Opinión

Año 2023: Cultura de Paz y Derechos Humanos

Jueves, Enero 5, 2023
Leer más sobre Luis Soriano Peregrina
Necesitamos caminar en la ruta de generar conciencia colectiva de paz que no permita la violencia
Abogado, defensor de derechos humanos. Fue subsecretario de Derechos Humanos y primer encargado de la Comisión de Búsqueda en Puebla. Actualmente es director para América Latina de la Organización Mundial de DH y Paz y presidente de Voz Ciudadana por los Derechos Humanos
Año 2023: Cultura de Paz y Derechos Humanos

Iniciamos un nuevo año y con los inicios siempre hay esperanza para todas las especies que habitamos la tierra, y en el mundo iniciamos con un espíritu renovador y progresivo que no permita retrocesos de ningún tipo en todo aquello que ya se avanzó, buscando la paz como tema toral para este año que inicia, tal y como lo ha señalado el Secretario General de la ONU, António Guterres en su mensaje con motivo del Año Nuevo 2023:

En Nochevieja, decimos adiós al año saliente y miramos hacia el futuro con esperanza.De hecho, en 2022, millones de personas en todo el mundo tuvieron que decir adiós a la vida que llevaban.De Ucrania a Afganistán, pasando por la República Democrática del Congo y más allá, muchos se vieron obligados a abandonar las ruinas de sus hogares y medios de vida en busca de algo mejor.Globalmente, cien millones de personas se han tenido que desplazar huyendo de guerras, incendios, sequías, pobreza y hambre.En 2023, necesitamos, más que nunca, paz.Paz en la convivencia, dialogando para poner fin a los conflictos.Paz con la naturaleza y con nuestro clima, para construir un mundo más sostenible.Paz en nuestros hogares, para que mujeres y niñas puedan vivir con dignidad y seguridad.Paz en las calles y en nuestras comunidades, con plena protección de todos los derechos humanos.Paz en nuestros lugares de culto, con respeto a las creencias de los demás.Y paz en la red, poniendo fin a los abusos y a los discursos del odio.En 2023, hagamos que la paz sea piedra de toque de nuestras palabras y acciones.Juntos, hagamos que 2023 sea un año en el que la paz vuelva a nuestras vidas, nuestros hogares y nuestro mundo.

No se trata de un discursos casual o de ocurrencia, lo que nos dice el titular de la ONU; es un aviso, incluso una advertencia de que este 2023 no será un año sencillo, será un año sumamente complicado y con la liga a punto de reventar si no es que tal vez se reviente, pues el discurso que emitió el Presidente de Rusia, pero más aún la escenografía que decidieron tener, no se trata de un discurso que llame a la paz, sino un discurso que llama a defender la dignidad de su pueblo frente a otros países invasores que pretenden someter su soberanía y poder que no conviene que siga creciendo, principalmente a los países del hemisferio occidental que tradicionalmente tomaban las decisiones por todo el mundo.

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En Latinoamérica las cosas tampoco están tan sencillas. Lo sucedido en Perú con la destitución del presidente constitucional, legal y legítimamente designado y arrebatada su posición y la amenaza latente de que Colombia, Chile y otros países corran la misma suerte que Perú, es una llamada de alerta al conflicto que se viene en América Latina; sumado a esto el riesgo permanente que existe en países como Nicaragua o El Salvador por mencionar algunos, aunque esperanza da el tener en nuestra Latinoamérica a dos formidables aliados que buscan la construcción de la paz, en el norte está Andrés Manuel López Obrador y su actuar hacia afuera como hacia adentro de la construcción de paz y derechos humanos que ha marcado su administración y del recién llegado Lula da Silva en Brasil.

Cuando tenemos en los dos polos de Latinoamérica aliados de los derechos humanos y del pensamiento progresista, nos permite caminar en la ruta de la conciliación y no de la imposición, siendo una formidable barrera frente a la situación tan compleja que se viene por el permanente conflicto entre los países tradicionales del Occidente y la novísima alianza de los países del Oriente que hacen que nuestro mundo de nueva cuenta se ubique en dos visiones muy distinta; la del pasado con el Occidente y la del futuro con la del Oriente.

Y frente a esta realidad internacional en México a pesar de los pesares, iniciamos el año 2023 muy bien, pues empezamos por ejemplo con nueva Ministra Presidenta del Poder Judicial Federal, la primera mujer que encabeza la herradura donde se discute la justicia de nuestro País, siendo esto un formidable inicio simplemente porque sus cartas credenciales de quien llega es que toca ser un Poder Judicial no escandaloso ni mediático sino un Poder Judicial independiente fortaleciendo así a los otros dos poderes. Existe la esperanza de que tengamos un poder judicial feminista, un poder judicial progresista, anti-nepotista y que combata la corrupción. Se sabe que los principales temas que la gente en México siente y necesita es mayor justicia. Con este cambio tal vez podremos en nuestro país caminar en la ruta de hacer posible una mayor justicia y esto es un elemento fundamental para construir esta cultura de paz que refuerce la seguridad ciudadana que hoy se está instaurando en nuestro País.

Pero hablar de la construcción de una cultura de paz y derechos humanos en un polígono, municipio, estado o país no es tema sencillo y no solo por su complejidad sino por su profundidad y todavía más complejo es su implementación, surgiendo siempre las interrogantes de abordar el tema desde lo general hacia lo particular o tal vez abordar los casos particulares para sumar hacia lo general, pues en el mundo real, a lo largo de mi vida como servidor público, como activista, como defensor de derechos humanos, he caminado de la mano de formidables idealistas como con excelentes pragmáticos, pero hay casos donde las directrices son tan ideologizadas que se vuelven imposibles de aterrizar o existen acciones tan concretas que dejan de tener una profundidad ideológicas que termina volviendo actividades aburguesada, inservible, sin sentido ni beneficio para la gente, por lo mismo hace falta un equilibrio en la forma de actuar, requiriendo acciones que nos permitan tener resultados tangibles que beneficien al pueblo.

Hablar de cultura de paz es hablar de un sentimiento, una emoción, un pensamiento que se arraigue a la gente y que lo haga suyo, es decir, primero necesitamos deconstruir nuestro pensamiento tradicional de occidente impuesto por el neoliberalismo durante décadas que nos pretende hacer sentir bien, cuando logras algo aunque sea a la fuerza o sometiendo alguien o lastimando a la persona, pues el objetivo es obtener algo y no cómo lo obtuviste, razón por la cual el uso de la fuerza, la amenaza, la violencia y la imposición está tan arraigada en nosotros, que vemos normal e incluso lo justificamos como la necesidad de la supervivencia del más fuerte, ese por ejemplo es un pensamiento que si nos interesa caminar en la ruta de la paz, necesitamos deconstruirnos.

Otro enorme reto en el que vivimos como parte de nuestra geografía en este occidente neoliberal, depredador y consumista es la dependencia casi fetichista del materialismo rapaz que nos hace invariablemente a ser egoístas en nuestra vida, floreciendo todo tipo de violencias, en todos lados y a todos niveles

Por lo mismo necesitamos caminar en la ruta de generar una conciencia colectiva de paz tan profunda que no permita a la violencia infiltrase nunca más, por eso esta cultura de paz tan necesaria la necesitamos impulsar desde la familia, la escuela, la colonia, la comunidad, desde la empresa; por eso es tan necesaria la municipalización de los derechos humanos como una herramienta multiplicadora de la cultura de paz que rompa con esa vieja cultura de pensamiento destructivo y le de entrada a este nuevo pensamiento de construcción de paz y dignificación de los derechos humanos.

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