Opinión

Internet: ¿utopía o distopía para la educación?

Sábado, Junio 18, 2022
Leer más sobre Cintia Fernández Vázquez
La falta de presencia de los educadores en la vida digital ha causado problemáticas que resolver
Internet: ¿utopía o distopía para la educación?

A finales del siglo pasado, cuando el acceso a Internet a través de la World Wide Web (WWW) se puso al alcance de todos, algunos educadores soñamos con el impacto positivo que esta herramienta tendría en los procesos de aprendizaje. La promesa de la democratización en la creación y difusión del conocimiento nos hacía soñar con un mundo en el que cualquier persona con curiosidad e iniciativa podría tener a la mano las herramientas para gestionar información, comunicarse, colaborar y crear contenido valioso para la “aldea global”.

Treinta años más tarde, los soñadores de aquellos tiempos miramos a Internet con menos entusiasmo y algunas veces hasta con desencanto. Desafortunadamente fuimos muy pocos los educadores que adoptamos a la WWW como herramienta para fortalecer los procesos de aprendizaje y muchos menos los que aportamos para construir entornos digitales que crearan un contrapeso a las perversas intenciones de las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley que ahora influyen en todo aspecto de la vida de individuos y naciones a través de poderosos motores de búsqueda, dispositivos móviles y redes sociales.

La falta de presencia de los educadores (madres, padres y docentes) en la vida digital de las generaciones que nacieron, crecieron y se hicieron adultos en el siglo XXI, ha causado problemáticas que los entusiastas de hace treinta años no visualizamos: las personas sí se comunican utilizando Internet, sí colaboran y sí crean contenido pero muchas de estas acciones no agregan valor a la construcción de una mejor sociedad, a la creación de conocimientos que resuelvan problemáticas urgentes y ni siquiera al bienestar personal.

Sobre todo, en los sectores más vulnerables observamos falta de habilidades para: a) desarrollar criterios para distinguir entre una noticia falsa y una sustentada en evidencia; b) comunicarse de manera oral y escrita para construir relaciones significativas con la comunidad a través de medios digitales; c) decidir por sí mismos el contenido digital que se consume; d) aportar ideas originales y relevantes para mejorar el contenido que está disponible en la web y e) poner límites saludables en el tiempo que se dedica a las redes sociales, entretenimiento digital, etc.

Todas estas habilidades debieron desarrollarse en etapas tempranas de la vida y con el acompañamiento de las generaciones responsables de la educación de las personas, tanto en la familia como en las instituciones.

Es así, que el escenario distópico del que hoy en día somos testigos en lo que se refiere al uso de Internet con propósitos educativos, no está relacionado con la herramienta en sí misma; sino con la ausencia de responsabilidad asumida por educadores para aprovecharla en beneficio del desarrollo humano de las nuevas generaciones.

Los años que hemos vivido en pandemia, puso en evidencia la falta de competencias digitales para el aprendizaje de todos los actores educativos en todos los niveles, tanto a nivel sistema, pasando por el nivel institucional y por supuesto a nivel áulico incluyendo a docentes y estudiantes.

Es cierto que también en estos dos años, papás, mamás, docentes, aprendices y autoridades educativas han logrado desarrollar cierto nivel de competencia digital que sin duda es mejor que el que tenían en febrero de 2020; también se ha descubierto que las herramientas que nos dan acceso a Internet, celulares, tabletas, computadoras, módems, aplicaciones, etc. pueden ser útiles para algo más que el entretenimiento.

Aun así, todavía nos falta un gran camino por recorrer si deseamos recuperar la visión utópica para la educación que tuvimos los entusiastas de Internet de hace tres décadas. La pregunta es si con el regreso presencial a las aulas también regresaremos a un comportamiento negligente hacia la importancia de actualizar las habilidades de los educadores para acompañar a niños y jóvenes en el aprendizaje de un mejor uso de las herramientas tecnológicas. O si, por el contrario, aprovecharemos el impulso que nos dio la pandemia para innovar en las prácticas educativas sacando mejor provecho del acceso a la red.

Mi compromiso es aportar para que la segunda opción se haga realidad, vivo rodeada de personas que comparten este desafío y eso me llena de esperanza. Es una labor titánica la que tenemos por delante, pero la única manera de acercarse al horizonte de nuestra utopía es caminando hacia ella.

La autora es académica de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Sus comentarios son bienvenidos.

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