Ciudad Viernes, 2 de Octubre de 2026

Pepe Chedraui quiere salvar su pésima gestión con una obra de relumbrón

Obligación del INAH a revisar con lupa y no otorgar permisos de construcción.

Huele a conflicto de intereses entre el Grupo Carso de Carlos Slim y el alcalde José Chedraui, en la pretendida construcción del Paseo de San Francisco, que constituye un atentado a la historia de Puebla y una flagrante agresión a los barrios fundacionales y a las familias que todavía los ocupan.

No basta el matrimonio de la nieta del empresario Slim con el hijo de Chedraui para consumar un gran negocio inmobiliario a través de una obra de relumbrón que está obligado a detener el INAH.

Hace poco más de una década, la UNESCO y el INAH se opusieron rotundamente a la destrucción de la Casa del Torno, localizada en El Parián, muy cerca de San Francisco y del barrio El Alto, porque el edificio del siglo XVII está protegido por ley como monumento histórico y forma parte del patrimonio cultural de Puebla que cuenta con el título de Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Aparte de que el gobierno del entonces gobernador Rafael Moreno Valle Rosas nunca solicitó el permiso para instalar lo que sería un teleférico que, finalmente, fue un fracaso. El INAH intervino y se suspendieron las obras que afectaron parcialmente la Casa del Torno. Es decir, la demolición iniciada entre 2012 y 2013 se hizo de manera ilegal al margen de las leyes federales.

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Si se compara esa obra con la que se pretende en San Francisco, esta última sería una aberración monumental, porque el Paseo que se pretende con inversión del Grupo Carso dañará pavimentos a profundidad donde hay vestigios prehispánicos; se construirán departamentos elevados que alterarán la visión del entorno y contrastarán con las edificaciones conventuales, construcciones que alguna vez fueron fábricas textiles; destruirán casonas que forman parte del primer barrio fundacional de Puebla.

El alcalde José Chedraui Budib no salvará nunca su gestión de presidente municipal de Puebla con una obra faraónica que tiene tintes de negocio inmobiliario, pero que no resolverá las carencias de agua potable, pavimentación de calles, alumbrado en Puebla y menos devolverá la seguridad pública que se ha perdido en la capital del estado.

Tampoco logrará que el crédito de 440 millones no lo paguen los poblanos a través de impuestos, pero, además, no alivia la escasez de obra pública en la ciudad y juntas auxiliares.

Ayer, el secretario de Cultura, Fritz Glockner, se pronunció al respecto, señalando que el Grupo Carso de Carlos Slim debe respetar el carácter patrimonial del centro histórico y evite generar procesos de gentrificación (migración de colonos) y clasismo.

Él es un hombre de amplia cultura, sensato, que no puede anteponer el mercantilismo sobre la razón y el legado histórico.

Dijo respetar la libertad de inversión de la iniciativa privada, pero espera que el proyecto no se limite al usufructo de predios ni provoque el desplazamiento de los habitantes y comerciantes tradicionales del barrio más antiguo de Puebla.

REGLAS DEL INAH

La zona de San Francisco es considerada el asentamiento más antiguo de la ciudad, resguarda inmuebles y trazos urbanos de alto valor patrimonial que datan de siglos pasados; existe riesgo de alteración urbana y arquitectónica; esos proyectos pueden generar un impacto negativo o transformación drástica en el paisaje urbano del centro histórico.

Cualquier modificación sin rigurosa supervisión pone en riesgo el estatus de Puebla como ciudad patrimonio otorgado por la UNESCO.

Igualmente, se deben evitar excavaciones, alteraciones de suelo o construcciones que puedan dañar posibles vestigios históricos o arqueológicos subyacentes en esta zona fundacional.

LOS DAÑOS DEL MORENOVALLISMO

Hay que recordar que Pepe Chedraui trabajó bajo las órdenes de Rafael Moreno Valle Rosas y a cambio de servirle recibió como premio el predio donde se levantó Parque Puebla, considerado otra transacción inmobiliaria oscura. Pero, además, durante su gobierno se privatizó y se entregó el usufructo del espacio que ocupa Los Lavaderos de Almoloya en San Francisco.

Aparecieron las figuras de comodato y concesiones, primero a favor del hotel Rosewood y posteriormente operado bajo los nombres Azul Talavera y Banyan Tree, pasando sobre la autoridad del INAH y ocasionando graves daños estructurales.

Se modificó el desagüe antiguo del siglo XVI para conectarlo con el Jardín de Las Trinitarias, con la intención de construir un túnel por el que pasaran los turistas y evitarles salir a la calle; Los Lavaderos, actualmente, se pueden visitar bajo la administración económica del hotel; las autoridades alertaron que los conductos pluviales no podían ser utilizados como pasajes porque podrían colapsar. Esto originó la intervención drástica del INAH para recuperar el inmueble, detectando grietas profundas, pérdida de aplanados en elementos históricos de cantera, daños severos en los pisos y la desarticulación del drenaje antiguo.

¿Y los responsables?
Bien, gracias.

El espacio de San Francisco funcionó desde los siglos XVII y XVIII como un punto comunitario y de libre acceso para la población de los barrios de El Alto y San Francisco, pasando, lamentablemente, a uso exclusivo, que se podría extender con la venta de la zona por parte del alcalde Pepe Chedraui al Grupo Carso.
Una obra de ricos para exterminar a los pobres, enriqueciendo a unos cuantos con monumentos históricos de incalculable valor. Así se lee el proyecto del Paseo San Francisco.

Coinciden algunas reseñas de diferentes medios de comunicación y de las propias autoridades del INAH y la UNESCO. (AS)

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