El ejercicio democrático de los ciudadanos, la concentración masiva del pasado domingo puso a temblar a más de uno. En realidad, a uno solo, pero con toda su estructura política y de poder.
Y no es para menos. Ver atiborrado el Zócalo de la Ciudad de México -corazón del país-, así como los diferentes centros históricos de las principales ciudades, demostraron la capacidad de fuerza que tienen quienes no coinciden con las políticas públicas que se ejercen – o que se quieren plasmar- desde el centro de la Nación.
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A esas fuerzas ciudadanas se les ha llamado conservadoras, derechistas, neoliberales, oligárquicas, ricachonas, clasemedieras, enemigas de México, entre muchos otros epítetos inventados por un mandamás y su séquito.
Pero no es cierto. Lo que se vio el fin de semana fue una multitud organizada -no acarreada- de diversos sectores y estamentos sociales, desde los más “fifís” hasta quienes padecen y sufren los tropezones diarios (los precios) de la Canasta Básica.
Son ciudadanos cansados de tanta palabrería, de tanto discurso sin fondo, de tanto encantador de serpientes que, poco a poco, han contribuido a que el país se sitúe, después de algunas décadas, en la cola de las naciones menos progresistas y desarrolladas.
Los economistas del país han lanzado recientemente un llamado de alerta a los mexicanos, porque aseguran vendrá en un par de años una recesión que no se va a soportar con facilidad. Las clases económicas más golpeadas serán las que paguen los costos más elevados.
Y no son inventos: las universidades están generando más egresados, las empresas están contratando menos personal, los sueldos cada vez son menores, la economía informal (el ambulantaje) se expande a pasos acelerados, el poder adquisitivo está de la (…), los gobiernos adelgazan sus estructuras y la Canasta Básica pasea por las nubes. En fin.
Por la parte democrática -motivo de la concentración- ni qué decir. Se pretende debilitar instituciones icónicas en México que han reconocido el triunfo a todos los que se han ganado a pulso un espacio de poder. Incluyendo a los políticos actuales.
Lo cierto es que esta fuerte concentración ciudadana, una vez más, puso a temblar a muchos opositores que tendrán que esforzarse un poco más -bueno, muchísimo más- para conservar el poder.
El 2023 (Edomex, Coahuila) será una especie de “laboratorio” donde las principales fuerzas políticas de diferentes signos ideológicos y doctrinales podrán calibrar su fuerza real ante el electorado. En el 2024 se dará la madre de todas las batallas para detentar el poder o salir huyendo.
Tienen miedo. Mucho miedo. Están preocupados. Y se les nota.
@elmerando