A 20 años de Sabersinfin
El próximo lunes 12 de octubre se cumplen veinte años de la fundación del movimiento científico, cultural y poético Sabersinfin.
Aunque el dominio Sabersinfin.com —con el que comenzaría a materializarse un proyecto social nacido en Puebla y proyectado hacia el mundo, particularmente hacia Latinoamérica— fue registrado el día 6 de aquel año, consideramos el día 12 como el inicio simbólico de Sabersinfin. La fecha posee una profunda carga histórica y cultural, vinculada con el llamado descubrimiento de América y con el comienzo de un proceso de encuentro, conflicto y transformación entre los pueblos europeos —en particular, el español— y los pueblos originarios de estas tierras.
Todo empezó años antes de aquel octubre. En una de las sesiones del doctorado en Educación Permanente que cursé, reflexionamos sobre la noosfera, entendida como la “esfera del pensamiento humano” o la capa de conciencia planetaria. El concepto fue desarrollado a inicios del siglo XX por el geólogo ruso Vladimir Vernadsky y los pensadores franceses Pierre Teilhard de Chardin y Édouard Le Roy.
Antes de iniciar mis estudios doctorales, mientras cursaba la maestría en Formación Permanente en el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE), realicé una de mis primeras tareas sobre las bases de la participación social. Publiqué aquel trabajo en un sitio argentino y, con el paso de los meses, se convirtió en un contenido muy citado, referenciado y reproducido en otros medios impresos y digitales.
Esa experiencia me permitió comprender que era importante hacer visible nuestro saber y crear condiciones para compartirlo con otras personas, más allá de nuestras fronteras. El conocimiento que no se comunica corre el riesgo de quedarse encerrado en la experiencia individual; cuando se comparte, puede abrir preguntas, tender puentes y contribuir a la vida colectiva.
Aquel pasaje fue muy significativo para mí. Años después, con más experiencia y formación en la visión innovadora y disruptiva del CIPAE, y a propósito de la noosfera, comprendí que internet podía ofrecer la infraestructura para hacer visible y poner en circulación esa “atmósfera del pensamiento”. Imaginé que, mediante el intercambio de ideas y saberes, podía propiciarse una inteligencia colectiva orientada a fines constructivos.
Eran los días del concepto de aldea global y de los principios de la Web 2.0, que convirtió a los usuarios de internet en creadores y participantes activos de sus contenidos. En ese horizonte, compartir dejó de ser una posibilidad reservada a unos cuantos: se volvió una práctica capaz de enlazar voces, experiencias y comunidades.
En septiembre de 2006, mientras laboraba en el Instituto Estatal de Educación para Adultos de Puebla (IEEA), mi cabeza no paraba de dar vueltas en torno a la educación permanente, la gestión de la información, la participación social, la cultura de paz, las nuevas tecnologías y la prospectiva como motor de transformación. Todo ello estaba envuelto por la idea de la noosfera.
Comprendí que una manera de evitar que esas inquietudes se quedaran solo en mi mente era iniciar un sitio web que hiciera posible compartir saberes. Por eso pedí una cita con el doctor Luis G. Benavides Ilizaliturri, director del CIPAE y uno de los grandes educadores de nuestro tiempo. Quería exponerle mi idea y pedirle orientación sobre el nombre que podría llevar el proyecto.
Llevaba una lista de cinco opciones, entre ellas, Sabersinfin. El doctor Benavides las leyó y advirtió de inmediato lo que yo todavía no había alcanzado a ver: en ese nombre estaban contenidas la tesis, los propósitos, los fines y la profundidad filosófica del proyecto.
Después de aquella reunión, acudí con mayor convicción a la apertura del sitio web. Fue un primer gran paso, uno de esos que transforman una inquietud personal en una responsabilidad compartida.
El doctor Luis G. Benavides fue el primero en confiar en los pilares de la iniciativa. Luego recibí el respaldo de mis compañeros de posgrado y amigos Alejandro Barroeta Aguilar y Raúl García Tlapaya. Los primeros contenidos fueron mis tareas de la maestría. Más adelante, aceptaron enviarme sus poemas y escritos dos personas brillantes y muy queridas: Caridad Jacinto Hernández Hernández y Jesús del Pilar Rocha.
Así empezó todo: con una idea, unas páginas compartidas y la confianza de quienes decidieron sumar su voz.
No ha sido fácil, pero ha valido la pena. Hoy, veinte años después, estoy en condiciones de afirmar que hemos hecho historia en diversos ámbitos del quehacer cultural, educativo, intelectual y poético de Latinoamérica. Sabersinfin ha sido, ante todo, una construcción colectiva: una comunidad que ha reunido personas, ideas y expresiones distintas bajo la convicción de que el saber crece cuando circula y se pone al servicio de los demás.
También hemos inspirado e influido a otros proyectos e iniciativas de carácter social y humanista.
Afortunadamente, hoy contamos con documentos y testimonios muy valiosos de esta travesía: la Proclama de Educación Permanente, de mi autoría; la Carta de Barrios Educadores, escrita por Luis Fernando Paredes Porras, Eréndira Armas y un servidor; el Manifiesto del Saber Infinitista, del doctor Miguel Ángel Martínez Barradas; y los cinco libros que el doctor Salvador Calva Morales ha dedicado estudiar diversas aristas sobre el saber infinitista.
A este acervo se suman las investigaciones del doctor Enrique Canchola Martínez sobre las repercusiones cerebrales de la poesía de Salvador Calva Morales y de la mía, así como una extensa colección de artículos sobre el cerebro, la educación permanente, la poesía y el saber infinitista. También contamos con los artículos de investigación de la maestra Nancy Almassio sobre Filigramma, revista del Círculo de Escritores Sabersinfin, y sobre la Agenda de Poesía Latinoamericana Actual; además de diversas tesis de posgrado sustentadas en universidades poblanas que citan, estudian o hacen referencia a la experiencia de Sabersinfin.
Por si fuera poco, el joven historiador poblano Alan Villegas Herrera ha concluido una investigación sobre el surgimiento, la evolución y la consolidación de Sabersinfin. Su trabajo documenta ese recorrido y respalda lo que he afirmado sobre la trayectoria de nuestro movimiento.
En próximos artículos continuaré abordando distintos aspectos de lo que ha sido Sabersinfin y los aportes sociales, teóricos y humanistas que se han gestado en su seno. Por ahora, quiero agradecer a todas y todos quienes han pasado por este espacio; también a quienes, con sus preguntas, diferencias o desafíos, nos han obligado a pensar y fortalecer el rumbo. Y, de manera muy especial, a quienes han estado siempre dispuestos a impedir que esta iniciativa desaparezca: a quienes se toman un momento para leer, ver o escuchar lo que mis compañeras y compañeros crean y comparten día con día.
Muchas gracias. Aquí estaremos, poniéndole el pecho a lo que venga, sabedores de que vivimos días decisivos y de que es importante sostener espacios como el que hemos construido a lo largo de veinte años: lugares donde el conocimiento se comparte, la sensibilidad encuentra cauce y la dignidad humana permanece en el centro.
Abel Pérez Rojas (abelpr5@hotmail.com) escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com #abelperezrojaspoeta
