Opinión

Cuando la mercadotecnia se vuelve arma y la IA se vuelve cómplice

Mario Arturo Méndez Brito
Mario Arturo Méndez Brito

Maestro en Mercadotecnia con más de 45 años de experiencia en marketing, comunicación e imagen pública. Autor de Usar en Caso de EmergencIA y creador del podcast Marketing que Conecta, comparte análisis y estrategias para fortalecer marcas, empresas y líderes.

La mercadotecnia debería ser una herramienta para entender al ser humano. Hoy es un arma para manipularlo. Y con la IA en el juego, las mentiras se producen en serie, los sesgos se automatizan, y el votante no se entera de que lo vendieron

Que tal mis queridos lectores de e-consulta, seguramente al buscarme en mis redes sociales en Facebook, X y Linkedln notan que mi principal elemento es la mercadotecnia y por investigaciones propias con diferentes mercados y otras de especialistas en el tema, muchos desconocen lo que significa hacer mercadotecnia con profesionalismo y conocimiento, por eso en este artículo, iremos descubriéndolo.

Primero, un acto de justicia. La mercadotecnia nunca fue el problema. Su esencia es entender a la gente: por qué compra, por qué cree, por qué rechaza. Entender sus hábitos, sus miedos, sus deseos y sus patrones de decisión. Un buen mercadólogo es, antes que nada, un buen observador. Sabe que el consumidor no siempre dice la verdad, pero vota con su comportamiento. Sabe que detrás de cada dato hay una persona, y que las personas tienen emociones, sesgos y pereza.

Y luego alguien tomó todo eso y lo puso al servicio de la política.

La mercadotecnia política en México llegó a un punto vergonzoso. Durante la elección presidencial de 2024, el gasto en publicidad política en redes sociales alcanzó máximos históricos, pero el problema no fue cuánto se gastó, sino en qué se gastó. Según datos de organizaciones de observación ciudadana, más del 40% del contenido de publicidad política en México incluyó información engañosa o no verificada, y buena parte de ella fue generada con herramientas de IA.

Esa es la primera derrota: la mercadotecnia pasó de “entender a la gente” a “manipularla”. Entender al consumidor requiere escuchar. Manipular al votante solo requiere repetir. Entender toma tiempo. Manipular solo toma un algoritmo.

Cuando la IA entró en la comunicación política, la cosa se puso más interesante. Si te gustan las películas de catástrofes, claro.

Antes de la elección mexicana de 2024, varios partidos fueron señalados por usar IA para generar “encuestas” falsas y “declaraciones” de candidatos. Circuló un video ampliamente compartido en el que un candidato decía algo profundamente controversial. Después se comprobó que era un deepfake. El video se reenvió al menos 1.2 millones de veces en WhatsApp. La desmentida llegó a menos de 80 mil personas.

Esa es la primera consecuencia real de la IA en la mercadotecnia política: la mentira se produce en serie, la desmentida siempre llega tarde.

Pero el problema más silencioso es el sesgo algorítmico. Un estudio del Tecnológico de Monterrey de 2025 encontró que los principales modelos de lenguaje, cuando se les pregunta sobre política mexicana, citan las opiniones de votantes urbanos de clase media 3.2 veces más que las de votantes rurales. En otras palabras: la IA, al aprender qué es “opinión pública”, adoptó automáticamente las preferencias urbanas de clase media como “mainstream”, y diluyó sistemáticamente las voces rurales, indígenas y de bajos ingresos.

Eso no es una falla técnica. Es la tecnología copiando fielmente la estructura de poder existente y disfrazándola de “datos objetivos”. La mercadotecnia debería ayudarnos a ver al consumidor ignorado. La IA, en la política, nos ayuda a fingir que ese consumidor no existe.

Un caso concreto en México

En 2025, en una elección local de la Ciudad de México, un candidato publicó una serie de fotos y videos de “recorridos comunitarios”. En las imágenes aparecía agachado hablando con ancianos, comprando en el mercado, sonriendo frente a niños. Después, una investigación de Animal Político reveló que al menos 6 de esas fotos eran generadas con IA, y que los videos de los “recorridos” usaban imágenes de banco y voz sintetizada. El candidato nunca estuvo en esos lugares.

¿Cuánto costó producir ese contenido? Menos de 5,000 pesos. Una producción publicitaria tradicional habría costado al menos 200,000 pesos, más coordinación de tiempos, locaciones y personal. La IA volvió la mercadotecnia política extremadamente barata, extremadamente rápida y difícil de rastrear.

¿Y quién paga la cuenta? El votante. Ve a una persona y vota por otra. El primer principio de la mercadotecnia es “conoce a tu consumidor”. El primer principio de la publicidad política con IA se convirtió en “conoce qué tan fácil es engañar a tu consumidor”.

Esto no es un ataque contra la mercadotecnia. Al contrario, es un intento de rescatarla.

La mercadotecnia de verdad es la marca mexicana de alimentos que, tras la pandemia, descubrió que el consumidor necesitaba “sensación de familia” y no “slogans de salud”, y ajustó su comunicación. Es la marca de bebidas que descubrió que los jóvenes ya no creían en el “éxito” y empezó a hablar de “autenticidad”. La mercadotecnia de verdad es dedicar tiempo a escuchar, ver y entender, no dedicar tiempo a engañar, inventar y falsificar.

La IA puede ayudar a la mercadotecnia a hacerlo mejor. Puede analizar volúmenes enormes de datos y encontrar segmentos ignorados. Puede probar distintos mensajes y ver cuál conecta de verdad. Puede poner a marcas pequeñas y grandes en la misma línea de salida. Pero con una condición: que quien la use sepa qué está haciendo y para qué.

El problema de la mercadotecnia política en México no es que la IA sea demasiado poderosa. Es que quienes la usan son demasiado flojos. No quieren entender al votante, quieren manipularlo. No quieren investigar, quieren generar acciones en segundos. No quieren enfrentar a personas reales, quieren enfrentar datos.

En 2026, la voz de la presidenta de México fue clonada con IA para promocionar un plan de motos que no existía. En 2025, un candidato usó IA para generar recorridos comunitarios que nunca ocurrieron. Ese mismo año, un anuncio de Spider-Man que no existía hizo que la gente fuera a buscarlo a una estación del metro.

Todas estas cosas tienen algo en común: aprovechan tu confianza en lo “real”.

Ves un video y lo crees. Ves una foto y la crees. Ves una historia conmovedora y la crees. Pero la IA ya aprendió a hacer que “lo que tú crees” sea barato. No necesita convencerte. Solo necesita que no tengas tiempo de dudar.

La lección más importante que nos da la mercadotecnia es: no mires el anuncio, mira el producto. En la era de la IA, esa lección se convierte en: no mires el contenido, mira la fuente. No mires la emoción, mira la evidencia. No creas solo porque “sientes” que es verdad.

Porque en esta época, lo que sientes es lo más fácil de falsificar.

Mañana por la mañana, cuando abras el teléfono y veas un mensaje que te haga enojar, emocionarte o tener miedo, ¿lo vas a reenviar primero, o vas a preguntar antes: “¿esto será verdad?”

Porque en esta época, preguntar es la única capacidad que la IA no puede reemplazar.