Opinión

Los retos del nearshoring para México

Martes, Diciembre 6, 2022
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Se deben atender los retos para potenciar las posibilidades en esta coyuntura global
Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 
Los retos del nearshoring para México

Hace un par de semanas, la Secretaría de Economía (SE) publicó el Informe sobre el comportamiento de la Inversión Extranjera Directa (IED), correspondiente al tercer trimestre de 2022, a través del cual da cuenta que la IED se elevó a 32.1 miles de millones de dólares en lo que va del año (del primer al tercer trimestre), el nivel más alto observado para un periodo similar desde 1999.

Aunado a estos datos, se sabe que tan sólo durante el último mes se han hecho al menos 20 anuncios de inversión en el país por 2 mil 50 millones de dólares, acorde a lo reportado por la empresa de servicios financieros Credit Suisse.

Lo anterior, más allá de ser buenas noticias para la economía nacional, también puede interpretarse como una clara señal de que el nearshoring, un fenómeno ligado a la relocalización de las empresas, comienza a rendirle frutos a México.

El nearshoring o también conocido como reshoring se refiere a la relocalización de procesos de negocios a un país cercano, en el que las empresas se benefician de las diferentes dimensiones del concepto de proximidad, ya sea geográfica, de huso horario, cultural, de idioma, económica, política o inclusive, histórica.

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Las repercusiones de este fenómeno en el país ya eran vaticinadas por especialistas como el fundador y presidente del Instituto de Estrategia Económica (ESI por sus siglas en inglés), Clyde Prestowitz, quien incluso en su más reciente libro The World Turned Upside Down: America, China and the Struggle for Global Leadership, analiza la reorientación política de Estados Unidos hacia China y las consecuencias en el modelo actual comercial, así como la oportunidad que tiene México para desarrollar una política industrial.

Nuestro país cuenta con diversos aspectos positivis que lo vuelven atractivo para recibir a las industrias americanas y europeas que buscan salir de China, como son el salario promedio de los trabajadores mexicanos en las fábricas.

En este sentido, es importante tener presente que en 2020 el salario promedio en México fue de 4.82 dólares la hora en comparación con los 6 dólares la hora en China. Aún con medidas de protección salarial como las comprometidas en el T-MEC de 16 dólares la hora en algunos segmentos de la producción automotriz, los costos laborales en México siguen siendo competitivos, tanto a nivel operativo como especializado.

Asimismo, destaca la disponibilidad desde los Estados Unidos de cadenas de suministro rápidas y seguras, contando con que está a solo 235 km del puerto de Los Ángeles y con uno de los mejores centros de manufactura creados por los estados en Baja California (México) y California (Estados Unidos), conocido como la megarregión Cali-Baja.

Otro de los atractivos de nuestro país son los bajos o nulos requerimientos arancelarios para exportar a los Estados Unidos desde México establecidos en el T-MEC frente al muy complejo tejido de cuotas y aranceles establecidos para exportar desde China a los Estados Unidos.

Un factor relevante más es que México tiene un sistema de protección a la propiedad intelectual que opera efectivamente, en contraste con la situación en China y otros países, así como una legislación que fija claramente las condiciones de operación de las empresas manufactureras de exportación.

Sin embargo, en contraste con todas estas condiciones favorables para atraer la inversión extranjera en general y en particular la de la modalidad como nearshoring, se deben tener presentes dos problemas de largo plazo que pueden ser un desafío para potenciar las posibilidades de México en esta coyuntura global.

En primer lugar, que la inserción de México en las cadenas globales de producción no ha estado acompañada con un consistente impulso de la industria manufacturera local para que se articule con la manufactura de exportación, lo que se proyecta en la baja integración de insumos nacionales en la producción y el bajo valor agregado local.

Otro desafío son las limitaciones en el desarrollo de la infraestructura para el sector, dentro de la cual destacan las perspectivas del sector energético, cuyos productos constituyen un componente central en la estructura de los costos de esta industria. Al respecto existe incertidumbre sobre las potenciales barreras al comercio derivadas de la huella de carbono u otras prácticas comerciales vinculadas a la descarbonización de las economías.

Ante estos retos, se deben tomar medidas como el desarrollo de programas públicos para mejorar la infraestructura de las cadenas de logística, particularmente en lo referido a los sistemas de transporte y a los servicios de energía, que son esenciales para mantener la competitividad internacional.

Finalmente, es necesario que el gobierno impulse al sector educativo, así como a las condiciones sociales que permitan al país encontrar una nueva articulación con la economía global basada en condiciones progresivas de ingresos y de vida para el conjunto de la población.

El nearshoring sin duda representa una ventana de oportunidad para México, pero se deben sentar las condiciones para que los beneficios de ésta impacten no sólo en el corto o mediano plazo, sino que nos permita impulsar una política industrial que trascienda al largo plazo.

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