Opinión

Elogio de la lectura

Miércoles, Noviembre 30, 2022
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“La medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan”
El profesor universitario en la Universidad de las Américas - Puebla. Es licenciado en sociología por la UNAM y doctor en Ciencia Social con especialidad en Sociología por El Colegio de México.
Elogio de la lectura

A Profética, Casa de la lectura

¿Qué sería de los escritores sin los lectores? Nada. Absolutamente nada. Desde cierto punto de vista.

Por eso preocupan los datos y reflexiones presentados por Gabriel Zaid en la reciente edición (2022) de Los demasiados libros: “en 2052 habrá en los Estados Unidos 148 millones de autores y 129 millones de lectores” (estimaciones de la editorial Lulu).

¿Más autores que lectores? Parece que para allá vamos. Lo que implica un coro de monólogos en el que muchos hablan y pocos escuchan.

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Lo publicado puede aparecer en el currículum. Puede dar buena fama. “Fulanita (o) de Tal, autor(a) de 15 libros”, puede impresionar a algunos.

Lo leído difícilmente. Sí he escuchado decir: “yo leo 20 libros al año, pero mi esposa lee el doble”. Pero son datos que difícilmente conmueven. Mucho menos pueden ser incluidos en el currículum.

Ciertamente escribir un libro puede llevar años. Mientras es considerado normal que alguien lea 20 o 40 libros en un solo año (normal, aunque ciertamente virtuoso). Pero la cuestión no está en el tiempo invertido, sino en el resultado.

El dato que nunca se va a compartir es “hoy me bastó con leer un párrafo de tal libro, pues me conmovió de tal forma que llenó mi día”. O lo mismo, con un par de versos. Menos todavía: “llevo toda la semana tratando de memorizar tal poema”.

Pero puede pasar con los buenos lectores. “La cultura es conversación”, escribe Zaid. Pero ya no podemos conversar como Sócrates y sus discípulos. No tenemos el tiempo ni las condiciones. Sí podemos conversar por medio de la lectura.

"El aburrimiento es la negación de la cultura. La cultura es conversación, animación, inspiración”. Requerimos de lectores capaces de conversar con lo que leen. Capaces de animarse e inspirarse en los textos.

Por eso “la medida de la lectura no debe ser el número de libros leídos, sino el estado en que nos dejan”. “Lo que importa es cómo se anda, cómo se ve, cómo se actúa, después de leer. Si la calle y las nubes y la existencia de los otros tienen algo que decirnos. Si leer nos hace, físicamente, más reales”.

La escritura sin lectores puede tener algo de esto. Pero poco. La conversación, la animación, la inspiración se limitan si todo se reduce a monólogos.

En otra ocasión Zaid señaló que lo que consideramos grandes escritores siempre viven lejos de nosotros, cultural y geográficamente: en París, Nueva York, Moscú. Que es difícil aceptar que en nuestra misma ciudad vivan autores al nivel de la cultura mundial. Las diversas ediciones y traducciones (y más que eso, el contenido mismo) de Los demasiados libros, deben hacernos reconsiderar esa limitación.

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