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      Unos extraños llamados intelectuales (I)

      Jueves, Mayo 12, 2022
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      En años recientes se ha perdido en México la figura del intelectual comprometido
      Doctor en Física por la Universidad de Michigan (EE. UU.), especialista en temas de Física de Altas Energías y del Cosmos. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009). Miembro del SNI, Nivel lll.
      Unos extraños llamados intelectuales (I)

      Se cuenta que en la época de la Revolución Mexicana, después de una cruenta batalla, los soldados victoriosos salieron al campo en busca de heridos. Ocupados en esa labor estaban cuando descubrieron a un hombre encaramado en un árbol, escondido para salvar la vida. Al instante el hombre se identificó: “No disparen, soy un poeta”.

      En tiempos más recientes, lo de “poeta” se puede cambiar por “intelectual”, como un término que se sigue usando, tal vez ya no para salvar la vida, pero sí, para conseguir influencia y alcanzar algunos fines nobles o de otro tipo. Podemos decir que el prestigio de la figura del intelectual comprometido se forjó en diversos episodios del siglo XIX y XX, como una voz honesta y lúcida que lucha por la justicia y la verdad. En Francia, dicha figura se puede identificar a partir del Yo acuso, escrito por Émile Zola para defender al capitán Dreyfus de las acusaciones de traición a la patria. Luego se consolida con la participación de artistas y escritores en las luchas contra el fascismo en Europa, desde la Primera a la Segunda Guerra Mundial, pasando por la Guerra Civil española.

      En el siglo XX, los casos más representativos de ese intelectual comprometido los podemos encontrar con los franceses Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre, quien se negó a recibir el Premio Nobel de Literatura, alegando que la cultura debería llegar a las masas sin los intermediarios institucionales. Del otro lado de la Cortina de Hierro estaban las ideas pro-derechos humanos de un Zakharov o de Solzhenitzyn, mientras que en Estados Unidos se tiene el caso de un Noam Chomsky, experto en Lingüística y profesor del MIT, opositor y denunciante de las intervenciones militares de su país en el mundo. 

      En nuestro continente, la etiqueta de intelectual comprometido se forjó con el apoyo a las luchas de los pueblos latinoamericanos contra dictaduras de diverso signo. Así, podemos incluir desde un pionero como José Martí, hasta un militante comunista como Pablo Neruda, o de Centroamérica resaltan un Ernesto Cardenal o Roque Dalton.

      En México podemos contar los casos de Diego Rivera y Frida Kahlo, que dictaron tendencias en movimientos de solidaridad hasta finales los años cincuenta del siglo XX; en la década de los sesenta se cuenta con alguien como José Revueltas, para llegar a finales de ese siglo con las figuras de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, etc.

      La participación de los intelectuales en la vida política de México está marcada también por las mañas del ogro filantrópico priista, que usó los recursos del Estado y su poder meta-legal para atraer a la intelectualidad, invitándolos a ocupar embajadas o puestos burocráticos. Ahí tenemos los casos de los escritores Jaime Torres Bodet o Agustín Yáñez, que por lo menos realizaron una labor destacada en la SEP.

      Sin embargo, de unos años a la fecha, han desaparecido esos personajes que se ganaban un prestigio gracias a una obra trascendente, así como una posición valiente sobre los asuntos públicos, que muchas veces los llevaba a enfrentarse con el Estado, con el riesgo de pisar la cárcel o incluso arriesgando su vida.

      Peor aún, en años más recientes se ha deformado tanto ese título de intelectuales, que pareciera que se pueden obtener en la “Universidad de Santo Domingo”. Por supuesto, se tienen algunos casos de escritores que cuentan con una obra publicada, con cierto renombre, pero cabe decir que siempre gozaron de la amistad del presidente, un gobernador o un ministro, y nunca se salieron del guion oficialista. En casos menos discretos se reconocía hasta el apellido presidencial, que cada sexenio saltaba de la política a la academia y viceversa, con singular alegría. Esas personas nacieron y crecieron en medio del privilegio, algunos hasta vieron primero el grito del 15 de septiembre desde los balcones de Palacio, antes que desde la plaza.

      Si a eso le sumamos la estratificación de la educación superior en México, se conseguía que todo quedara entre familia o los amigos; esos compañeros de escuela que ayudaron con la tarea al secretario de estado en sus años mozos, y que luego formaban parte de su cuerpo de asesores.  Esos casos recuerdan al jilguero mencionado por Monsiváis, que valiente exclamaba:

      –"¡Porque usted, señor Licenciado, y ya es tiempo de que alguien se lo diga, porque usted es un patriota y un gran estadista!"

      Por eso llama la atención que al calor de la lucha política que ocurre en nuestro país en este sexenio 2018-2024, se diga que los “intelectuales” luchan a brazo partido contra la Dictadura Macuspana. Sin embargo, llamar intelectuales a muchos de esos personajes que se oponen a la 4T, parece algo difícil de justificar. Por más que uno le busque, nomás no encuentran las obras artísticas trascendentes, la creación humanista, de esos personajes que hacen de los diarios nacionales un Granma de la derecha. Entre ellos llama la atención el caso del pariente de una exfuncionaria panista, que cada artículo hace predicciones que se contradicen con lo que se observa en la realidad. Es como un meteorólogo que dice que va a llover y que al final del día ni siquiera se forman nubes.

      La academia o la comunidad cultural de nuestro país es cada día más diversa, siempre está en movimiento, analizando el acontecer nacional con todas las herramientas a su alcance, desde la ciencia política hasta la ironía. Puede ser que ese movimiento de opinión no tenga el apoyo de grandes medios, pero trabaja arduamente en la creación de cultura y conocimiento; fuera de los canales oficiales participa en la fundación de pequeñas editoriales, revistas, publican aquí o allá, y deja su punto de vista en las redes sociales, etc. Es claro que todo ese proceso creativo no cabe ni se alinea con los grupos privilegiados que dominaron la “opinión intelectual” durante la última parte del siglo XX.

      Por supuesto que una parte de esa comunidad es crítica de la 4T, ya sea de manera total o en cuestiones puntuales. Cabe recordar que en las elecciones de 2018, las encuestas y estudios de opinión mostraban una clara ventaja de AMLO en las universidades y centros de investigación. Luego de casi cuatro años de gobierno de la 4T, es posible que exista un desencanto con la política cultural del mismo, que mucha gente esté inconforme por el limitado apoyo para la creación artística o los proyectos de investigación. Más aún, es probable que en futuras elecciones buena parte de esos votos vaya a la oposición, o incluso participe de manera activa en la oposición a la 4T. Pero también cabe la posibilidad de que esa gente que piensa y razona con mayor profundidad, le resulte totalmente inaceptable votar por partidos que se oponen a las libertades, o que se distinguieron por hincarle el diente al presupuesto para beneficio propio durante tantos sexenios, y así prefiera optar por el abstencionismo.

      Cuando se cuentan a los llamados “intelectuales” que se oponen a la 4T, como diría el clásico, ni son todos los que están, ni están todos los que son.  Pero incluso en el caso de los auténticos creadores de arte o conocimiento que se oponen y critican a la 4T, no es posible igualarlos con los llamados intelectuales comprometidos de antaño, pues no tienen la fuerza moral que vendría de haber enfrentado al PRI de las épocas más negras. Vamos, incluso muchos de esos “demócratas” de la actualidad, se hicieron de la vista gorda ante el fraude realizado contra Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Son los mismos que en ese tiempo dijeron que “la legitimidad era una mamada” y en el colmo del cinismo apuntan a Bartlett, como el único responsable de aquel suceso. 

      Por otro lado, en la 4T tenemos personajes que apoyaron en su tiempo al PRD, que luego participaron en la fundación de Morena. Son personas que en su momento lucharon a favor de la democracia en México y se enfrentaron al sistema represor, pero tampoco se distinguen por sus grandes contribuciones a la cultura o en la generación de conocimiento, aunque siempre existen honrosas excepciones como Elena Poniatowska.  La actitud poco amigable de algunos sectores de la 4T con la especialización, la creación y el pensamiento crítico, es una estrategia difícil de entender, pues contaba con un amplio apoyo en ese sector, que en algo o mucho les ayudó para que llegaran al poder. 

      En resumen, a mí me parece que no hay entre las figuras públicas que simpatizan con un extremo u otro del espectro político, quienes tengan el prestigio, la obra, autoridad moral, como para compararse con esas figuras de antaño que dieron lugar a la figura del “intelectual comprometido”.

      Cierro este artículo, mencionando que el título del mismo lo tomé de una canción de Rockdrigo, “Los intelectuales”, uno de cuyos versos dice:

      “Y entre tanto pensamiento, análisis y estructura
      Decían conocer la neta y hasta también la locura
      Pero al llegar a su casa se liaban con su mujer
      Sintiéndose de otra raza, nunca daban pa' comer”

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