Opinión

El pánico de Barbosa

Viernes, Diciembre 2, 2022
Leer más sobre Antonio Madrid
A veces (casi siempre) el fanatismo (y el poder) enloquecen
Comunicador y periodista. Reportero, corresponsal y columnista (La Pasarela) en diversos medios poblanos. Ha ejercido su labor reporteril en radio, televisión y prensa escrita en medios de Huauchinango y Xicotepec.
El pánico de Barbosa

Momentos realmente de pánico fueron los que vivió el gobernador Miguel Barbosa el pasado domingo, cuando se le ocurrió irse a meter a la marcha amloista. Y es que, impulsado por su anhelo de reconciliación con el Presidente y en plena carrera hacia el 2024, no midió el riesgo y punto estuvo de ser arrollado por la turba que intentaba acercarse al mesiánico López Obrador.

Sus guaruras hacían nulos intentos por contener la turba. Mucha gente se sumó e intentaban hacerles ver que había en medio una persona en silla de ruedas. Pocos lo entendían en medio del caos que significa un mar de gente. El gobernador se veía angustiado. Boqueaba. Gritos. Empujones. Miedo. Pánico. Doña Chayito, su esposa, poco faltó para que derramara una lágrima.

Por fin pudieron medio controlar el asunto y poco a poco irlo sacando de aquel mar de gente. ¿Lo duda? Puede ver el video que quedó como constancia de ese día en que Barbosa se convirtió en un humano más, sin el halo magnífico del poder y expuesto a una tragedia.

¿En serio su equipo de seguridad no previó este momento? ¿O fue el propio gobernador a quien no le importó con tal de estar cerca de quien toma las decisiones de cara al 2024?, que parece ser lo único que le interesa, más que incluso gobernar para los poblanos.

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Ufff. No cabe duda. El fanatismo (y el poder) enloquecen.
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Las memorias de Guadalajara

Pancho Aguas se fue a la FIL de Guadalajara. Fue para empaparse de literatura. Y desde esas tierras lejanas nos hace saber su día a día, donde narra su encuentro con las musas en tierras tapatías.

“Solía desayunar en "Corazón contento", una fondita que estaba en una esquina, apenas cruzando la calle enfrente de mi hotel. El café con panela me recibía generoso, igual que doña Telma y su hermana Lola que atendían el lugar. También los muchachos, que nunca llegue a saber si eran sus sobrinos o sus hijos. Guadalajara es tranquilo. Muy tranquilo. Una calle y silencio, otra calle y silencio. Y otra y otra más.

Ahí, enfrente de unos huevos con jamón o la mexicana. Comenzaba mi día. Luego, tomaba algunos minutos para terminar la enorme taza de café que servían y empezaba a escribir.

Luego, ya envalentonado por los humos del café, me iba al centro. Ahí, en un café, teniendo como fondo la fabulosa catedral, las musas parecían consentirme. Me dictaban, me cuchicheaban, me cachondeaban sin ningún pudor, enfrente de la gente.

Afuera los transeúntes ni se inmutaban. Ya me conocían. Decían: “Ahí está cachondeando el escritor, cómo cada mañana”. Si acaso, la mesera acudía solícita a ofrecerme un anís, como para que agarrara yo templanza o de plano enloqueciera junto a mi musa. A veces lo aceptaba. Luego, seguía un whisky. Después las letras comenzaban una fiesta”.
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La FIL

Como se sabe la FIL es la segunda feria del libro más grande del mundo, solo después de la Frankfurt, Alemania. Y aunque está diseñada para un encuentro de negocios editorial, el público siempre es bienvenido en un pabellón donde 2 mil expositores de 47 países del mundo acuden.

Apenas en el primer día es posible acudir a presentaciones de tres libros femeninos: Mónica Lavín, Margo Glantz y Laura Restrepo. Antes han estado Jorge Volpi, Irene Vallejo, Elmer Mendoza, Héctor Aguilar Camín, Julián Herbert, Hugo Hiriart y hasta Miguel Bosé y esto por citar los más populares. La lista es enorme y una buena oportunidad para obtener un libro autografiado.

Dice Pancho Aguas Frescas que la hospitalidad del tapatío es proverbial. Qué diferencia con otras ciudades donde a veces no te quieren dar ni siquiera señas de una dirección. Dany Floyd, artista audiovisual condensa ese concepto. Habla de su Guadalajara con cariño, presumiendo su cultura y tradiciones, pero también con un ojo crítico que permite conocer de una pincelada la Guadalajara de hoy, con sus contrastes y sus prejuicios atávicos.

Y si de recorridos por la zona de solaz y esparcimiento se trata no hay otro guía mejor que Dany Floyd. Hay que visitar “La Fuente”, una de las cantinas más tradicionales del centro. Obedecemos al pie de la letra. No hemos venido aquí para oponernos a nada.

¿Una torta ahogada? No hay más. Hay que acudir con “Don José el de la bicicleta”, las verdaderas y originales del centro. Ufff. Luego al Mercado “Alcalde”, gozando desde luego del “Paseo Alcalde”, quizá la calzada más bonita de esta bella ciudad.

Vaya desde aquí un saludo al gran Dany Floyd.

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