Huey Atlixcáyotl 2026 reúne 15 expresiones culturales de Puebla y Michoacán
Danzas de distintas regiones preservan lenguas, rituales, tradiciones y saberes transmitidos entre generaciones.
Desde el Baile de las Calabazas de Atlixco hasta la Danza del Pescado Blanco de Janitzio, el Huey Atlixcáyotl 2026 reúne este domingo 15 expresiones culturales que muestran la diversidad de los pueblos, lenguas, rituales y tradiciones que convergen en la fiesta grande de Atlixco.
El encuentro, que tiene como escenario principal la Plazuela de la Danza, en el cerro de San Miguel, congrega representaciones procedentes de distintas regiones de Puebla, además de Michoacán como estado invitado.
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— Periódico e-consulta (@e_consulta) September 27, 2026
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Más allá del colorido de la indumentaria y la música, buena parte de las danzas conserva elementos relacionados con la tierra, la lluvia, la fertilidad, los ciclos agrícolas, la memoria de los antepasados y la organización comunitaria.
Atlixco, como municipio anfitrión, participa con el Baile de las Calabazas, a cargo del Grupo de Bailadores del Valle de Atlixco, una expresión surgida de los bailes de salón de finales del siglo XIX y principios del XX, que posteriormente fue incorporada a las celebraciones populares.
Desde la región popoloca llega San Marcos Tlacoyalco, perteneciente a Tlacotepec de Benito Juárez, con la Danza de las Tocotinas, tradición ngigua en la que música, indumentaria y elementos ceremoniales se encuentran vinculados con la Madre Tierra, la petición de lluvia, la fertilidad y la memoria de los antepasados.
La región de los volcanes está representada por La Magdalena Yancuitlalpan, Tochimilco, con la Danza de las Yancuitlalpeñas, una expresión nahua interpretada exclusivamente por mujeres que recupera aspectos de la vida comunitaria, el trabajo en la milpa, la ofrenda y el recibimiento.
También participan los Ticuanes de Huehuetlán el Chico; el Carnaval de San Agustín Tlaxco, Acajete; los Toreadores de Jopala; la Danza de Cristianas Españolas contra Mahometanas Africanas, de Chigmecatitlán; y los Quetzales de Caxhuacan.
Desde la Sierra Negra, Zoquitlán presenta la Danza de los Negritos Tlitlil-tike, que mediante teatro, música y tradición oral recrea la memoria de los antiguos caminos de herradura y de los arrieros.
San Sebastián Zinacatepec participa con el Jarabe Colexero, tradición nahua asociada con el matrimonio, la salud y la fertilidad, mientras que Quecholac lleva la Danza de Gracejos, de carácter agrícola y ritual.
La Huasteca poblana está presente con Mecapalapa, Pantepec, y su Carnaval Huasteco, en el que huehues, damas, diablos y comanches recorren las calles acompañados por violín, guitarra quinta y jarana.
Una de las historias particulares de esta edición llega desde Santo Domingo Tonahuixtla, San Jerónimo Xayacatlán, con la Danza de Tecuanes Ñuu Iñu. La tradición permaneció ausente durante más de 35 años hasta que fue recuperada en 2015 por familiares y amigos; en 2026, la comunidad conmemora una década de este proceso de recuperación.
A ellas se suma Hueyapan, municipio del que proviene la Xochicíhuatl 2026, con la Danza de los Voladores “Los Guerreros del Sol y la Luna”. Los voladores realizan 13 vueltas cada uno, 52 en conjunto, en evocación del ciclo de 52 años y la renovación del tiempo.
Como representación invitada, Janitzio, Michoacán, participa con la Danza del Pescado Blanco, vinculada con la tradición purépecha y la vida de los pescadores del lago de Pátzcuaro. La representación recrea desde la salida al lago y el trabajo con el chinchorro hasta la captura del pescado.
Así, el Huey Atlixcáyotl vuelve a convertir al cerro de San Miguel en punto de encuentro de culturas que no solo llegan a bailar: llevan consigo historias comunitarias, lenguas, música, cosmovisiones y prácticas transmitidas entre generaciones.
En esta edición, cada danza cuenta una parte distinta del territorio y convierte al Atlixcáyotl en un escaparate de la diversidad cultural que permanece viva en las comunidades. (AS)
