor, sancionar o educar?
Intolerancia hacia otros modos de transporte.
Al parecer, nadie se salva de la configuración del odio e intolerancia hacia otras formas de transporte, ya sea por condición o convicción. Discriminar a otro porque creemos que nuestra forma de trasladarnos es la más importante, la relevante, y que por ello todos los otros medios y vías se deben rendir, apurarse, ocultarse; en otras palabras, desaparecer. Lo anterior es el síntoma de la ausencia total de educación vial o en movilidad. La configuración básica de la hostilidad podría enlistarse así:
- Automovilistas vs. peatones y ciclistas.
- Ciclistas vs. peatones.
- Usuarios de transporte público vs. operadores.
- Automovilistas, ciclistas y peatones vs. personas con discapacidad, tercera edad y mujeres embarazadas.
- Al final… operadores de transporte público vs. el resto del mundo.
¿Y quién debe educar?
Una propuesta que ha manejado la AMTM Puebla es incluir la materia “educación vial” o “introducción a la movilidad” o equivalente al sistema educativo estatal, como opción optativa o terminal, mediante una ruta legislativa que pudiera incluir, reformar y, en su momento, adicionar articulado y fracciones a la Ley de Educación del Estado de Puebla, teniendo como objeto la prevención de hechos de tránsito. Incluir la “educación vial” o equivalente en el último semestre de bachillerato, donde el examen final sea la obtención de la licencia de conducir. El horizonte promedio para Puebla serían 200 mil estudiantes de educación media superior anual con la sensibilidad y responsabilidad para conducir un vehículo y compartir su cultura vial.
Evidentemente, el Estado mexicano tiene corresponsabilidad; sin embargo, en la familia (indistinto del tipo) es donde se inculcan los valores, a través del ejemplo. La conducta de los jóvenes en el manejo debe ser controlada o fiscalizada no solo por policías viales, sino también por los padres, lo cual no significa que los mismos suplanten funciones, sino que velen por la seguridad de su propia familia, inculcándoles respeto por la vida, propia y ajena.
“Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía”. José Vasconcelos, frase seguramente acunada (y recordada) en Notre Dame.
